Una difícil realidad: Mastectomía radical en el embarazo

Es un tratamiento seguro, pero las mujeres temen por su hijo y si podrán amamantar.

Carolina Canales
Do. 20 de enero de 2013, 07:00
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“Un cáncer de mama que se produce en una mujer embarazada es igualmente tratable que en una que no lo está. Eso debe ser un hecho que tranquilice a la paciente, sentir que su embarazo no es impedimento para ser tratada y curada”, explica Soledad Torres, cirujana de mama y jefa del Centro Integral de la Mama de Clínica Las Condes. Ella ha realizado extirpaciones de mamas en los pocos casos que se dan. Una de cada tres mil mujeres presenta cáncer de mama durante la gestación.

El diagnóstico del cáncer de mama en mujeres embarazadas genera preocupaciones y temores. La posibilidad de perder un seno mediante la mastectomía radical, es un duro golpe para cualquier mujer. Sin embargo, este mecanismo no representa riesgos para la futura madre ni para el hijo en gestación. Es la cirugía más recurrente en estas situaciones.

Por esto, encontrar las palabras adecuadas es fundamental para poder contarle a la mujer que padece la enfermedad. Soledad Torres cuenta que “el momento de dar el diagnóstico, en general, a una paciente embarazada o no, siempre es una situación difícil, dolorosa, que a la paciente le causa un gran temor y es una angustia, pero para uno como médico también es un momento difícil. Para una mujer embarazada, con mayor razón”.

El procedimiento es el más eficiente de acuerdo al periodo en que se encuentra la mujer. Dependiendo del tiempo de embarazo que tenga, la edad gestacional, las alternativas varían. El estado de avance de la enfermedad y el tamaño del tumor también determinan el tratamiento que se aplicará a la futura madre. Sólo si está próxima al nacimiento del bebé, podría realizársele una extirpación parcial y, después del parto, complementar con quimio o radioterapia.

Esto ocasiona reacciones impredecibles de las pacientes que mientras cursan su embarazo son diagnosticadas con cáncer de mama y candidatas a una mastectomía radical. Torres señala que “la mayoría de las pacientes reaccionan mal ante la necesidad de tener que sacarles una mama, y el hecho de que estén embarazadas lo hace aún más difícil. Además en una paciente embarazada, la opción de hacer una reconstrucción mamaria, que en nuestro centro hacemos de rutina, es más difícil de ofrecer por el mismo embarazo”.

Los temores no tardan en aparecer. Las interrogantes abundan y los miedos invaden. En los casos que ha atendido Soledad Torres, las preguntas más comunes son los posibles efectos del cáncer y la operación sobre el embarazo y la lactancia y si el diagnóstico empeora o no por el delicado estado.


Juan Carlos Acevedo, médico del Centro Integral de la Mama de la Clínica Las Condes y coautor junto a la doctora Torres del texto “No le des la espalda”, afirma que “si se comparan grupos de mujeres en etapas similares de la enfermedad entre embarazadas y no embarazadas, la sobrevida es similar al menos en los estados precoces y el pronóstico desfavorable atribuido a esta asociación se debe principalmente al diagnóstico en etapas más tardías del cáncer durante el transcurso del embarazo y lactancia”. 

Alternativas o complementos

Hay al menos dos factores que intervienen en la decisión de realizar una cirugía de extirpación total o parcial. La fase del embarazo y el estado de la enfermedad.

Si la paciente se encuentra en las primeras doce semanas de gestación, es imposible conservar la mama. “Uno no puede esperar a que transcurra todo el embarazo para después hacer la radioterapia, porque los tratamientos de cáncer tienen una secuencia que uno tiene que respetar”, asegura Torres. Lo mismo sucede cuando el cáncer ha avanzado mucho y el tumor es de gran tamaño.

Cuando el embarazo lleva más de doce semanas, el proceso de formación de órganos del feto ya terminó, por lo que los peligros se reducen. Si la mujer requiere quimioterapia en esta fase, puede recibirla. En una etapa previa es riesgosa.

“La indicación de quimioterapia a una mujer embarazada constituye una decisión difícil ya que involucra no solo al médico tratante, sino también al ginecólogo, al pediatra, a la familia y al niño por nacer”, sostiene Juan Carlos Acevedo en su texto.

Si la mujer está próxima a dar a luz, puede realizársele una mastectomía parcial y después del nacimiento comenzar con la radioterapia quimioterapia.

Todas las complicaciones generadas se derivan del diagnóstico tardío a causa del embarazo. La mama aumenta de volumen y consistencia del tejido, lo que dificulta descubrir la enfermedad. Acevedo sostiene que “estos cambios influyen en que el diagnóstico de cáncer de mama durante el embarazo, que es fundamentalmente clínico, sea difícil y habitualmente tardío. Se agrega el hecho de que en este período de la vida de la mujer ni el médico ni la paciente piensan en cáncer de mama y por ello no se busca con detención”.

Un chequeo frecuente y completo del cuerpo en el embarazo ayuda a prevenir un avance del cáncer de mama. Lo importante es saber que en caso de enfermedad el tratamiento se realizará sin afectar al feto, con el fin de lograr la recuperación de la mujer.