Dilema, abuelos tuvieron nieto usando esperma de hijo muerto

Pareja cumplió su deseo de ser abuelos recurriendo a una madre de alquiler.

Por Ofira Koopmans, DPA
Ju. 13 de junio de 2013, 15:09
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TEL AVIV. - Desde el momento en que llegó al mundo, hizo historia. R. es el primer bebé nacido en Israel como resultado del deseo de una pareja de ser abuelos sirviéndose del esperma congelado de su difunto hijo, que cuando murió era un soltero, a los 30 años.

Aunque la mayoría de israelíes celebraron con entusiasmo el nacimiento, el caso de la pequeña R. también ha desatado las críticas y cuestionamientos morales. La pareja de abuelos, que pidió mantener el anonimato, se dirigió a Irit Rosenblum, fundadora y directora de New Family.

Esta organización defiende el derecho universal de casarse y tener hijos, independentemente de la religión, género, nacionalidad u orientación sexual. Así, los futuros abuelos dieron con A., una mujer que deseaba convertirse en madre soltera.

A. no sólo accedió a la inseminación de esperma, sino que además recibió "de regalo" una pareja de abuelos cuando R. nació, el pasado mes de mayo. "Me resultó conmovedor ver la forma tan natural en que han encajado todo", dijo a DPA Rosenblum, subrayando que madre y abuelos tienen una relación "muy buena".

Las técnicas de inseminación artificial están ya muy extendidas en Israel, pero sólo ha habido unos diez casos de bebés concebidos utilizando el esperma congelado de hombres fallecidos. Lo especial de este caso es que es la primera vez que en lugar de la viuda, son los padres del fallecido los que optan por este avance médico para ser abuelos.

Todo comenzó hace 15 años, cuando un soldado entró en la oficina de Rosemblum y le contó que una herida sufrida en el ejército lo había dejado estéril. Eso la hizo pensar: "¿Por qué no congelar el esperama propio para el futuro, en caso de que algo suceda durante el servicio militar?" Al principio, cuenta, no pensaba en la muerte, pues la esterilidad a causa de heridas no es infrecuente entre los soldados israelíes.

Después, comenzó a investigar las posibilidades legales y objecciones éticas a lo que ella llama "determinaciones biológicas", término que ha acuñado y patentado en Israel, Europa y Estados Unidos. La determinación biológica es lo que permite a jóvenes mujeres y hombres conceder el permiso para usar sus óvulos o esperma congelados en caso de muerte o herida.

El primer caso que Roseblum representó fue en 2002. Un soldado murió tras ser disparado por un francotirador en la Franja de Gaza. Y la madre la llamó desde la morgue tras encontrar entre las pertenencias de su hijo un recorte que hablaba de Rosemblum. "Entendió que guardaba su última voluntad en el bolsillo", dijo la jurista.

Esa misma tarde, recolectaron el esperma -que puede ser recogido hasta 72 horas después de la muerte- y el caso ayudó a sentar precedentes, aunque tras la larga batalla jurídica la mujer a la que se inseminó no se quedó embarazada.

Desde el lanzamiento del proyecto, Rosemblum ha recibido más de 600 determinaciones biológicas. Y argumenta que incluso el Ejército estadounidense ha comenzado a sugerir a sus soldados que congelen esperma antes de ir al campo de batalla.

El papá de R., que falleció de cáncer, también había expresado verbalmente en muchas ocasiones su deseo de convertirse en padre. Pero para sus padres habría sido más fácil si hubiera dejado una determinación biológica, o al menos una declaración por escrito, apunta Roseblum.

Su iniciativa no está exenta de críticas.

Ruth Landau, profesora de trabajo social en la Universidad Hebrea de Jerusalén, ha escrito varios artículos sobre el uso de ovarios y espera congelado de personas fallecidas.

"El nacimiento de un bebé siempre es bonito", señala, pero "este bebé también crecerá y hay que pensar en lo que le ocurrirá a la identidad de esa nueva persona". En este sentido, sostienen que puede ser relativamente fácil desear un bebé si uno no tiene que tomar responsabilidades parentales. Rosenblum, de 54 años y madre de tres hijos, insiste en que ella sólo intenta ayudar.

"Hago todo lo posible para que una persona no esté sola", sostiene esta hija de dos supervivientes del Holocausto que perdieron a sus familias. "Toda mi vida supe que es casi imposible detener el legado de alguien. Puedes acabar con su vida, pero no con su legado."