Magdalena Browne: Las razones por las que los chilenos se declaran felices a pesar de todo

Esta socióloga explica que el bienestar subjetivo permite superar contingencias negativas; sostiene que las clases más bajas son menos felices por diversos motivos, no sólo monetario y afirma que las mujeres de 45 años, jefas de hogar en etapa de crianza son las menos felices de todos.

Por María José Errázuriz L.
Ju. 27 de diciembre de 2012, 08:34
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El Barómetro de la Felicidad que por segundo año consecutivo se conoció hace algunas semanas, señaló que un tercio de los chilenos se declara muy feliz y un 76% feliz. Cualquier observador diría que algo hace ruido, porque la realidad observada indica que los chilenos no se ven así en la calle y que, por el contrario, se manifiestan abrumados por el estrés laboral, las deudas o el Transantiago.

El mismo estudio, que es realizado por el Instituto de la Felicidad de Coca-Cola en conjunto con el Instituto de Sociología de la UC, registra que -en una escala de 1 a 10- los chilenos declaran más de nota 7 de satisfacción en áreas como con la vida, con la ocupación principal, el tiempo libre, las relaciones familiares o de pareja, y sólo es de 6.4 en situación económica.

La socióloga de la UC Magdalena Browne reconoce que las percepciones pueden ser contrarias a los datos de la encuesta, pero que se debe tener claro que lo que se mide es más bien subjetivo porque hasta el momento nadie ha podido definir científicamente qué es felicidad y la gente lo que hace es definirse frente a estados emocionales. O sea, en términos técnicos se habla de “bienestar subjetivo” y no apunta a descubrir “los mundos perfectos”.

“Las personas declaran que son felices y, a la par, dicen que están cansadas o preocupadas. Las personas no están todo el día en una carga positiva”, explica.

-¿Por eso una persona que se pasa 5 horas al día en una micro se puede declarar feliz?
“Bueno, hay una serie de temas sociales que afectan más a ciertos grupos sociales…”

-¿Por eso el C3, D y E son los que se declaran menos felices en Chile?
“Sí, y eso es esperable. Pero como se les pregunta por diversos temas, en algunos como la familia la nota es semejante en todos los sectores. Cuando se entra a evaluar las relaciones de amistad o de situación económica las diferencias se hacen más relevantes y en los grupos más bajos, tienen notoriamente una evaluación menor en aquellos aspectos de su vida que no controlan”.

-¿Esto confirma que a mayor ingreso, mayor felicidad?
“No se confirma porque las cifras estadísticas y las relaciones de la vida no son tan lineales. Podríamos usar una frase cliché: el dinero ayuda, y hay estudios como en Estados Unidos, donde hay un alto PIB, donde las declaraciones de bienestar subjetivo no necesariamente son altas. Se ha confirmado que hay una relación que hace que el efecto del ingreso no sea tan importante como en los primeros momentos de la escala.
“Es cierto que desde algunos niveles, son otras variables y no el dinero, las que empiezan a operar y son más importantes. De hecho en los niveles socioeconómicos bajos reportan niveles de felicidad que no son tan bajos porque ella está anclada en otros aspectos y no sólo en dinero. El ingreso importa en la medida que ayuda a generar ciertas condiciones básicas que definen ese bienestar subjetivo como el hacinamiento o escaso acceso a educación o salud de buena calidad”.

Magdalena explica que este tema no es menor porque hay muchos que, más allá de sus ingresos, sí reconocen un ascenso respecto de la situación de sus padres, tienen mayores niveles de felicidad. “La comparabilidad con otros, padres, amigos, hermanos, puede tener ese efecto”, dice.

-¿Esto puede explicar por qué simultáneamente con declararse tranquilos, de buen genio y entusiasmados, también se declaran cansados y preocupados?
“Eso apunta a que más allá de una contingencia, de un momento pasajero de rabia, la gente puede hacer un balance de su vida”.

-¿Por qué los solitarios campean en los C3, D y E?
“Tiene que ver con temas como una mayor existencia de jefaturas de hogar femenina, cosa que es bien relevante. Este y otros estudios muestran que quienes están más cansados son mujeres sobre los 45 años, de estratos bajos, jefas de hogar.
“Ahora, hay que tener cuidado con esto porque no es lo mismo la soledad con falta de amigos. Los grupos más bajos declaran tener menos amigos pero porque para ellos las confianzas se establecen en la copresenciabilidad, o sea, en el amigo que es parte de mi familia, el compadre, la vecina que va a mi casa todos los días. Lo que ellos le exigen a un amigo es distinto a lo que pasa en los grupos más altos, que son más sociales, de comidas de vez en cuando”.

-Hablando de mujeres, ¿cómo aparecen ellas en esta encuesta?
“Hay varias cosas que llaman la atención. Si se toman los promedios, pareciera que no hay diferencias con los hombres en promedios de felicidad, satisfacción, pero mmmm…. Cuando uno ve detrás de los promedios se puede explicar algunas cosas: las mujeres declaran menos estados positivos que los hombres, o sea, están más cansadas y preocupadas”.

-Bueno, las mujeres con pareja estable se declaran más felices que el hombre en la misma situación o que los soltera/os.
“Pareciera que para ambos la pareja es relevante. Así como hay ciertas condiciones materiales básicas que explican la felicidad, también lo es tener alguien con quien estar vinculado socialmente, ya sea con la familia, la pareja o los amigos de trabajo. Las personas que tienen una pareja estable, en todos los países, tienen una declaración más alta de felicidad, cuestión que cuesta entender cuando se ve que el mundo que se construye es de individualidad, de independencia.
“Hay cosas bien concretas en esto de las parejas, porque en los grupos más bajos, el contar con dos ingresos puede ser relevante para superar estados de pobreza y en este tema no tiene que ver sólo con una cuestión emocional”.

-Este estudio ya confirmó que la mujer que trabaja es más feliz que la que se queda en la casa.
“Sí, hay diferencias significativas, pero el análisis más avanzado señala que si la mujer tiene hijos en etapa de crianza, ese efecto se modera, es decir, se hace presente la doble carga de trabajo o agenda.
“Claramente esto no sólo tiene que ver con el doble ingreso y su efecto, sino con la mayor valoración social que alcanza esa mujer, la autoestima. El salir de la casa le da un rol social distinto y un vínculo social también, o sea, la construcción de un mundo paralelo”.

-¿La doble agenda explica por qué la mujer que trabaja, aunque no en forma significativa, se declara menos feliz que el hombre que trabaja?
“Efectivamente, sus notas no son malas, pero están por debajo de los hombres porque tiene que ver con sus espacios propios”.

-Llama la atención que los mayores índices de desconfianza se da con la gente que está en otra posición política, religiosa o que vive en otro barrio.
“Este dato no es menor, porque a pesar de que Chile ha progresado sigue teniendo niveles de desconfianza muy propios de la cultura latinoamericana; o sea, es muy latino eso de establecer relaciones de confianza en la persona que se conoce”.

-¿Esto habla de segregación e ideologización?
“No me atrevería a decir eso, diría que se da poco espacio a confiar de antemano en otros. En sociedades nórdicas es al revés. Todo lo otro que no conozco, no le doy credibilidad”.