Álvaro Escobar, encantado por una mujer muy especial

El actor y ex diputado -que acaba de estrenar su late “Más vale tarde”-, comparte su preocupación por no poder dedicarle todo el tiempo necesario a su hija, Aurora, y comenta cómo será enfrentarse a sus antiguos colegas parlamentarios, como entrevistador. “Sería especialmente morboso invitar a Enríquez-Ominami”, asegura.

Por Ángela Tapia. F., Emol
Mi. 13 de marzo de 2013, 08:19
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Sebastián Salgado, El Mercurio

Sebastián Salgado, El Mercurio

“La mujer, en general, hincha, hincha, hincha”, alega, muerto de la risa, Álvaro Escobar, al ser consultado sobre algún defecto femenino que apenas tolere, y como parte del sinfín de entrevistas que ha dado en el último tiempo.

El motivo de tanta atención de los medios hacia este padre, abogado, actor, músico, locutor radial, conductor de tv y ex diputado (ex PPD, luego independiente), es lo que muchos han catalogado como “el regreso” de Álvaro a la televisión.

Si bien, tras un año sabático que disfrutó a concho con Aurora, su hija, hoy de cinco años, protagonizó la exitosa teleserie del mediodía “Esperanza” y condujo el programa “Divididos”, es sin duda con “Más vale tarde”, el nuevo late de Mega, que parece coronar con bombos y platillos su retorno a los medios de comunicación y veinte años sobre los escenarios.

“A pesar de la interrupción de cuatro años en la Cámara de Diputados, seguí actuando en teatro”, comenta quien en su minuto aseguró sentirse “chato” en su labor política, luego de haber renunciado al partido que lo respaldaba, por sentir un nulo apoyo a la iniciativa de cambiar el sistema binominal. Luego, recordado sería su apoyo a la candidatura presidencial de Marco Enríquez-Ominami, hecho que lo obligó a repostular, pese a haber asegurado antes que no seguiría en la carrera política, según dijo, para no “avergonzar” a su pequeña hija en un trabajo tan cuestionado por la ciudadanía. “Esos años fueron difíciles, siendo (la Cámara) una de las instituciones más mal evaluadas”, recuerda.

Y es precisamente Aurora quien hoy lo tiene preocupado y sigue siendo la prioridad en sus decisiones. Aunque declara estar totalmente entusiasmado con todo lo que se viene en televisión para él, le complica que sus obligaciones no le permitan estar todo el tiempo necesario cerca de ella. “Desde que nació, he modelado mi vida profesional, de manera que no  interfiera con estar a su lado”.

-Pocos hombres hacen ese espacio. A veces la presión de solventar no se los permite.
“Y espero no estar cometiendo el mismo error. Pero hay cosas, momentos, que pasan y no vuelven. Además, yo fui papá muy viejo, a los 40, y sé que ella tendrá menos papá en el futuro. Por eso me preocupo y le tengo respeto a ese desgaste que se viene”.

Toma su celular para enseñar la foto de Aurora, que ocupa como fondo de pantalla. Se queda callado, y se emociona. “Yo no vivo con ella. Me separé de la mamá hace dos años, así que es fome, y siento que tengo que esforzarme más por estar ahí, presente en la vida de mi hija”.

-¿La ves todos los días?
“Sí, y le estoy haciendo su piecita en mi casa, a la que ella llama ‘mi casa propia’ en ‘la casa del verdadero bosque’, porque vivo en La Reina, lejos, en una casa que encontré sin refaccionar y con muchos árboles gigantes. Ese es el único ‘pero’ que tengo, pero no me quejo. Creo que hoy tengo una especie de segunda oportunidad. Siempre estuvo en mis planes hacer un programa como éste. No sé si tan preciso, pero hay pistas en mi pasado que dan a entender que era obvio que iba a terminar en algo así”.

-Es una buena oportunidad para enfrentarte a ex colegas del Parlamento con los que se guardaron rencores.
“Puede ser, pero con los que quedaron de los años en que yo estuve, no se me ocurre un ejemplo de mala relación o de algún resquemor, al contrario.  Lo que sí, tengo curiosidad por volver a encontrarlos, con cada uno ocupando el rol que ha elegido en la vida. En mi caso, yo conduciendo el late y con el derecho de hacer algunas preguntas, y ellos, ahí, perseverando en hacer algo importante, me imagino, en la Cámara de Diputados.
“Sería especialmente morboso invitar a Enríquez-Ominami. No es diputado, pero como tuve mucho que ver con su candidatura presidencial sería divertido, porque siempre la política va a ser vista de una manera distinta si estás metido en ella a si estás con alguna distancia”.

-Dada tu rabia mediáticamente declarada a tu salida del PPD, se podría esperar que haya quedado algo de rencor con algunos personajes.
“Sí, yo lo pasé pésimo, muy mal. Fue duro, especialmente cuando quería hacer algún cambio, porque si uno quiere hacer la misma política de siempre, hay que ir con el lote no más y se hace fácil. Pero fue parte del aprendizaje, y luego uno agradece y continúa. Creo que podría ser más complejo para algunos diputados y senadores que me conocieron, responder a las preguntas que yo les pueda hacer, porque tengo información que no tiene el común de los periodistas. A mí no me pueden mentir, yo estaba ahí”.

-¿Te despediste definitivamente de la política?
“En el sentido formal, sí. Estoy seguro que  si uno quiere hacer política en el más generoso sentido del término -hacer ciudadanía-, no es necesario estar en el Congreso Nacional, que es esencialmente retórico y donde uno no tiene las atribuciones que uno quisiera. Entonces, lo que tengas la necesidad de decir en un micrófono o ante una cámara, probablemente tendrá más impacto que lo que pueda decir un parlamentario, incluso en un proyecto de ley”.

-Muchos dicen que el ambiente en la política es complicado por el tema de los egos, pero en televisión no debe ser muy distinto…
“No sé, porque he aplicado algo que la Kristel  Köbrich ha comentado de una manera muy gráfica. Una vez que la entrevisté le pregunté que en qué se enfocaba cuando estaba nadando, y me dijo que cantaba, porque eso le permitía hacer centro y no estar pendiente del que está al lado. Así que la verdad es que no me entero, porque canto”.

-¿Cantas, cantas?
“Hoy tengo dos niveles de reiki y estoy muy interesado en el método de activación de la glándula pineal de la Fresia Castro, que te enseña a estar en un plano más allá de sentimientos como el miedo o la envidia. Eso tiene que ver con cantar. Es como estar voladito, aunque yo no fumo pito (ríe)”.

-¿Esta búsqueda, cuándo comenzó?
“Desde siempre. Acuérdese que yo terminé la carrera de Derecho, para cambiarla por la de actor. Hacer eso era más fiel al niño que era y estaba más conectado a mi matriz espiritual que a la racional, que también era muy potente, especialmente por la influencia de mi padre; ingeniero comercial, con el tío, ministro de Jorge Alessandri y después de Pinochet. Entonces, al decirle mi primera opción, la de estudiar Teatro…”.

-Sobre su cadáver…
“No, peor, manipulador: ‘¿Estás seguro? Pero es que sabes, a ti te interesa la política, ¿cierto? Bueno, donde se forman los políticos en Chile, es en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile’. Y ahí me agarró. ¡Cinco años estudiando! ¡No quería más! Hasta que me licencié y listo. Si yo iba para otro lado, lo raro es haber estudiado Derecho. Aunque al final, fue parte de mi vida”.

-Que este año celebras con 20 años sobre el escenario y con programa propio.
“Sí, ‘más vale tarde’, dicen. Siento que este año justifica todo lo que en su minuto parecía un desacierto creativo; estudié Derecho, fui dirigente estudiantil, después actor, hice radio, documentales, música, fui diputado… Y ahora, es como si Diosito me dijera ‘¿ve, pues? Le dije que tenía que ser paciente, que todo tiene una razón de ser. Incluso, lo que usted tomaba por malas noticias, eran buenas. Lo que pasa es que yo suelo disfrazarlas, porque lo quiero molestar un rato (ríe)”.

-Hincha e hincha, ¿no será mujer, Dios?
“¡Claro! Su energía es femenina, absolutamente. Nunca lo había pensado”.

-Una mujer importante en tu vida es Aurora. ¿Será la que te tenga más cortito?
“Es que se ve bien sanita y feliz. No hay tensión a su alrededor. Vive en una comunidad con su mamá, y aunque no tiene más hermanos, está rodeada de muchas niñas; la Lauri, la Nené, la Adri, la Anto, la Amara… Así que está muy protegidita y contenta. Su colegio es un lujo, además, porque es Montessori, donde no tratan de hacer señoras chicas de cinco años”.

¿Cuál es tu vicio privado?
“Tengo varias manías. ¿Cuál decir públicamente? Bueno, tengo un altar en mi casa, y me preocupo especialmente de que refleje mi estado de ánimo o total. Está en un lugar de tránsito en mi casa, y si paso frente a él y veo que hay algo fuera de lugar y paso de largo, siento que no puedo andar así en la vida y atino. Estoy muy pendiente, siempre. No sé si es neurosis o manía. No quiero que sea una manía. Quiero que sea un recordatorio, de que tengo que estar viendo de cómo estoy viviendo”.

-¿Tienes algo especial ahí?
“Tengo una foto del cura (Gerardo) Whelan. A él lo conocí cuando me casé, un momento muy lindo de mi vida, y en un matrimonio que duró un año. Él, en el acto de la confesión, me enseñó algo que me cambió la vida. Se supone que la confesión es secreta, pero yo creo que a él le gustaría que yo comparta esto: me enseñó a dar las gracias”.

-¿De penitencia?
“Claro. Yo le confesé algo que obviamente no voy a publicar, pero que le había dado una connotación negativa, oscura. Y en vez de darme de tarea una cantidad de ‘padrenuestros’ y ‘avemarías’, él me ordenó a que apenas saliera de ahí, diera las gracias. ‘¿Perdón?’, le dije. ‘Sí, va a salir y va a dar las gracias. Agradezca todo, el dolor, la alegría. Todas esas cosas son visitas de Dios. Agradezca, no sea tonto. Así que cuando lo veo (en la foto), le digo ‘ya, ya, sí me acuerdo’”.