Gonzalo Robles: “Soy un tipo que lo pasa bien en la vida”

El actor no tiene reparos en decir que busca divertirse y ver las opciones para tirar siempre para arriba. Tras perder a sus padres, a su único hermano y a su amigo cercano, su colega Rodolfo Bravo, encontró en la risa y la fuerza de voluntad la única forma de salir adelante. Aquí nos confiesa cuál es su concepto de pasarlo bien y desempolva un carrete prohibido con “Los Eguiguren”.

Por Ángela Tapia. F., Emol
Mi. 26 de diciembre de 2012, 08:23
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Sergio Alfonso López, El Mercurio.

Sergio Alfonso López, El Mercurio.

“Eres un desgraciado”, es lo que más le han repetido a Gonzalo Robles (53) desde que terminó la última temporada de “Los 80”. El actor de “De chicol a jote”, “Mis años grossos” y otras varias producciones nacionales prefiere mantenerse refugiado en su casa del Cajón del Maipo para así esperar a que se calmen los furiosos televidentes que vieron cómo su personaje, Ricardo Assad, estafaba al bueno de Juan Herrera (Daniel Muñoz).

Pese a todo, Robles da con esto fin a un año bueno, que incluye este papel en una de las series más vistas del país, varias obras de teatro y un exitoso reencuentro con el elenco de “Los Eguiguren”, con Malucha Pinto, Cristián García-Huidobro y su ex esposa, Coca Guazzini, para los 50 años de “Sábado Gigante”.

Sin duda, el humor ha marcado la carrera televisiva de Robles, y no hay que hacer tanta memoria como para recordar a “Hermosilla y Quintanilla”, “Los Hueseros” o “Mi tío y yo”, en “Venga conmigo”. Algo más difícil es acordarse del hijo del “Langosta”, su primer personaje en la pantalla, cuando trabajó en “La madrastra” en 1981.

Allí, su rol Carlos Diez consistió en un joven que renegaba del cariño a su padre, interpretado por Arturo Moya Grau. Y tan cruel era su actuación, que se hizo conocido en la época el dicho “¡eres más malo que el hijo del ‘Langosta’!”.

Esta vez, pareció no quedarse atrás en maldad de personaje con el hijo de don Farid, a quien calificó de “farrero”, “mujeriego” y “mantenido”, mostrando nuevamente sus dotes de antagonista perfecto.

“Todos los personajes tienen algo de uno. No soy un vividor, pero me gusta pasarlo bien. Nunca he hecho la maldad de quitarle la plata a alguien, pero sí puedo decir que fui medio farrero, tal vez, cuando me echaron del San Ignacio (Alonso de Ovalle) por desordenado”.

-¿Cuán desordenado?
“Lo normal, pero me cancelaron la matrícula por habernos robado el libro de clases. Yo no quería, pero me tuve que sumar al lote. Después, por honestidad asumí mi responsabilidad y me echaron. Pero yo soy un tipo tranquilo, buena onda”.

-¿Y qué tienes de mujeriego?
“Nada. Me encantan las mujeres pero, ¿qué es ser mujeriego?”.

-Fresco, que picoteas por aquí y por allá.
“No. Yo he tenido dos relaciones fuertes en mi vida, pero en este momento soy soltero, sin compromiso, Aprovecho de pasar el dato para que lo tengas presente (ríe). Pero sí, me gustan las mujeres. Eso sí, soy fiel”.

-¿Y de mantenido?
“Nunca. Me encantaría serlo por una mujer. Sería el huevón más feliz. Haría todo lo que me mandaran y las cosas que hago hoy, pero con más libertad. Haría el amor todos los días. Ahora solo lo hago día por medio”.

-¿Esa es tu idea de pasarlo bien?
“Yo cuando lo paso bien me retiro a lugares apartados y leo harto. Soy un gran lector. Me gusta apartarme del mundo, y leer novelas, el diario. Soy alguien muy informado, porque me preocupa la realidad social del país desde siempre, desde el tiempo de la dictadura hasta ahora”.

Su compromiso social lo ejemplifica con una historia que hasta hoy le pone los pelos de punta. Era plena época de régimen militar y él, un joven actor, se había ofrecido para traer desde el extranjero 5 mil dólares para los familiares de los detenidos desaparecidos. “Los tenía en mi billetera. En ese tiempo los aviones se demoraban muchas horas para Santiago. Fui al baño y cuando volví a mi asiento, vi que no tenía la billetera. “¡Chucha!”, dije yo. Volví, y el baño estaba ocupado por una holandesa. Entré a la fuerza, desesperado, y encontré mi billetera en el suelo”.

-¿Y qué estaba haciendo la mujer?
“Nada, ella estaba loca porque veía a este huevón irrumpiendo. Debe haber pensado que estaba loco, pero lo único que quería era recuperar la billetera. Tú cachai que si hubiesen pensado que me quedé con esos 5 mil dólares para los detenidos desaparecidos, habría sido un canalla para el resto de mis días, un desgraciado. Peor que Ricardo (Assad)”.

-¿Por qué no te metes en la política?
“Porque soy actor. Me ofrecieron ser diputado hace muchos años atrás y alcalde, pero no he querido. Tendría que dejar de ser actor, y a mí me gusta actuar y pasarlo bien”.

Cuenta la leyenda que por los años de “Los Eguiguren”, Gonzalo, Coca, Malucha y Cristián pasaron una jornada de locura creando un guión del espacio cómico, acompañados de una botella de absenta que Pinto trajo de un viaje a Europa. A esto, Robles agrega más información: “También fumamos el hachís que trajo la Malucha. Ahí nos volvimos locos todos. Era parte de la juventud de nuestra época el probar cosas. Después yo viajé varias veces más fuera de Chile y traía absenta, y el que se la tomaba siempre era el Mauricio Pesutic, que me liquidaba las botellas. Él me debe por lo menos tres o cuatro botellas al día de hoy”.

-Bueno, ¿no que lo pasabas bien leyendo no más?
“He tenido hartos carretes en mi vida, pero fundamentalmente de súper buena onda, nada más. Soy un tipo que lo pasa bien en la vida, me gusta. No tengo problema con eso. Existe la teoría de un francés, que dice que los niños se ríen cuatrocientas veces al día; y a medida que avanza el tiempo es que uno cada vez se ríe menos. Mi idea es poder volver a reírme tanto como antes, y eso pasa cuando se saca el niño que uno tiene dentro. Te ríes y lo pasas bien, eres un huevón joven con alegría de vivir”.

-¿Y tú cómo sacas tu niño interno?
“Yo me río de todo, de esta entrevista, de mí, de mi profesión, y lo paso bien.
“Claro que no siempre es así. He tenido experiencias malas. Se me han muerto amigos íntimos (el actor Rodolfo Bravo) y mis seres queridos (sus padres y su único hermano). Cuando estas súper bien y pasan estas cosas, te vas a negro no más. De ahí te recuperas porque la vida sigue igual. Yo me quedé solo en la vida, pero desde entonces, tiro para arriba”.

“Uno no debe quedarse pegado. Tengo un recuerdo de Rodolfo, de mi hermano y mis padres, muy cercano. Así que cada vez que voy para el Cajón del Maipo, donde está enterrado Rodolfo, miro en dirección a donde está el cementerio y lo saludo siempre”.

-¿Qué te hace poner los pies en la tierra? ¿Tus hijos?
“Sí. Tengo tres, uno maravilloso de 32 años (Camilo Robles Guazzini), que es arqueólogo. Ahora se va a hacer un doctorado a Australia y me tiene complicado esa cuestión. Se me va en julio y no lo voy a ver en dos años. Después, están Concepción, de 16, y Antonio, de 13 (de un segundo matrimonio), a los que veo casi todos los días”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Como te dije, mi hobbie es leer, porque evado el entorno y la realidad. No puedo estar sin leer, es como una adicción”.