La obsesión por los músculos: Descubre en qué consiste la vigorexia

Sylvester Stallone, Taylor Lautner, Ryan Reynolds y otras celebridades han pasado por esta peligrosa adicción. El precio de buscar el cuerpo perfecto.

Carolina Canales H
Sa. 16 de marzo de 2013, 07:00
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La obstinación por eliminar hasta el último rastro de grasa y tener la figura ideal, puede llevar a correr grandes peligros por pasar largas horas en el gimnasio y excederse en el ejercicio. Por esto, hay personas que sufren una anomalía psiquiátrica que produce una distorsión en la percepción que tienen de su cuerpo y buscan obtener más masa muscular: la vigorexia.

Entre los famosos, hay varias estrellas que por gusto o por trabajo han debido exacerbar sus músculos. Por ejemplo, Taylor Lautner estuvo a punto de perder el papel de hombre lobo en Crepúsculo, ya que los productores necesitaban a alguien más robusto. Por eso debió entrenarse hasta alcanzar el rol que le dio gran popularidad y fama.

Así también, Sylvester Stallone luce grandes figuras en la última película Rambo, pese a sus 65 años, mientras que Ryan Reynolds desarrolló su masa muscular para la actuación protagónica en Linterna Verde.

Arnold Schwarzenegger, por su parte, se convirtió en uno de los símbolos de la gran musculatura, la que luego se vio desplazada por su labor como gobernador de California. Incluso fue modelo a seguir por muchos hombres que vieron en él al modelo ‘ideal’ para ser considerado como atractivo.

Estudios realizados en Estados Unidos y en Europa demuestran que esta tendencia está en aumento y alcanza al menos el 10% de los hombres entre los 15 y los 30 años, quienes son los más afectados. Ellos buscan incrementar su musculatura porque creen lucir muy delgados y destinan gran parte de su tiempo al gimnasio.

Aunque es saludable hacer deporte, no es bueno exagerar en el tiempo, a menos que sea un deportista profesional o tenga un muy buen entrenamiento físico. “Algunos hablan de horas de entrenamiento físico adecuado, poniendo un máximo de siete horas semanales, lo cual puede ser cierto para un grupo de personas, no obstante aquellos habituados a realizar deportes y los profesionales claramente pueden exceder estos tiempos sin que eso signifique un sobreentrenamiento”, comenta el traumatólogo de la Clínica Alemana, David Fiegueroa.

La vigorexia -también conocida como complejo de Adonis- no está reconocida como una enfermedad, ya que tiene poca exploración, pero es considerada como un síndrome inverso a la anorexia. Si bien no se tiene un registro de cuántos chilenos lo padecen, lo cierto es que cada vez es más frecuente encontrar jóvenes que lo dan todo por su apariencia física.

¿Cuáles son los rasgos?

 En general, los vigoréxicos se miran mucho en el espejo sin sentirse satisfechos con su apariencia, se pesan varias veces al día, recurren al gimnasio más tiempo de lo adecuado para desarrollar más masa muscular y tienen una baja capacidad aeróbica. Además, su alimentación no integra grasas, pero sí una alta cantidad de carbohidratos y proteínas. El aspecto que más riesgos representa es el uso de anabólicos o esteroides sin suficiente control.

El psiquiatra de la Clínica Alemana, Alejandro Koppmann, afirma que “los vigoréxicos no tienen conciencia de su condición, no se cuestionan su compulsiva necesidad de ejercitarse para obtener el desarrollo de la masa muscular ni los riesgos del consumo de anabólicos. Ellos creen que realmente lo requieren, porque se ven en el espejo como enclenques y débiles”, dice.

También se considera que estas personas tienen baja autoestima, inseguridad, les cuesta relacionarse y basan su identidad de acuerdo a la imagen física. Por eso quienes sufren de vigorexia se alejan de las actividades sociales y prefieren entrenar con el fin de alcanzar la figura perfecta para recobrar la confianza en sí mismos.

A eso se suma que la vigorexia tiende a aparecer relacionada a otras enfermedades o trastornos y cuadros psiquiátricos como las obsesiones, la depresión, la ansiedad y la dificultad para dormir. “Generalmente, son los síntomas de estas otras patologías los que llevan a los vigoréxicos a consultar a un especialista”, sostiene Koppmann.

Es ahí, en el momento del diagnóstico y el reconocimiento por parte de los afectados que se puede comenzar a hablar de tratamientos. No obstante, de forma previa, los obsesionados con la musculatura deben estar conscientes de los riesgos para la salud a los que están sujetos. No es una simple obsesión.

Peligro para el cuerpo y para la mente

En el área cardiovascular también tienen complicaciones producto de la baja irrigación sanguínea que genera el engrosamiento del músculo cardíaco. Así, los vigoréxicos están propensos a sufrir infartos. De la misma forma, se exponen a lesiones traumatológicas como tendinopatías, desgarros y fracturas óseas por estrés. La poca armonía corporal es frecuente, ya que el descontrol en el tamaño de los músculos produce un aspecto desproporcionado.

Desde la alimentación comienzan a producirse desbalances nutricionales que atacan al sistema renal. Esto dado que consumen más proteínas de las necesarias para un correcto funcionamiento, además de que comen bastante, pero sin variedad. Si a eso se le suma la ingesta de esteroides y anabólicos, el panorama se oscurece.

“El abuso, o el uso crónico de los esteroides anabólicos sin control, es el que puede llevar a alteraciones importantes que se dan en varias esferas del organismo. Alteraciones del equilibrio hormonal que pueden producir disfunciones sexuales, hipoplasia gonadal, ginecomastia, caída del cabello, acné, otros cardiovasculares como hipertensión arterial, alteraciones en la coagulación de la sangre, y finalmente toxicidad hepática”, advierte el traumatólogo David Figueroa.

En el plano psicológico, el tiempo que le destinan a conseguir una musculatura cada vez mayor, los lleva a apartarse de las actividades sociales y se relacionan sólo con quienes comparten su adicción, a la vez que se compara entre sí. Pese a esto, es posible abandonar la obsesión por el ejercicio. Las terapias cognitivas conductuales complementadas con inhibidores de serotonina consiguen eliminar los cambios psicológicos, sin embargo, son muy pocos quienes acuden a buscar ayuda profesional.

Para frenar el daño corporal ocasionado, lo mejor es regular la alimentación y reincorporar todo tipo de nutrientes. Asimismo, el entrenamiento tiene que ser adecuado y realizado de forma responsable. “El ideal es hacer ejercicio regular, no exagerar las cargas ni los tiempos, no terminar extenuado y fatigado, dar tiempo para la recuperación muscular, dejar días de descanso, mantener una buena alimentación equilibrada en sus componentes, reponer líquidos perdidos durante la actividad física”, dice Figueroa.

Luego de alcanzar el equilibrio mental y corporal, los vigoréxicos logran cambiar la percepción de su cuerpo, el control de sus pensamientos y vuelven a estar saludables corporalmente.