Álvaro Gómez: “Aprendimos a empatizar con el género femenino”

El hombre que da vida a Robinson Martínez en “Las Vega’s” asegura que ya es hora de que los hombres se saquen los pantalones y tomen el lugar del objeto sexual que por tantos siglos ha estado relegado a la mujer. “Él también se puede disfrazar o hacerle un baile a su mujer, y te aseguro que ella va a estar muy agradecida”, comenta.

Por Ángela Tapia. F., Emol
Mi. 27 de marzo de 2013, 08:22
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María José Vásquez, El Mercurio.

María José Vásquez, El Mercurio.

“¿A cuánto el oblicuo?”, le preguntaban por Twitter apenas Álvaro Gómez (32) se bajó del avión. Después de meses de grabar “Las Vega’s”, el actor y su polola, la bailarina Francini Amaral, decidieron ir a relajarse a Jamaica, sin sospechar que a su regreso -un día después del estreno de la nueva nocturna de Canal 13- la performance de Robinson Martínez (el personaje del actor) rompería la sintonía.

La escena es directa y potente. Un vedetto profesional, amante de su arte, aparece personificando a Rambo, robándose el escenario entre el griterío femenino. “Estaba muerto de susto”, recuerda de ese momento Álvaro, pese a que alguno de sus colegas haya confesado que de los protagonistas masculinos de la novela, él es el que más tenía “alma de toplero”.

“No es eso. Es que Robinson no puede sentir vergüenza. Se cree el cuento y está orgulloso de lo que hace, así que yo debí creerlo también”, explica, quien en su momento también personificara al villano de “Martín Rivas”, Clemente Valencia. “Ser vedetto es un oficio digno, con un valor artístico importante, de entregarle algo a la mujer. Y con esta teleserie al menos, estamos llegando a ellas y al público gay que quiere ver al hombre como símbolo”.

“La idiosincrasia nuestra es muy machista, y por muchos años se ha dedicado a explotar la sexualidad femenina y al género, como el objeto erótico. Y hoy, ver que se invierte todo y somos los hombres los que nos quitamos la ropa y nos destapamos en pro del disfrute femenino, lo encuentro la raja”.

-Bien poco se ha explotado la sensualidad masculina, en todo tipo de formatos. Siempre lo muestran como para broma…
“Es que en este caso no es un chiste. Les bailamos a las mujeres, como lo haría un vedetto en una despedida de soltera. La gran diferencia que existe con ellos, es que generalmente, lo que hacen es más sexual; se sacan la ropa rápido y no hay mucho baile. Nosotros quisimos hacer un espectáculo erótico con coreografía. Por eso invito a los, entre comillas, colegas a que lo hagan”.

-¿Y un llamado de atención para que los hombres se motiven más?
“Yo no sé si esto vaya a ser una transformación cultural, pero puede ser un incentivo para que los hombres desarrollen más la imaginación en torno al erotismo. Él también se puede disfrazar o hacerle un baile a su mujer, y te aseguro que ella va a estar muy agradecida.
“No tengo idea de cómo es el chileno en la cama y no podría aventurarme en pensarlo, pero esto podría servir para que se preocupen de distintos detalles, de la flor puesta en algún lugar en especial, de hacer la cama de alguna manera, de un baño de espuma, de unos pétalos de rosa, una copa de vino, bailar, de soltarse y liberar ciertos pudores. En nuestra teleserie se ve el empoderamiento de las mujeres pero como proyección también podría desatarse un empoderamiento masculino de querer destaparse, mostrarse”.

 -Parece que siempre se topa con el machismo…
“Claro y de delegar toda responsabilidad a la mujer: ‘Oye, no estás yendo al gimnasio, estás más gordita, descuidada, la gravedad te está afectando’. ¿Y el hombre? ¿A qué está acostumbrado? ¿A hacer el amor como un cromañón?”.

-Algo que va ligado a la masculinidad.
“Por supuesto. A nosotros nos sirvió todo esto para aprender a empatizar con el género femenino. Tuvimos que preocuparnos de la figura al máximo, yendo al gimnasio y cuidando la dieta, ¡depilarnos hasta el rebaje!”.

-¿Con cera?
“La primera vez sí. Después me afeitaba, porque fue una tortura. Vi burros de todos colores. Y con estas cosas empiezas a empatizar con la mujer y a entender su vida”.

-Que es sufrida…
“De verdad que es sufrida, y a eso se le suman las discriminaciones de género, que sigan ganando menos que los hombres al hacer la misma pega. En el equipo se generó algo muy divertido, con el club de Lulú y el de Toby. Mientras ellas se iban a almorzar a un restaurante peruano cerca del canal, con el mejor lomo saltado y un pisco sour, los hombres nos teníamos que ir a comer una ensaladas con agua”.

Chistoso y bueno para hablar, Álvaro se maneja en el don de ir de un tema para otro como un campeón, como cualquier persona que realmente tiene mucho por decir y compartir. En un rato, puede estar hablando del orgullo que siente de la obra que dirigió el año antepasado, “El Muro” (sobre los últimos 50 minutos de vida de ‘El Tila’), para profundizar el por qué la sociedad es capaz de crear personalidades de ese estilo.

Al ser consultado sobre el homenaje que la municipalidad de Osorno (su ciudad natal) le hizo en 2012, baja un poco las revoluciones de su charla, para decir que está muy agradecido, aunque le da pudor el tema de los premios. Tanto es así, que las medallas que ha ganado jugando para el Club Deportivo Colaless y Viejos Lobos, las tiene por ahí guardadas, igual que su trofeo al mejor jugador de la final de la liga.

-Bueno, después de años trabajando en televisión (debutó con “Vivir con 10”), obras en el cuerpo y una carrera viento en popa, parece meritorio el homenaje en Osorno.
“Sí, y me sentí la raja por eso. Me emocioné hasta las lágrimas. Vi al público parándose de sus sillas y aplaudiendo, y en primera fila, a mi mamá con su pareja, a todas mis tías; y a mi tía abuela, que es una vieja exquisita, con un queque para regalarme. Me di cuenta que eso es mi vida, que por ellos he trabajado mucho tiempo, por las cosas que quiero y que me hacen estar mejor”.

-¿Con ganas de volver al sur?
“Yo me quiero ir a vivir de vuelta al sur. Me encantaría en el futuro poder elegir mis proyectos y vivir allá, con un aire mucho más limpio, un paisaje más prístino, y una buena calidad de vida para mi familia; tener animales, una huerta, vista al lago. Cuando estoy allá, se me pasan los dolores de cabeza, los tics nerviosos, la ansiedad.  Soy más feliz allá, aunque en Santiago no me falte nada. Sé que tengo el amor de mi familia, el de mi novia, estoy bien económicamente, tengo muy buenos amigos, lo paso bien trabajando y juego a la pelota”.

-¿Por qué la ansiedad, entonces?
“Porque siempre he sido así. Me cuesta concentrarme, soy un poco obsesivo compulsivo, como la película de Jack Nicholson un poco (‘Mejor imposible’). Pero esas cosas las he tratado y tengo mi doc y todo”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Mi vicio es el cigarro”.

-Ahora estás más limitado con eso, por la nueva ley.
“ Me parece bien la ley, porque es buena para el no fumador, pero, de paso, anula la libertad de los fumadores. Si por este tiempo no se preocuparon de subirles los impuestos a las tabacaleras, no me vengan a molestar ahora. Alguien tiene que hacerse responsable de que durante muchos años nos vendieron cigarros baratos, creando las instancias de que la gente se hiciera viciosa. Eso me molesta, igual como lo que pasó con Ariel Mateluna (‘Machuca’)”.

-¿Qué te molesta de eso?
“¡Que pareciera que hay una cacería de brujas! No es casualidad  que aparezca gente de ‘Yingo’ o Ariel, entre los incautados. ¿Qué pasa mientras con temas más graves del país? Es divertido, porque después de ver estas noticias, te juntas con abogados, médicos, un juez, el investigador privado y hasta el policía, que fuman marihuana. Hoy están dadas las condiciones para dialogar el tema, con altura de mira y de forma responsable”.

-Para terminar, quedó una duda, ¿has aplicado lo que aprendiste de Robinson en tu casa?
“Pregúntaselo a la Fran (ríe). Con respecto al baile, tenemos una relación divertida. Ella todo lo que baila lo hace en serio. Pero si me pongo a hacer lo de Robinson en la casa, es divertido y no tan erotizante. La Fran se mata de la risa. Aún no compro disfraces, me falta poner el caño (ríe)”.