Francisco Eguiluz: Cómo se relaja un conductor de noticias

Pese a que cada mañana debe dar a conocer los más escabrosos hechos en tv, este sureño sabe volver a sintonizarse con lo lindo de la vida. Aquí nos habla de sus distracciones y cómo el haber vivido rodeado de mujeres han creado a un hombre “chapado a la antigua”, pero según el, nada machista.

Por Ángela Tapia. F., Emol
Mi. 15 de mayo de 2013, 08:15
Más Ménos
Felipe González, El Mercurio.

Felipe González, El Mercurio.

En una tarde soleada de invierno santiaguino, Francisco Eguiluz (39) apenas puede soportar los rayos de sol que se proyectan en su frente. Como buen sureño -valdiviano- prefiere la lluvia, acompañada de una cerveza y un buen crudo que, como dice, están a años luz de lo que se encuentra en la capital.

Hace varias horas que salió de su trabajo. La conducción junto a Macarena Puigrredón de Meganoticias Matinal, le permite tener prácticamente toda la tarde libre para compartir con sus dos hijas, Azul (9) y Alma (4), sobre todo desde que hace un año se separó de su esposa.

Es gracias a estas actividades de matiné que se distrae de las noticias más crudas que debe informar en televisión, y asegura que una cosa es estar en un estudio y otras reporteando en terreno. “Cuando estuve un mes en Concepción por el terremoto, estuve tres meses sin poder reírme”, cuenta, y confiesa que en alguna oportunidad se puso a llorar con una nota que dieron en su noticiero, de unos niñitos de la Octava Región que no tenían ni zapatos para ir al colegio. En cuanto a la política, dice que a estas alturas ya le da risa.

“Al final, limpio mi mente con mis hijas. Llego a la casa y trato de separar los roles, dejando el papel de periodista. Respiro, juego con ellas, leo, veo una película…”, dice este hombre, acostumbrado al entorno femenino, tras haberse criado como único hijo hombre y dos hermanas e incluso haber compartido un tiempo pieza con su abuela, que le daba dulces y si estaba castigado, era la encargada de ir a pedir que, por favor, dejaran salir al niño a la fiesta.

El resultado, al parecer, es este periodista querendón, que asume ser malcriado, pero que se defiende del calificativo de machista con argumentos que suenan convincentes, pero que a ratos saca frases del estilo: “Lo que pasa es que soy chapado a la antigua. Para mí, las minas no pagan la cuenta y soy malo para lavar la loza… Los restos de comida me complican. Puede influir que sea del sur”.

-¿Y que tu abuela y hermanas hacían todo por ti?
“Sí. Pero no era por órdenes mías. Uno es mal criado. Esas cosas pasan y no porque uno las busque”.

-¿Es una prueba de que el machismo se genera por culpa de las mujeres?
“Sí, en un cien por ciento. Si hay mujeres que no aceptan al machista al lado, ellos tienen que cambiar la actitud no más. En mi caso, también influyó que tuvimos nana toda la vida. Y como yo era el hombre de la casa -porque mi papá iba a almorzar y volvía a trabajar-, me iban a despertar con desayuno a la cama en la mañana. Hasta el día de hoy, cuando llego a Valdivia, mi nana me pregunta a las 4 de la tarde si quiero algo”.

-¿Algo como un queque?
“No, como un chupe de locos. Y ahí parte a hacerlo de once. Me malcrían.
“En la época en que yo viví en el sur -hasta los 18- la cultura era mucha mezcla entre urbana y rural. Y en el campo, la cuestión es así, el hombre provee y la mujer trabaja en la casa. Lamentablemente, esa mentalidad se instaló y creo que se ha modificado muy poco, pese a que la mujer trabaja. En todo caso, lo veo acá también. La mujer llega del trabajo a su casa, para seguir trabajando. Pero ese es un problema de las mujeres”.

-¿De las mujeres?
“Claro. En mi casa, estando yo casado, no pueden decir nada con respecto a ese tema. Yo estaba con las niñas todo el día; las mudaba, las bañaba, eran tareas compartidas. Me parece lamentable que eso no pase, porque la mujer afuera se saca la mugre igual que uno. Así que cuando me dicen que soy machista, sí, en algunas cosas sí. Pero hay otras que no puedo aceptar.
“No tengo problemas con el tema de la plata. Imagínate que a mí me administraron la plata toda la vida. Soy desordenado, así que la plata en mi poder no es muy rendidora. Y me daban montos reducidos para la bencina, los cigarros, la salida con los amigos, la ida al estadio…

-Necesidades básicas de un hombre…
“Exactamente, pagar la pichanga, por ejemplo. Para las cuentas soy malísimo. Ahora que vivo solo, ya me cortaron la luz la otra vez. No soy de hábitos”.

-¿Qué pasa con tareas como el planchado?
“Aprendí a colgar la ropa de cierta forma que no hay que plancharla, pero si tengo q ir a algo más o menos decente, voy y me plancho la camisa. También me lavo la ropa a mano. No tengo lavadora, así que dejo la ropa remojándose en la mañana y cuando vuelvo en la tarde, la saco y chao”.

-¿Ya te acostumbraste a vivir solo?
“Sí, porque yo viví mucho tiempo solo antes de conocer a la Sarina (su ex esposa). Lo bueno es que mi horario me permite ver a mis hijas todos los días, así que el haberme separado no cambió mucho las cosas en ese sentido. Lo que cansa de esta vida en separado es que las tengo que llevar a todas partes; talleres, gimnasio, colegio… que hago porque las quiero aprovechar, pero implica correr a todos lados. ¡Oh! Ahora me acordé que las tengo que llevar a vacunar.
“Siempre he vivido rodeado de mujeres, pero mis grandes partners son hombres, mis primos y de mi papá, ni hablar. Él me sacaba escondido a los partidos de básquetbol cuando chico, para que no nos pillara mi mamá”.

Antes de dedicarse a las noticias, Francisco quería ser basquetbolista, como su papá, quien además de ser tocayo suyo y concejal de Valdivia, fue seleccionado nacional y dirigente del equipo de su ciudad. “(Pero) vi que no me daba para ser profesional. Me comparaba con mi viejo y aunque jugué en algunas selecciones, me dedicaba a las malas artes, a marcar, empujar… Los buenos eran otros”, cuenta, quien se dedicara por años a conducir programas deportivos en televisión por cable.

-¿Sigues jugando hoy?
“Sí, en el colegio de mis hijas. Tenemos un equipo y jugamos en una liga donde nos ha ido muy bien. No soy ni titular del equipo, pero hacemos una vuela rotación porque somos todos viejitos. Queremos correr como cuando teníamos 20. Y lo hacemos, pero en vez de 20 minutos, nos salen tres. Pero lo pasamos bien. En nuestro primer año jugando, ya hemos ganado cuatro y perdido dos partidos”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Soy loco por la comida y la cerveza, es lo que más me gusta. Pero mis manías tienen que ver con el deporte. Desde siempre vi el fútbol y el básquetbol con un cuaderno en la mano, tomando apuntes. Yo desaparecía los fines de semana, porque me encerraba en una pieza, a ver los partidos e ir aprendiendo movimientos. Yo quería ser entrenador de básquetbol algún día. Cumplí mi sueño, una vez en 2009, reemplazando al entrenador del equipo de Valdivia, donde mi viejo es dirigente. Ganamos con siete jugadores”.