Valentina Carvallo: De nadadora de boya a campeona de Ironman

Esta triatleta está empeñada en llegar en la mejor forma al próximo Mundial de Ironman medio y ubicarse entre las 15 mejores del planeta. Si bien hace largas distancias, de hecho en enero de este año ganó el Ironman de Pucón, nunca ha corrido la maratón de Santiago.

Por María José Errázuriz L.
Ju. 27 de junio de 2013, 08:25
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Dice, entre risas, que ella era una nadadora de boya, es decir, aquella que se lanzaba al agua con un grupo de amigos con el objeto de llegar a la balsa que estaba a cierta distancia de la playa. O sea, le daba para ir y volver.

Sin embargo, esa realidad debió cambiar radicalmente cuando resolvió convertirse en una triatleta y comenzar a correr, nadar y andar en bicicleta tras una meta mucho más larga. Entonces debió entrenar con una profesora de natación y aprender las técnicas necesarias para lograr hacer un trayecto bastante más largo que de la orilla a la boya.

Valentina Carvallo, con sólo 28 años, se ha tomado en serio su nueva profesión. De hecho, desde hace algunos meses está viviendo en Santa Mónica, en California, con el fin de entrenarse para participar en el próximo Mundial de su especialidad, el Ironman medio o 70.3 que incluye 1.900 metros de natación, 90 kilómetros de bicicleta, y 21 kilómetros de trote. (El Ironman completo duplica cada una de las distancias).

En el camino tuvo que dejar su otra ocupación, profesora de educación física en los colegios Monte Tabor y Nazareth, a donde llegó tras estudiar en la Andrés Bello.

El deporte siempre estuvo presente en su vida; en Rancagua, donde nació, competía en todas las pruebas que le presentaban y acompañaba a su padre a andar en bici antes de partir al Instituto Inglés.

Ahora le dedica casi el 80% de sus horas despierta al entrenamiento con el fin de lograr meterse entre las 10 mejores del mundo en esta especialidad. Aquí no se encontrará con la otra chilena que brilla en las distancias largas: Bárbara Riveros, quien desarrolla el triatlón olímpico (1.500, 40, 10).

-Siempre deportista, ¿hiperkinética?
“Era muy activa; y muy responsable. Si estaba estudiando y me daban un minuto para descansar yo iba y me subía a la bicicleta. Cada minuto libre era para correr. De hecho, como estaba en colegio chico, si faltaba una para la posta, ahí estaba; una para voleibol, también”.

-De eso a educación física era como lógico.
“Es verdad. Cuando estaba en el colegio nunca tuve esa profesora de deportes que uno admirara, pero era tanto lo que me gustaba que quería hacer algo relacionado. Estuve media confundida con diferencial, pero más que nada porque no quería enfrentar que lo que quería era educación física”.

-Estuviste 4 años haciendo clases, ¿por qué en un momento abortaste?
“Tenía como 35 horas semanales de clases, en 1° y 2° básico, por lo que lo único que hacía era correr y saltar; y además entrenaba otras muchas más porque ya estaba metida en carreras. Después de mi primer Ironman de Pucón -en enero de 2011- donde salí cuarta, tuve que sentarme a analizar qué hacía.
“Fue una decisión no menor dejar de trabajar por esta locura que me bajó de sólo entrenar para el triatlón. Fue difícil, algunos pensaban que me había vuelto loca y a mi familia, al principio, le dio susto”.

-Si retrocedemos en el tiempo, ¿en qué momento decidiste correr la primera maratón?
“En la universidad jugaba hockey, pero empecé a hacer mucho trekking. En segundo año decidí hacer una carrera y me di cuenta que tenía capacidades. Partió como una entretención, nunca me imaginé hacer maratones. Entonces empecé a hacer carreras de aventura y a entrenar más, pero nunca haciendo running, sino cerros”.

-¿Por qué cerros?
“Es que me gustaba mucho la naturaleza y de repente empezó la moda de los trekking. Uno ahí se da cuenta que hay un mundo detrás de eso, de la cantidad de gente que está metida en eso”.

-¿Te daba lata entrenar por las calles?
“Entreno mucho en los parques; es verdad que partí en cerros, pero en un momento se me cruzó el triatlón. Es mucho más entretenido correr en un cerro que en el pavimento y por eso partí con los Climbing Tour”.

-¿Corriste alguna versión de la Maratón de Santiago?
“Ni una, pero sí corrí una ultra maratón de 80 km y algunas carreras de aventura non stop de tres días o de 24 horas que son una combinación de distintos deportes como trekking y kayak. Después de eso me ofrecieron intentar la triatlón”.

Valentina se ríe al recordar todos los aprendizajes que ha tenido que hacer en el camino para llegar a ser una profesional del triatlón. Cuenta que sus primeras carreras las hizo con una bicicleta de mountabike porque no tenía la rutera; tampoco había nadado más allá de la boya, pero aún así en la primera carrera oficial salió segunda y logró, en el 2010, clasificar al Mundial con un muy buen tiempo, bajo las 5 horas.

“Mis primeros 100 metros de natación fueron para morirme. La natación requiere mucha disciplina y ser muy constante y hasta el día de hoy es lo que más me cuesta. De hecho nunca salgo del agua en el primer grupo. Quizás por eso no estoy haciendo distancias olímpicas porque ahí hay que ser muy, muy buena nadadora”, dice.

Afirma que uno de los grandes puntales de su carrera ha sido su marido, también intenso deportista, que estuvo dispuesto a buscar un nuevo horizonte laboral en Estados Unidos para que ella pueda entrenar profesionalmente.

-¿Por qué tuviste que irte para poder desarrollarte como profesional?
“Hay que hacerlo. Acá existen todas las facilidades y de hecho la UC ha sido un gran apoyo y se han portado increíble conmigo –aparte de los auspiciadores-, pero era más difícil porque soy una persona muy sociable y me costaba retirarme de esa vida. Me daba pena perderme todos los eventos con mis amigas y familia, pero tuve que empezar a dosificar y la verdad es que quería estar en todas, además de que hay muchos compromisos.
“Al final, haces todas las cosas a media y yéndome a EE.UU. pude optar a otra calidad de vida”.

-Has confesado que te cuesta estar sola, ¿cómo han sido estos meses en California?
“Creo que para mí ha sido menos difícil que para mi marido. Yo estoy todo el día entrenando con un equipo de triatlón de 15 personas y estamos ciento por ciento dedicados. Han pasado a ser mi familia.
“Ellos toman el deporte como un trabajo y eso hace las cosas más fáciles”.

-Fuiste la primera chilena en ganar el triatlón de Pucón y esa fue tu primera meta. ¿Cuál viene ahora?
“Soy súper cauta en las metas que me pongo porque es imposible avanzar si no te has caído millones de veces, con derrotas y pasando cosas difíciles. Es cierto que he dado un gran salto, pero le he dedicado tiempo.
“Mi primera carrera que gané fue el Ironman de Brasil en agosto del 2012 y me dio una energía y confianza especial. Hoy me he propuesto llegar al grupo de las 15 este año, tener un buen papel en el Mundial y ser top 10 el próximo”.