Francisco Kaminski: El notero que rechazó un reality millonario

El periodista pasó de trabajar 18 horas seguidas como notero de farándula a hoy poder contar con su propio espacio en “SXN”, en Mega. Sabe que está en una etapa diferente, cosechando frutos y sin salirse del camino a su meta en la tv. En lo personal, se compró hasta una casa y se fue a vivir con su polola, Carla Jara.

Por Ángela Tapia. F., Emol
Mi. 29 de mayo de 2013, 08:19
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Héctor Flores, El Mercurio.

Héctor Flores, El Mercurio.

“Quiero ser el animador más importante que tenga este país”, dice el periodista Francisco Kaminski, emanando una seguridad y bienestar interno que advierte que está hablando convencido y en serio.

Hoy, lejos de los años de práctica en “Pasiones”, donde ‘El Kami’ se acuerda con cariño de ser el encargado de hacerle las tarjetas al recordado Felipe Camiroaga –“trascribía las cosas y después pegaba la hoja con Stick Fix”-y tras un largo período de notero de farándula en el extinto “Mira quién habla”, este alto y gracioso hombre está disfrutando los frutos de años de esfuerzo, de jornadas laborales de 18 horas esperando a algún famosillo, y de una serie de oportunidades que rechazó por cumplir su meta y llegar a estar al mando de un programa, que este año se materializó como animador de “SXN”.

“Ha sido un buen año en lo personal y en lo sentimental -estoy con una muy buena mujer (Carla Jara)-, y hasta siento que ya estoy más maduro, en otra parada de la vida. Bueno, a todos les llega el madurazo”, explica, antes de comentar que tiene ya 31 años y que jamás se arrepintió de rechazar la propuesta de entrar alguna vez a un reality en el que le prometían ganar 12 millones de pesos, justo en tiempos en que ganaba $370 mil al mes. “Yo tenía las cosas súper claras desde chico, de la universidad. Siempre me imaginé lo que me pasaría y sé lo que viene, así que estoy trabajando para eso”.

Por razones de salud –un desmayo por el que aún los médicos no encuentran el motivo – el también notero de “Mucho gusto” cambió el lugar de esta entrevista desde Mega a su hogar, donde, según se sabía, era un departamento que el periodista compartía con el actor Fernando Godoy. Sin embargo, la casa en Ñuñoa, con cuatro chiguaguas y los imanes del refrigerador que escriben “Carla y Kami”, dan cuenta de lo contrario.

-¿No vivías con Fernando Godoy?
“No, pero desde hace muy poco. Mi abuelo iba a vender esta casa que él mismo construyó, así que por un tema de cariño decidí comprarla. Igual nos seguimos viendo, sí vivimos juntos un año”.

-¿Qué tal la experiencia?
“Él es un amor de persona. A mí me ayudó mucho, porque me dijo que me fuera con él cuando me estaba separando, para que no estuviera solo, así que le estoy muy agradecido. Los dos somos muy livianos de sangre, así que salíamos muy temprano los dos, nos dedicábamos cien por ciento a nuestro trabajo y volvíamos en la noche, conversábamos un ratito y nos acostábamos a dormir”.

-¿Solo eso?
“Sí. Todo el mundo pensaba que nuestro departamento era la mansión Playboy, pero a lo más jugábamos un partido en la Playstation. Jamás tuvimos un periodo de carrete ni desenfreno. Al contrario; mucha gente nos pedía que nos desordenáramos. Tenemos un círculo de amigos súper cercano, con Fernando González y actores que se juntaban con él en la casa. Así que lo máximos que hacíamos era juntarnos a tomar un vinito, hacer un asado y jugar unos ‘play’”.

-¿Te molesta que se hable de tu pololeo en la prensa?
“Si bien yo no tengo problemas con decir con quién estoy -no me gusta jugar al ambiguo ni encuentro lindo andar desconociendo a tu pareja- me da pudor que me pregunten cómo la conocí o cómo le pedí pololeo... Cosas que creo que no le interesan a nadie. Pero no tengo problema en decir que estoy con la Carla, que es una mujer maravillosa y que me ha hecho sentir cosas que nunca había sentido antes, y por eso siento que es la mujer de mi vida”.

-¡Guau!…
“Pero más que eso, a nadie le interesa. Además, uno dice pío y das pie para que digan lo que quieran, conozco el negocio. Y creo que esas cosas dañan un poco la relación, y quiero cuidarla”.

Alma de bombero

“Yo sé que me hice conocido en farándula, y ahí nunca quise ser el hocicón ni nada. Me tomaba todo con humor. Partí haciendo notas donde solo aparecía mi mano con el micrófono, así que trataba de cambiarme el reloj como sello. Con eso ya me sentía súper realizado y sentía que estaba aprendiendo. Eso me sirve ahora para valorar el trabajo de todo el equipo de ‘SXN’”, dice Kami, bastante más delgado que en años anteriores, gracias a su constancia y una banda gástrica que se realizó hace unos meses, para evitar posibles problemas de diabetes que por herencia podrían afectarle. Con todo, asegura que el desmayo no tuvo nada que ver con su baja de peso.

-¿No te estará pasando la cuenta el trabajo?
“No, porque estoy haciendo tanto lo que me gusta que no me estreso. Siento que estoy en una etapa de crecimiento. Me encanta el servicio y parte de mi trabajo es la sección ‘Cumpliendo un sueño’ en el matinal, donde todas las tardes ayudamos a alguien a que sea feliz con algo que desea. Hemos ayudado a un niño ciego, sordo y mudo que no conocía el mar y quería poder sentirlo”.

Cerca de su casa está su 3° Compañía de Bomberos querida, la misma cuyo escudo lleva hasta tatuado en su brazo derecho y a la que entró por tradición familiar, llegando a tener el grado de teniente.

-¿Todavía eres bombero?
“No, tuve que renunciar cuando estaba en la universidad, por una cuestión de tiempo. No quería ser bombero para los asados no más. Pero mis compañeros siguen con mi papá y mi hermano. Fui bombero por siete años y viví dos y medio en la bomba. Una vez estuve hasta al borde de la muerte cuando se me cayó una muralla de adobe encima y quedé atrapado, hasta que quedé inconsciente. Tenía 17 años y se me pasó toda mi vida en un segundo.
“Las experiencias al ser bombero y la crianza con mi abuelo hacen mucho mi personalidad. Soy un tipo simpático, livianito de sangre, me gusta conversar…”.

-¿Tu apellido de dónde es?
“Polaco, aunque mi abuelo es alemán. Se vino a Chile cuando tenía como 6 años, porque su familia quería salir de Alemania, pero al llegar acá, se dieron cuenta que la educación no era muy buena, así que lo mandaron de vuelta con su hermano. De ahí partió la II Guerra, y en el mismo colegio lo reclutaron. Mi abuelo tuvo que pelear por un tema circunstancial, no porque hubiera sido nazi ni mucho menos. Y en plena guerra, por no matar a un niño, se vio involucrado con una granada y perdió una pierna. Hasta el día de hoy usa su pierna ortopédica.
“Después tuvo una vida llena de esfuerzo y sacrificios. Fue muy potente. Por eso mi forma de ver la vida tiene mucho que ver con eso; estoy convencido de que sin sacrificio no hay recompensa y que la perseverancia es la clave del éxito. Eso me lo enseñó mi abuelo”.

-¿Y con hechos en tu propia vida?
“Sí. Mi primer auto me lo regaló él: cuatro Fiat 600 que estaban inservibles, para que en un año armara uno entre todos. Así que me iba todos los fines de semana a trabajar a un taller que tenía mi papá, a lijar las puertas, comprar repuestos, armar y desarmar. Económicamente, mi abuelo no tenía ningún problema en comprarme uno, pero prefirió darme esas enseñanzas que hacen lo que soy ahora”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Los relojes me gustan harto”.

-¿Los que te cambiabas para que se vieran en la cámara?
“Sí, pero en ese tiempo no tenía tantos para cambiarme, porque no tenía plata. Hoy me gusta coleccionarlos, aunque es un hobbie caro. También soy súper agradecido. Todos los días agradezco, pero no por algo material; solo por tener un día más de vida, respiro y soy feliz, me doy fuerzas. Soy súper auto arenga para mi vida y con mis amigos. Me levanto y digo ‘¡vamos #$%&! ¡Te quiero ver!’”.