Los padres pueden enseñar a que sus hijos aprendan a ser felices

La psicóloga Neva Milicic publicó una nueva versión de la guía para padres “A ser feliz también se aprende”, que incluye importantes avances en la comprensión de la inteligencia y alfabetización emocional.

Por Francisca Vargas V.
Ma. 25 de diciembre de 2012, 07:00
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“Es que nadie te enseña a ser mamá o papá”, es la defensa que tienen los padres cuando la crianza de sus hijos se les escapa de las manos y sus hijos se vuelven insoportables y de paso, inseguros, apáticos e infelices.

Es que para educar a los pequeños, al parecer, se requiere algo más que solo buenas intenciones, paciencia y cariño.

Para Neva Milicic, en este libro que escribió hace 20 años y que ahora presenta una nueva versión revisada y actualizada, enseña a cómo ser padres activos y nutritivos que formen niños seguros, felices y con personalidad.

¿Cómo lograrlo?

Según sus estudios, la clave está en otorgarles la posibilidad de desarrollar su emocionalidad de manera positiva, para ello esta guía explica el cómo hacerlo desde los 2 a los 6 años de edad.

“Para aprender a lograrlo, quizás el elemento central está en aprender a ver y decir las cosas positivas. Y esto se aprende por modelo; si los padres dicen al niño las cosas buenas que ven en él, no solo lo estimularán a que las siga haciendo, sino que también le permitirán vivenciar lo agradable que son las personas estimulantes”, escribe.

Es que para ella, la labor fundamental de los padres es transmitirles que “las verdades no están hechas y que hay que encontrarlas y descubrirlas”, para que puedan adaptarse a los cambios y junto con ello, destaca que es fundamental que sepan establecer con los semejantes relaciones constructivas, que sean enriquecedoras para ellos y los demás.

“También es importante que el niño tenga claro los valores que orientan sus acciones”, advierte.

Entonces, los conceptos básicos que se manejan en esta instrucción son la empatía y la autorregulación, los cuales se desarrollarían a través de una comunicación entre padres y sus niños, pero una especial, una que promueva la conexión con quienes lo rodean desde los sentimientos.

“Ser empático tiene un valor incalculable para la construcción de relaciones entre padres e hijos. Cuando los padres se conectan con los sentimientos del niño, este se sentirá comprendido y querido”, añade.

¿Y cómo se hace?

La experta, dice, que poniendo atención a lo que les decimos donde la formación de su autoconcepto es crucial. “Cuando es positivo será un capital emocional que les dará seguridad; cuando predomina lo negativo quedarán marcas de las cuales será difícil liberarse en la vida adulta”, asegura.

Además, añade que ser tratado bien en la infancia predispone a los niños a comportarse de manera similar con los otros, ser cooperativo y lo que es más estimulante, ser una buena persona.

“Hay pocos factores más decisivos en la prevención de la violencia que una sociedad que respete los derechos de los niños”, señala la autora.

El aprendizaje a ser feliz

“La felicidad en la infancia tiene un esencial efecto neuroprotector y es la base de la formación de personalidades resilientes, que son aquellas que se recuperan con mayor facilidad de la adversidad”, afirma la psicóloga Neva Milicic.

Por eso que en “A ser feliz también se aprende”, incluye los aportes de la inteligencia emocional y la comprensión de que es posible que los niños tengan un aprendizaje emocional en cada experiencia que ellos tienen. De ahí que revise y otorgue consejos para cada punto del desarrollo de los pequeños.

Destaca el capítulo del desarrollo cognoscitivo que lo puntualiza a través de enseñanzas precisas en el lenguaje, pensamientos, juguetes, el uso de los cuentos y cómo estimular la creatividad en cada etapa de los chicos.

El afectivo, lo aborda educando a cómo los niños aprenden a expresar sus emociones, donde es clave el escucharlos y tratar sus penas, miedos, fantasías y curiosidades sociales.

Mientras que el ámbito social lo hace contando sobre los amigos, las relaciones en el jardín, los cumpleaños y las diferencias entre hombres y mujeres, entre otros aspectos.

Por otra parte, resulta interesante el capítulo de las normas disciplinarias porque desentraña las curiosidades e inseguridad típicas en que se ven los padres a la hora de utilizar castigos, premios, recompensas; el enseñar a esperar, avisar y, qué hacer con las peleas con los hermanos y la televisión.

Y por si hubiera quedado algo fuera, sugiere qué hacer en los problemas más frecuentes de esta etapa, como a qué hacer cuando a todo dicen que no; la alimentación y los celos, entre otros aspectos.

En cualquiera de estos casos, el concepto que subyace es conseguir formar a niños felices, donde la especialista vuelve a poner el acento en el lenguaje positivo que los padres utilizan con sus hijos.

Porque para enseñar y aprender a ser feliz, que Neva Milicic considera un derecho de la infancia y un punto decisivo para su salud mental, se debe tener presente lo siguiente: “Las experiencias que le hacen feliz irrigan la zona de las emociones positivas, consolidando así una arquitectura cerebral que lo predispondrá a tener una actitud más optimista a la realidad. No parece fácil que un niño sea feliz cuando se ha formado una mala imagen de sí, de las cosas que lo rodean y/o de las personas con quienes debe convivir”.