Juan José Gurruchaga, el dolor que marca la vida del actor y animador

Tenía 5 años cuando vio morir a su papá, ahogado en el mar. Hoy, con su primer hijo, Facundo, la vida le ha dado la oportunidad de devolver todo el cariño y contención que en algún minuto su padre le dio. Aquí comparte algunas de las lecciones que él le dejó, y cómo superó en parte, el dolor de haberlo perdido.

Por Ángela Tapia. F., Emol
Mi. 09 de enero de 2013, 08:12
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Sergio Alfonso López, El Mercurio.

Sergio Alfonso López, El Mercurio.

Aunque faltan varios meses para el Día del Padre, el actor y presentador Juan José Gurruchaga ya sabe que el de este 2013 será un día más que especial. Por primera vez será celebrado junto a su Facundo, su primer hijo, que nació hace poco más de un mes, iniciando así una nueva etapa en su vida, con una carga distinta al de la mayoría de los nuevos papás.

“Yo tengo algo muy particular en mi vida y muy personal. Perdí a mi papá a los 5 años y lo vi morir (ahogado en Ritoque). Y durante mucho tiempo él no ha estado conmigo ni escucho su voz. Así que hoy, todo lo que estoy proyectando con mi hijo yo no lo viví, y trataré de estar presente, de quedarme harto rato en este mundo, aunque yo no lo decido”, dice Juanjo en el estudio de “Mañaneros”.

Hace 7 años que dio el salto de las teleseries a la animación. Después de recordados personajes como el de su primera novela “16”, con el rebelde Darío Carmona, siguieron sus roles en “Los treinta”, “Alguien te mira” y “¿Dónde está Elisa?”, entre otros. Pero el bichito de la conducción lo alejó de los guiones, para tenerlo hoy con dos programas en La Red, como parte del equipo del matinal y dirigiendo “Así somos”.

Entre su trabajo y el nuevo integrante de su familia, dice que no tiene tiempo ni para pensar en volver actuar. Ni quiere tampoco, de momento. Facundo significó una linda espera de nueve meses, con una conexión muy especial con él y su esposa, Cristina, con quien -como recuerda- pujaba al mismo tiempo durante el parto. Por eso hoy lo quiere disfrutar como lo merece. “Siempre estuve ahí muy cerca de la panza, cantándole, contándole todo lo que me pasaba durante el día. Yo sentía que él sabía si estaba bien o mal”, dice el nuevo padre, de 35 años.

Atrás han quedado los años en que quería viajar al pasado para poder cambiar su realidad; la de un niño que creció en un colegio de hombres (Instituto Alonso de Ercilla), guiándose por lo que decían sus compañeros, pero sobre todo su hermano, 7 años mayor, en las cosas que generalmente los papás enseñan a sus hijos, desde cómo vestirse a cómo tratar a las mujeres.

Hoy recuerda: “El Día del Padre se celebraba con los compañeros. El colegio hacía una misa y un almuerzo el domingo y me acuerdo, como a los 9 años, que tenía que llegar mi hermano y mi tío, el hermano de mi mamá, que también reemplazaba la imagen paterna en mí, teniendo 17 años más que yo. Ese día, recuerdo patente que no llegaban y yo estaba muy preocupado. Y lo peor fue cuando uno de los papás se paró, tomó el micrófono y llamó a los niños a entregarles los regalos a sus papás.  Partieron todos y yo los seguí, pero para salir por una puerta. Estaba hecho pedazos. Con una decepción absoluta, frustrado, miré que a lo lejos venían los dos corriendo. Yo lloraba y cuando ya estaban cerca los traté pésimo. Les dije que eran unos desgraciados. Pero al final, un abrazo de ellos, sin decirme nada, era todo lo que yo necesitaba”.

Con todo, el actor asegura que lo que le importa actualmente es el futuro, uno que se vislumbra lleno de esperanza con su familia.

-¿Qué le quieres traspasar a tu hijo?
“No tengo la fórmula, pero lo único que me interesa es generar honestidad en él y la fuerza. Que tenga sus propias herramientas y sepa pararse y valorar lo que es y el entorno, que tenga conciencia. Uno como papá cumple la contención de todo este descubrimiento emocional que va desarrollando. Yo me siento muy orgulloso de lo que me dieron cuando chico. No en el sentido material, en el emocional, y eso no tiene valor con respecto al mejor juguete del momento. Así que no quiero ser ese papá que como no está mucho tiempo en la casa, solo llega con un regalo para poder suplir la carencia. Quiero estar ahí aunque hayan momentos no tan buenos.
“Aunque mi papá haya llegado a los 5 años de vida míos, siento que él dejó en mí cosas súper importantes que tienen que ver con los valores, en cómo es mi espíritu. No me acuerdo de que él me haya dado un gran discurso. Pero sí tengo imágenes, vibraciones, el amor, el cariño. Eso es lo fundamental. El percibir que quien te trajo al mundo no es un extraño, sino alguien a quien le tienes confianza absoluta”.

-Dices que estás orgulloso de lo que recibiste cuando chico. ¿A qué te refieres, exactamente?
“A que es típico que como niño, esperas el regalo de Navidad, como lo crucial de la noche. Pero para mi familia eso no era lo importante, era el estar juntos, sentarnos en la mesa y que estuviera mi mamá, mi hermano, mi abuelo, mi abuela y mi tío, la familia. Eso es lo que me llena en la vida, estar con las personas que quiero”.

-Lamentablemente, en algunos casos, tiene que haber un golpe fuerte como el tuyo para darse cuenta.
“Puede ser. Yo estaba muy bien contenido, a diferencia de otras familias que tienen a sus hijos súper abandonados, creyendo que teniendo sus necesidades materiales cumplidas, están bien. Pero te aseguro que eso es el 0,1% de importante frente a todo lo que significa el apego, la contención y la seguridad que uno le puede dar a un hijo. De verdad lo digo, todo eso de la materialidad, vale callampa para mí. Porque al final, cuando estás solo y angustiado, no te sirve el teléfono, ni el copete, ni el auto. Todo lo quieres mandar a la chucha”.

-¿Cuándo te hizo falta tu papá?
“En todo.  Hay mucho cuestionamiento cuando uno va creciendo. En mi caso, mi hermano trataba de cumplir el rol, pero no tenía por qué hacerlo, ni sabía cómo, porque él también estaba creciendo. Mi mamá cumplía los dos roles, pero obviamente en lo visual, el género estaba súper claro. Después viene todo el descubrimiento de cómo vestirte, cómo hacerte el nudo a la corbata, y en esas acciones me ayudó mi hermano. Igual que con el trato con las mujeres. Aunque no era un Don Juan, él me dio información para enfrentar ese momento. Esos son detalles que te pueden marcar en cómo vas a reaccionar el día de mañana”.

-Bueno, tan mal con las mujeres no te fue. En entrevistas antiguas has dicho que te gustaban todas.
“Tal vez, por una falta de consejos de papá, no fui un gallo muy seguro. Tenía mis dudas en cómo comportarme. Además, al estar en un colegio de hombres, el compartir era muy diferente. No sabía con qué repertorio sociabilizar. Así que, efectivamente, fui un enamorado. Eso sí, nunca me encanté por la belleza exterior. Fuera trigueña, rubia, flaca, gordita, me daba lo mismo, mientras hubiera un encanto. Nunca fui el gallo abacanado. Al contrario. Desde mi nacimiento hasta los 14 años fui un personaje gordito”.

-¿Obeso?
“Sí, caminaba y me cosía entre medio de las piernas. Hasta que un día la naturaleza me ayudó y crecí un poco más de lo normal. Me puse a hacer más de deporte, cerré la boca y empecé a sacarme un Juanjo de encima, para dejar uno solo”.

-El bullying en un colegio de hombres debe haber sido feroz.
“No. Gracias a Dios, mi curso era bastante noble. Había muy pocos que generaban bullying, y como yo también era grande, una vez agarré del cogote a un compañero que me molestaba siempre; lo levanté por un par de segundos, y cuando me di cuenta de que se estaba ahogando,  lo tiré al piso y le dije: ‘¡Nunca más me huevees! ¡Me tienes chato! ¡Son tres años que te he aguantado esto! Hay veces que la cuestión es simpática, pero otras no. Así que date cuenta que molestas y yo sufro’. Me decía ‘guatón Gurruchaga’, ‘guatón ballena’, pero después de eso, nunca más me molestó”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Las películas de monitos. Ahora que nació mi hijo, estoy haciéndome una videoteca con “Buscando a Nemo”, “Robotech”, “Súper agente Cobra”, “Mazinger z”, “El vengador”, “El galáctico”, “Marco”… Esos dibujos construyeron mi forma de ser, alguien espontáneo en búsqueda de un estado feliz”.

-¿Es por esa búsqueda que querías viajar al pasado?
“Sí, pero creo haberlo solucionado después. Eso tuvo que ver con la muerte de mi papá, y entender el por qué. Hoy ya lo entiendo y no es un tema que me haga sufrir. No me genera un desequilibrio, una carencia, o rabia de no haber podido hacer algo. Tras hacer una cosa en mi vida y comprobar algunos asuntos, encontré la respuesta y ya no necesito viajar al pasado”.

-¿Qué fue lo que hiciste?
“Fue una coincidencia en mi vida, que cuando estaba trabajando en TVN me llamaron de ‘Animal nocturno’ para hacer una prueba extrema. La propuesta era cruzar el canal del Chacao a nado, que son 3 km y medio en el mar. Había lanchas al lado de seguridad y todo el cuento, pero estaba solo. Hacía mucho frío, y aunque estaba con un traje de rana, gorro y guantes, se me partió toda la cara. Del principio a la mitad, toda la gente que iba alrededor mío no daba ni una moneda de que iba llegar al otro lado. Todo estaba en silencio, hasta que llegué a la mitad y empecé a ver la orilla”.

-¿Qué pasó?
“La gente, los pescadores, me empezaron a gritar: ‘¡Vamos huevón! ¡Vamos, hijo! ¡Vamos Gurruchaga!’, y se me empezó a recrear todo. Sentí que estaba recreando lo que le pasó a mi papá. Él, cansado como yo estaba, mirando la orilla lo lejos y escuchando cómo yo y mi hermano le gritábamos ‘¡Sale! ¡Sale!’. Ahí me dije ‘esto no me la puede ganar’, y con el ánimo de la gente me inyecté de energía para llegar hasta el final”.

-¿Qué hiciste entonces?
“Cuando llegué a la orilla, lo primero que hice fue llorar. Fue una catarsis, algo potente. La gente me miraba y no sabía si acercarse. Después de unos segundos que yo estaba raja, en las piedras, la gente me aplaudía y se me acercó el productor y un marino a decirme que me pasé para no ser alguien profesional. Ellos no conocían mi historia.
“Creo que el haber llegado, para mí, cerró esa etapa. Llegué y me pude conectar con mi papá y decirle (se emociona): ‘Huevón, tranquilo, te entiendo. Entiendo el cansancio. Y nunca te juzgué, ni pensé que por qué no hiciste el esfuerzo. Sé que lo diste todo, como yo lo hice ahora”.

-Al final, terminaste el camino que él no pudo hacer.
“Exacto. Le di esa tranquilidad de poder llegar”.