Maquillaje terapéutico, una noble herramienta para mejorar la autoestima

Puede utilizarse para disimular marcas de acné severo o los efectos de la rosácea, pero también para camuflar cicatrices grandes que muchas veces entristecen el alma.

Por M. Francisca Prieto, Emol
Ma. 20 de noviembre de 2012, 08:00
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El maquillaje comúnmente se relaciona con fiestas, elegancia y glamour. Cuando las mujeres tienen algún evento, por lo general pasan largos minutos frente al espejo con el objetivo de embellecer su rostro y eliminar de él el más mínimo detalle que les provoque incomodidad.

Sin embargo, en algunas ocasiones el detalle no es tan pequeño y, por el contrario, bastante notorio y difícil de esconder. Y en esos casos los cosméticos y las técnicas para aplicarlos entran a jugar un rol fundamental como herramienta para mejorar la autoestima.

La Corporación de Ayuda al Niño Quemado (Coaniquem) se dio cuenta de esta realidad y puso a disposición de sus pacientes clases de maquillaje terapéutico o correctivo, en las que una especialista les enseña métodos para mejorar la apariencia de su piel.

"Esta técnica es usada en España y Francia hace varios años, y desde el 2010 se ha incorporado en Coaniquem. Su objetivo es enseñar técnicas de camuflaje a los pacientes con secuelas de quemaduras en áreas visibles, para disimular sus defectos, y así mejorar su aspecto físico y calidad de vida", explica Jorge Rojas, presidente ejecutivo de la institución.

El médico agrega que hasta el momento más de 60 pacientes, en su mayoría mujeres, han optado por esta alternativa, que también ayuda a atenuar marcas dejadas por casos de acné severo, efectos de la rosácea, vitíligo, melasmas e incluso quemaduras causadas por químicos mal aplicados en tratamientos cosmetológicos.

Un trabajo que llena el alma

Jennifer Ruz, cosmetóloga y maquilladora, es quien ha estado a cargo de este proyecto desde que comenzó a implementarse en Coaniquem. Cuenta que en la institución dispone de su propio espacio y herramientas para realizar su labor, la cual es absolutamente personalizada, es decir, atiende a los pacientes de a uno a la vez.

"Tengo el maquillaje, sus fichas (…) Ellos (los pacientes) se dan bastante, hasta se hace un trabajo como de psicóloga, porque me ven joven, relajada, se van soltando y me van contando cosas de su vida", describe.

El tratamiento consta de entre tres a cuatro sesiones. En la primera, la maquilladora les explica a los pacientes en qué consiste, le muestra los productos que se utilizan y se comienza a evaluar el tono en que se puede trabajar.

En la segunda sesión, la maquilladora hace pruebas para llegar a los colores más adecuados, de manera que en el siguiente encuentro sea el propio paciente quien trabaje y aprenda a automaquillarse.

Yenifer Ruz resalta que su trabajo se caracteriza por ser muy natural. "Destaco los rasgos de la cara, los ojos (…) Que no se note que la persona está con mucho maquillaje", explica.

Asimismo, afirma que no son sólo las mujeres quienes se manifiestan interesadas en el maquillaje terapéutico, sino que también hay hombres que se acercan a ella sobre todo pensando en ocasiones especiales, como entrevistas de trabajo o graduaciones. Sin embargo, al ver los resultados comienzan a verlo como una alternativa para su vida diaria.

En relación a la edad de quienes optan por este tratamiento, la maquilladora señala que el rango es muy amplio: desde niñas de 12 años que asisten acompañadas por un adulto, hasta mujeres de 37 años aproximadamente.

Aunque generalmente las cicatrices del rostro son las que más incomodidad provocan, la especialista dice que también le ha tocado enseñar a camuflar las existentes en brazos, manos, piernas y pecho. Eso sí, el tratamiento se puede realizar recién seis meses después de que se produjo la quemadura, aunque en algunos casos los médicos lo autorizan un poco antes según como sea la reacción de la piel.

Jennifer Ruz dice convencida que el trabajo que realiza "es aportar un poco a la felicidad de la gente". "Ayudarlos a sentirse bien, a poder mirarse al espejo y decir 'me encuentro bonita'. Para mí eso es mi pega (…) Veo mucha gente de afuera y a veces vienen sólo al maquillaje, y eso a mí me llena el alma y me cambió el chip, porque todo el mundo tiene problemas, pero a veces uno se ahoga en un vaso de agua", dice.

Añade que la gran piedra de tope que por el momento tiene el proyecto es el del acceso al maquillaje por parte de los pacientes, porque se utiliza uno especial, que no produce reacciones alérgicas y, por lo tanto, su costo a veces es inaccesible en especial para las personas de más bajos recursos.

"Es un tema que como institución lo estamos viendo. Es algo pendiente", dice.