El aterrador Pablo Mackenna

El jurado de "Psíquicos" y conductor de "La bella y el geek" tiene una vida llena de sucesos asociados a espíritus y vidas pasadas. Aquí nos cuenta los peores sustos que ha pasado antes y después del reality paranormal y su experiencia buscando sus vidas pasadas. "Hay mucho chanta en esto (…) Te dicen que fuiste Napoleón. Pero normalmente, uno no fue nadie importante", explica.

Por Ángela Tapia. F., Emol
Mi. 21 de noviembre de 2012, 08:22
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Andrés Symmer, La Segunda.

Andrés Symmer, La Segunda.

A un costado de la entrada de la casa de Pablo Mackenna, una muñeca antigua parece seguir a la gente con sus ojos azules. De aspecto, es bastante poco agradable a la vista; chascona y con un vestido que parece hecho con un saco de harina. Y según su dueño, a veces, cuando sale, la encuentra con la cabeza mirando hacia la puerta. “Me la compré porque me miró. He pensado en botarla, pero, ¿y si se enoja?”.

Hechos y objetos extraños han estado siempre presentes en la vida de este personaje. Y es por esto que desde principio de año entró feliz a trabajar como jurado en el programa “Psíquicos”, que ya va por su segunda temporada. “Supuestamente, mi papel era el del escéptico. Pero en realidad nadie ha ido a más brujas, se ha sacado más las vidas pasadas o se ha visto el aura, que yo. Es un tema que me pone mal desde siempre. Y el mismo hecho de haber consumido tanto de eso, haber vivido tanta cosa y chantería, que hoy puedo ser escéptico en cuanto a la capacidad de las personas”, cuenta en el jardín de su hogar.

Tras meses visitando hospitales y casas abandonadas, evaluando las pruebas de hombre y mujeres que dicen tener la capacidad de ver más allá de la materia, Pablo ya tiene dos conclusiones más o menos formadas del asunto: existen otras dimensiones de esta realidad y, según cuenta, su mamá se pasa riendo al ver los saltos de miedo que él da en el programa.

No es para menos, cuando todos los participantes, por separado, le han dicho que no quieren entrar a un lugar porque hay un hombre de negro sentado con cara de disgusto en la entrada, donde a simple vista, no se veía a nadie. O cuando uno de ellos explicó que había “alguien” cerca y prácticamente se lo lanzó a Mackenna, quien sintió cómo algo frío se detuvo junto a él. “¡Eso no se hace! Nadie anda sacándose espíritus para tirárselos a otra persona. Miré hacia la pared y vi un interruptor quemado, que tenía unas figuras que parecían letras. Ahí tuve la certeza de que eran las iniciales de la persona de la estábamos hablando. Así que les pedí que le preguntaran cómo se llamaba. Ponte tú que me dijeron ‘Carolina Andrade’, y cuando nos acercamos al interruptor, decía ‘CA’. Ese día fue raro, terminamos trabajando todos. Pero les dije que se olvidaran, que yo no iba a poner una consulta con ellos”, comenta riéndose.

Es ese humor algo macabro que parece ser parte de la personalidad del escritor. Apenas se le hace un comentario de lo linda que es su casa, cuenta que la descubrió cuando estaba a punto de colgarse del balcón de su departamento. Ahí, mientras ajustaba la soga, vio el letrero de ‘se arrienda’, y a la semana ya estaba viviendo ahí.

-Cuéntanos de los sustos que has pasado en el programa.
“Los mayores sustos tienen que ver con casas donde hay presencias. En una, un psíquico empezó a gritar ‘¡qué me pasa!”. Miramos al tipo y lo vimos con la cara estirada, como si alguien se la tirara hacia atrás. Eso fue traumático. Les dije que a mí no me estaban pagando por eso, que había que fijar otro precio (ríe)”.

-Y después de algo así llegas a tu casa a dormir.
“No, no dormí. Después te empiezas a acostumbrar. Otras veces me he duchado con sal, que es una técnica para sacarse la carga”.

-Muchos dicen que está arreglado todo esto.
“Pero si hay días que no dan pie con bola, que dan vergüenza, ganas de cachetearlos. Hay veces que tienen dos cajas, una con algo adentro y otra vacía, teniendo 50 por ciento de acertar, pero fallan todos. ¿Me van a decir que esta cuestión está arreglada? No me hueveen. Todos esos errores validan las veces que sí suceden cosas”.

-¿Cuándo chico no jugabas a contactarte con espíritus?
“Hacía la güija y, qué raro decirlo, pero me iba súper bien. Tuve experiencias increíbles, actos de presencia. En Pucón, en una casa, a las dos de la mañana, le pedimos a la persona con la que estábamos hablando que nos hiciera un acto de presencia, y nos digo que en tal kilómetro había ocurrido un accidente. Estaba lloviendo, pero fuimos igual a ver, y nos encontramos con la copa de un árbol iluminada por las luces de un auto que había caído a la zanja. Esas cosas me pasaron”.

“Después me bajó una obsesión con las vidas pasadas, por la sensación de ser parte de una historia más grande que esta vida. Es algo de siempre, que he sentido una cosa anterior a los golpes de esta vida y por eso he querido buscar las razones de esa especie de tristeza”.

-¿Y qué descubriste, fuiste buena o mala persona?
“De todo. Aquí lo importante es el karma. Hay situaciones muy traumáticas, donde lo pasaste muy mal y te terminaste matando. Cuando haces eso, vuelves con una carga súper mala”.

-¿Te estás preocupando de hacerlo bien en esta vida para que en la próxima no vengas tan cargado?
“Fíjate que ahora quiero trabajar con Jaime Hales. Él ve las vidas pasadas y se hizo él mismo un trabajo súper potente. Hay un tema de misión que me parece súper interesante, saber para qué mierda vinimos. Uno viene a cumplir algo que tiene que ver con las cosas buenas y malas que te pasan”.

-Y ya es tiempo que la descubras.
“Claro, para no seguir pegado. Capaz que termine reencarnado en una lombriz si no me entero luego. Algunos pensarán que ya vine como lombriz a esta vida, pero no quiero volver a serlo (ríe).
“Hay mucho chanta en esto también; diría que el 90 por ciento. Vas a verlos y te dicen que fuiste Napoleón. Pero normalmente, uno no fue nadie importante, un peón del ajedrez de la vida. Cuando te ven bien tu vida pasada, algo te hace ruido”.

-Viendo las cosas que has hecho, parece que las distintas vidas las estás teniendo ahora.
“Soy como un paño multipropósito, de esos que lavan y secan. La verdad es que soy bien géminis, el huevón más promiscuo del mundo; todos los días despierto con un huevón distinto. En mí habitan esos personajes y todos ellos me completan. He trabajado pintando casas, en Ferrocarriles, en la bolsa, en el Bellas Artes… Lo único que he hecho permanentemente es escribir, que lo hago desde los 12 años.
“Para mis pares no era el huevón más divertido del mundo. Era curioso, algo que después derivó en otro tipo de curiosidades (sonríe). Siempre estaba buscando, estudiando, no para el colegio. Tenía inquietudes de saber las cosas más raras”.

Ante tal pasado, Pablo asegura sentirse más apegado a los “nerds” del otro espacio de Chilevisión en el que participa, “La bella y el geek”, conduciendo las pruebas que las niñas populares y los jóvenes introvertidos, deberán superar para mantenerse en una casa de El Arrayán.

-En tu caso, ¿fuiste un niño catalogado de nerd y víctima de bullying?
“Creo que un poco. Mi vida no era popular, no era bueno para los combos, ni para el fútbol, hasta como los 16, que empecé a salir más y me convertí en lo peor de todo. La televisión es engañosa; por el hecho de que te pones frente a una cámara y te expones, la gente piensa que uno no es tímido, pero lo soy. Hay gente que es comunicadora en la vida, que animaba la fiesta del colegio y que nació para esto. Yo no y no sé todavía cómo lo hago. Soy tímido pero no soy pudoroso, no escondo cosas. Lo que pienso lo digo. Pero no soy el rey de la fiesta. Me tengo que envalentonar, no como otros que llegan animados”.

-¿Qué te falta por hacer?
“Mil cosas. Ya choqué un árbol (en un accidente automovilístico en 2005)… ¿Cuáles son las otras cosas que hay que hacer en la vida? ¡Ah, no, era plantar un árbol! Bueno, hasta ahora ya escribí un libro, tuve una hija (Rosa, con su ex pareja, la actriz Javiera Díaz de Valdés), no planté un árbol pero lo choqué. Quiero hacer películas y tengo un par de guiones que estoy trabajando con Sebastian Freund (Stefan v/s Kramer)”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Soy un coleccionista permanente y obsesivo de objetos. Todo el día estoy comprando muebles. Cuando viajo, hago los trayectos más complicados, porque me compro cosas imposibles de transportar en el primer día de viaje. Ya no sé dónde guardar tantas cosas. Termino con las canillas hechas mierda porque me ando pegando con todo. Las cosas tienen un significado emocional para mí”.

Para finalizar la entrevista, Pablo nos presenta algunas de las personalidades que habitan en su living, donde, además de la muñeca extraña, existen decoraciones traídas de varias partes, como un esqueleto mexicano y una curiosa instalación hecha por él, en la que Michael Jackson, convertido en ángel, dirige una especie de fiesta con las figuritas de Pablo Picasso, Andy Warhol y Frida Kahlo, entre otros artistas. “Vivo en esta casa con miles de, entre comillas, personas. Hay gente que no le gusta venir aquí porque siente que la miran todo el tiempo”.