Sarah Lark: “Las mujeres fuertes tienen una historia que contar, las débiles, no”

De visita en Chile, esta best seller asegura que mujeres como Angela Merkel no necesariamente responden a un liderazgo masculino. En sus libros –la trilogía sobre Nueva Zelanda- expone crudamente todo tipo de violencia contra la mujer porque ésta se ha perpetuado con los años.

Por María José Errázuriz L.
Ju. 02 de mayo de 2013, 08:14
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Ediciones B

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Para quienes han leído su trilogía best seller sobre la colonización de Nueva Zelanda –que parte con “El país de la nube blanca” y sigue con “La canción de los maoríes” y El grito de la tierra”- Sarah Lark esconde varias sorpresas.

La primera es que no es neozelandesa como se podría suponer, sino alemana y vive en España hace más de 10 años. La segunda, que su nombre no es Sarah Lark, sino Christiane Gohl, pero también escribe con otra buena cantidad de seudónimos como Ricarda Jordan o Elisabeth Rotenberg, todas autoras muy vendidas.

Menuda, de unos intensos ojos azules, Sarah Lark estuvo de visita en Chile para promover su reciente dilogía, esta vez sobre Jamaica, “La isla de las mil fuentes” (que ya está entre los libros más vendidos), donde nuevamente las mujeres, de un carácter casi indomable, son las protagonistas.

Algunos aseguran que es una veterinaria frustrada porque su primera pasión –por sobre la escritura- son los caballos, a los que le dedica dos tercio de su tiempo. Precisamente por el conocimiento alcanzado en ellos ha escrito más de 150 libros sobre cuidado de equinos y otros temas relacionados, pero el mismo tópico la obligó a utilizar nuevos seudónimos para publicar historia novelada, como sus últimos best sellers.

Se define como europea, quizás porque a pesar de haber estudiado pedagogía y luego psicología, ejerció como agente de turismo y periodista, lo que la llevó a conocer diversos países, entre ellos, la isla de la nube blanca. De Alemania arrancó porque, de verdad, no soporta el frío, y de ahí que se instalara en la templada región de Andalucía.

La famosa trilogía que la ha hecho conocida acá también es sorpresiva. Una editorial quería una historia sobre ese país y la encargó a diversas escritoras, pero todas fueron rechazadas por ser consideradas depresivas. Sarah Lark dio en el clavo y terminó escribiendo siete libros sobre Nueva Zelanda, entre ellas “El oro de los maoríes”.

-Algunos denominan tu estilo como literatura femenina o para mujeres, ¿te incómoda la clasificación?
“Escribo para mujeres porque yo soy mujer. La verdad, es que escribo para mí y por eso, me gusta escribirles a mujeres.
“Ahora, no me afecta la calificación. En Alemania no hacen una distinción entre literatura para mujeres y literatura para hombres; ellos hablan de literatura seria o trivial y a mí se me clasifica en la última. Me da risa porque en España dicen que escribo como Jane Austen, pero en Alemania critican diciendo que escribo por el dinero. Es más, si escribes mucho, como lo hago yo, dicen que no pueden ser novelas buenas, pero no me preocupa.
“Creo tener talento, entonces no me aproblema y creo que es tonto. Que los críticos lo digan no me molesta porque creo que los importantes no son los críticos, sino los lectores y ellos quieren mis libros”.

-En tus series, te remontas dos siglos atrás, y tus protagonistas son mujeres fuertes, pero en esas sociedades ellas estaban dominadas.
“En cada siglo podemos encontrar mujeres fuertes y mujeres débiles y que se dejaron dominar. En el S XVIII era difícil no dejarse dominar, pero hoy, actualmente, existen mujeres que se quieren dejar dominar. Tienen la posibilidad de trabajar, no tener hijos, pero aún así esperan tener un marido que las mantenga.
“Es verdad que mis mujeres son fuertes porque yo quiero contar una historia y las mujeres débiles no las tienen; qué escribes, que obedecen primero a su padre y después a su marido. Eso no es una historia, en cambio, en mis novelas, las mujeres abandonan sus países y ahí ellas sufren transformaciones”.

-¿Ves a las mujeres hoy, en su generalidad, potentes? ¿O hay muchas sometidas?
“Creo que en su mayoría son fuertes. Tienen que ser potentes porque el mundo es competitivo”.

-Acaba de morir Margaret Thatcher y en tu país gobierna Angela Merkel. Algunos las admiran y otros las critican por ser ejemplo de liderazgo masculino.
“No creo que ellas lo sean. A lo mejor Thatcher fue más masculina que Merkel, pero el ser fuerte no necesariamente significa no ser femenina. Angela tiene que ser fuerte para poder dominar a todos esos machos que la rodean, pero ella no ha perdido su femineidad. Quienes la conocen es una mujer de hogar, le gusta cocinar, le gusta estar con su marido”.

-Se afirma que para que una mujer llegue a la cima tiene que ser masculina.
“Hay que remitirse a los orígenes; ser femenino es tener los óvulos y ser masculino es tener espermios, todo el resto son elementos que entrega la sociedad. Masculino no significa ser líder o ser fuerte, es cosa de observar a los caballos, donde la yegua es la que define dónde se va, la que guía a la manada y el caballo va atrás. En la naturaleza ser fuerte y ser el líder no tiene que ver con ser el macho o la hembra”.

-En tus novelas abordas la violencia contra la mujer ya sea en violaciones, prostitución, maltrato permanente. ¿Lo haces por algún motivo?
“La violencia contra la mujer existe desde los neardentales y en parte, porque las mujeres se dejan maltratar o tienen mala suerte, porque eligen al hombre falso. Creo que escribir de esto busca dar el mensaje que no se deben dejar violentar; al primer golpe se debe terminar con esa relación”.

-¿Qué crees que perpetúa en los siglos este escenario?
“En pleno S XXI falta ayuda, más justicia, más protección policiaca, más amparo. Conozco a una chica alemana que fue violada por su padrastro desde los tres años y a los 10 años resolvió detener la situación cuando descubrió que hacía lo mismo con otras dos niñas. Tras hacer la denuncia ha sido sometida a interrogatorios, exámenes psiquiátricos para resolver si dice la verdad y hasta el día de hoy, el hombre no ha sido, siquiera contactado.
“Algo falla en el sistema y por eso, creo que se debe seguir hablando del tema”.