Alfredo Ugarte: El ‘bicho raro’ de la TV que casi se muere

El extrovertido entomólogo asume que es un personaje que puede pasar por demente, pero con todo, se ha encargado de difundir lo aprendido de Luis Peña, su tío y reconocido naturalista, quien le enseñó que “nadie ama lo que no conoce”. Desde entonces, se dedica a enseñar las maravillas naturales y pretende, incluso, abrir a mitad de 2013 el primer jardín tropical de Chile.

Por Ángela Tapia. F., Emol
Mi. 16 de enero de 2013, 08:00
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Sergio Alfonso López, El Mercurio.

Sergio Alfonso López, El Mercurio.

“Yo nací loco”, dice, como para resumir su historia de vida, Alfredo Ugarte (48). El entomólogo, o “bichólogo” -como llaman popularmente a su pasión y profesión-, tiene clarísimo que su interés en los invertebrados escapa del común de la gente, por lo que no duda en definirse a él mismo como un “bicho raro”.

Ugarte es ese personaje que lleva años en la televisión enseñando los detalles más curiosos de los insectos y manipulando a varios de los más peligrosos, con un éxtasis que varios podrían calificar de demencia.

Inolvidable fue el trío con la "Sita" Jeanette Locooz (Moenne-Loccoz) y Sebastián 'Lindorfo' Jiménez, en “La ley de la selva”, donde poco a poco la gente fue acostumbrándose a verlo jugando con una araña de rincón en sus manos, y ya es famoso el capítulo de “Bitácora de viaje”, (canal 13C), en el que en Namibia, Alfredo, junto a su equipo de producción, recibió la visita de una cobra coral en su camping y se vio rodeado de los más venenosos escorpiones, haciendo sentir al entomólogo, aunque precavido, como en su salsa.

Loco o no, Alfredo es fiel a los principios que su familia materna le inculcó desde su más tierna infancia. “Me crié en este manicomio precioso que era la familia Peña. Cuando tenía 3 años, vivíamos en Mulchén hasta que mi papá murió en un accidente de auto. A mi mamá le cambió la vida y se vino conmigo y mi hermano a Santiago, con mis abuelos Peña. Ahí estaba mi tío Luis, quien junto con sus hermanos me introdujeron en el mundo de la naturaleza”, cuenta con una clara admiración hacia su tío Lucho.

El también entomólogo y naturalista, mentor del pequeño Alfredo, fue una pieza clave en la formación del actual bichólogo, quien se crió en un amplio terreno familiar, con la suerte de contar con su propia laguna con cisnes, patos y faisanes. Hasta su hogar llegaron, además de un burro atropellado, dos pudúes, Sarita y Serapio, a quienes, tras ser rescatados, se les preparó un ambiente tan bueno para vivir que al año comenzaron a reproducirse.

“En el mundo en el que me crié, los animales sí pueden sentir dolor y cuando mueren, van al cielo. El paraíso sin animales para mí no existe. Teníamos unos perros que se llamaban ‘Perico’; estaba Perico uno, dos, tres, cuatro, cinco… Y ellos me están esperando en el cielo, estoy seguro”.

Es por eso que hoy, con su propia familia formada por Luz María Silva y sus siete hijos, ha querido repetir su experiencia, con gallinas, conejos, una oveja (Lanita), una cabra (Pipo) y una chancha (Chuleta). A consecuencia de su poblado hogar es común verlo con rasguños y moretones en las manos, como la uña morada que tiene para esta entrevista.  “Esto fue por hacerle una casa al Pipo, porque la Lanita conoció varón y está a punto de tener su cría y debería parir pronto”, explica, antes de ser interrumpido por teléfono por un tema que lo tiene más acelerado que de costumbre; “Mundo vivo”, un proyecto que le permitirá abrir, como explica, “un pedazo de Costa Rica” en el Parque Araucano.

Se trata de un sueño del entomólogo, que por 15 años ha tratado de desarrollar y que por fin, a mitad de 2013 verá la luz, y consiste en un jardín tropical con reptiles, insectos, aves y el primer mariposario del país. “Estamos simulando un sector de Costa Rica, pero en el fondo es un jardín tropical donde toda la línea ecuatorial del mundo va a estar de alguna forma representada”.

“Esta va a ser la mejor sala de clases de ciencias naturales, porque los niños desde pre básica a niveles universitarios van a poder ver todo lo que significan las ciencias naturales, con el nacimiento de una mariposa, las aves más lindas del mundo y plantas no conocemos en su máximo desarrollo”.

-¿Esto nace netamente por un interés educativo o por poder tener algo así cerca de tu casa?
“No, es lejos de mi casa. Yo vivo en Colina. Con esto se desarrolla la vocación de educación. Yo me eduqué con mi tío Lucho, que me enseñó que nadie ama lo que no conoce. Por eso soy un convencido de que nosotros, si logramos que todos los chilenos conozcan nuestro país, nuestra naturaleza y parques naturales, no tendremos para qué andar diciéndoles que no hagan fogatas o no boten basura, porque los van a amar y nadie destruye lo que ama”.

-Se ve que el tío Lucho era importante para ti.
“Sí, él fue como mi padre, a pesar que lo veía re poco porque pasaba viajando. Él era naturalista, no solo entomólogo. Sabía de aves, de reptiles, de plantas, de todo. Ese concepto, el de naturalista, se está muriendo hoy. Yo me dediqué a la entomología, siguiendo los pasos de mi tío Lucho, pero uno sabe de plantas, de pájaros. De él, me acuerdo que ya a los seis años jugaba a pillar bichos”.

-¿Cuál fue tu primera interacción con ellos?
“Yo quería tener un insectario y para poder hacer eso, tienes que matar a los bichos con algún producto como alcohol o cianuro. Pero como era un niño, no tenía a la mano nada de eso, así que los pinchaba vivos y después me retaban por ser tan cruel. Esa fue otra cosa que me enseñaron de chico, el bienestar animal. Nunca se me va a olvidar una vez que encontramos un chincol al que le habían pegado un hondazo y tenía el pecho completamente abierto. Se lo llevé a un primo mío que estudiaba medicina y le echamos penicilina. Al final murió. Ahí sentí una pena tan grande que después no cabía en mi cabeza pegarle un hondazo a algún pájaro. Me crié en este mundo, en una época donde el común de las personas creía que los animales no sufrían por ser bestias”.

-Algunas personas podrían pensar que hay una contradicción al fomentar el uso del insecticida en televisión.
“Claro. Todo el mundo me dice que soy el defensor de los animalitos y que voy y le hago propaganda a un mata arañas. Sí, defiendo a la naturaleza, pero las personas están por sobre eso. Las arañas de rincón tienen que vivir en tu jardín, en el cerro, pero no en tu casa, porque existe el riesgo de que te muerdan a ti o a tus hijos”.

-¿También las matas en tu casa?
“A ver, voy a decir lo políticamente correcto: las arañas del rincón se matan en mi casa. Pero en la práctica, no. Cuando mi señora ve una araña, yo la pesco y la tiro para afuera, porque puedo hacerlo y no corro un riesgo. Pero lo que debería hacer es matarla, porque está dentro de mi casa. Siempre que manipulo una araña en televisión, lo hago con la intención de demostrar que no son agresivas y que no se van a acercar a morder porque sí, pero siempre trato de subrayar que eso no lo deben hacer en la casa, sobre todo por los niños. Por eso digo, entre la duda de si es una araña tigre o de rincón, mejor mata”.

“Los bichos son infinitos”, dice Alfredo, con esa pasión que lo caracteriza. “Encontrar una especie nueva de ave en Chile es prácticamente imposible hoy. En cambio, de los insectos se conoce el 30% de lo que existe. Piensa que con mi tío Lucho hicimos un libro sobre las mariposas de Chile hace ya 10 años. Ahí había 169 especies de mariposas. Hoy estamos trabajando en un nuevo libro y ya vamos en 176, y solo en mariposas diurnas”.

-Qué pena que en general, los bichos sean un poco rechazados por la gente.
“Socialmente hablando, son rechazadísimos. Cualquier bicho da asco y la gente los mata. Y lo peor es que desde el punto de vista medioambiental, tampoco los pescan. Cuando se hace un estudio de impacto ambiental, nadie considera a los invertebrados, y recién cuando las aves o los mamíferos empiezan a morir intoxicados, se reacciona”.

-Como cuando murieron masivamente los cisnes de cuello negro en el río Cruces.
“Claro, y eso pasa porque ya quedó literalmente la embarrada. Si hubiéramos estado monitoreando los insectos acuáticos o aéreos de la zona, se habría detectado el problema muchísimo antes, y nos habríamos ahorrado un desastre como el que ocurrió. Por eso los insectos tienen un desafío extraordinario para los entomólogos, que es ponerlos en el lugar que realmente corresponde. Algo que estamos desarrollando , y que se usa desde hace bastante tiempo en otros países, es la larvaterapia, por ejemplo, que es el tratamiento de heridas muy complicadas, normalmente crónicas, que van a terminar sí o sí en una amputación, y hablo de quemados, de úlceras varicosas, pie diabético, escaras. Hoy esto se usa en los países más desarrollados y en Chile, nada, porque existe ese concepto de que un bicho es igual a ‘qué asco’. Pero resulta que hoy hemos salvado muchos pies de una amputación segura, con larvas”.

-Se entiende tu amor por los insectos, pero ¿lo has pasado mal con alguno, te han picado?
“Una vez me picó una tarántula azul asiática, en un programa. Ahí lo pasé medio mal. Primero, porque me empezó a afectar todo el sistema nervioso, y yo pensé que me podía afectar el corazón. Me fui de inyecciones en el traste, y fue feo, porque me cargan las inyecciones, les tengo pánico. Prefiero que me coma un cocodrilo a una inyección. Después, tuve como efecto secundario unos calambres en los pies y las manos, durante seis meses. Pero nunca más he tenido ningún problema, nada. Espero morirme de viejito, pero creo que si algún día me pasa algo, será con algo que no sepa manejar, como le pasó a Steve Irwin. Él era especialista en víboras venenosas y cocodrilos, pero lo mató una raya, porque estaba trabajando con algo que no conocía del todo. Yo creo que será algo parecido”.

-¿Tu esposa tiene algo que ver con los insectos?
“Bueno, de hecho, está casada conmigo, que ya soy un bicho raro. Yo me saqué la Polla Gol, el Kino, el Loto, todo con ella. Llevo 18 años de casado, con siete hijos, y sigo enamorado hasta las patas, y si la viera en la calle, me la engrupiría de nuevo. Me enamoré de ella porque era una apasionada por la naturaleza; una mujer que gozaba con la puesta de sol todos los días o con las hormigas. No me aguanta que haya arañas adentro de la casa, y me parece lógico, pero se fascina con esas cosas. Es profesora de Ciencias Naturales”.

-Entonces ella comparte tu amor los insectos. De todos modos, ¿no se aburre de que lleves bichos a la casa?
“No. Con todo lo que sea para enamorar a la gente, a mis hijos, a mi familia y descubrir a Dios en eso, ella me lo apoya absolutamente. Cuando llegué con la Chuleta a la casa, la más enamorada era ella. Claro, reclama porque le rompe el jardín, pero la Chuleta es más importante. Eso sí, una vez recibí en mi oficina -que tiene un jardín interior- a Coco y a Drilo, que eran dos cocodrilos que vivieron conmigo varios años. Ahí mi señora no me apoyó mucho, porque implicaba un riesgo para los hijos. Eran cocodrilos que medían un metro 70, y podrían haber generado un accidente importante. Ella me ayudaba a cuidarlos, pero siempre me decía que duplicáramos la seguridad. Finalmente, los dos fallecieron cuando cayó un cable eléctrico y se electrocutaron. Los dos lloramos a moco tendido, fue una tragedia para nosotros”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Tengo varios. Primero, soy adicto a los libros, necesito tenerlos; no necesariamente leerlos. Tengo una biblioteca grande con libros entretenidos que me fascinan. El resto, es que cada vez que le preparo las medidas de leche que mi hija de 4 años tiene que llevar al colegio, aprovecho de comer leche en polvo. Esos son mis vicios, además de mi señora. ¡Me encanta! ¡Qué atroz!”.

-¡Pero eso está muy bien!
“Sí. A veces estoy durmiendo y veo que ella está ahí y pienso qué rico dormir al lado de ella. Cuando estábamos pololeando, yo soñaba con dormir a su lado. Nosotros nos casamos vírgenes, y verla así es lo mejor del mundo”.

-¿Qué hace ella para mantenerte tan enamorado?
“No sé (ríe)”.