Reservado Cristián Campos
El sabor artesanal de un galán Miércoles 1 de diciembre de 2004
El trajín en la vieja estación de trenes de
Angol es intenso, varios pasajeros entran corriendo mientras
buscan angustiados sus boletos; otros ordenan el pan amasado,
la cecina y los huevos que llevan como regalo.
Sin embargo, el grupo más numeroso de personas no está
preocupado de escuchar la llegada del tren y prefiere seguir
con detención la lenta escritura de un funcionario
ferroviario, que anota en una pizarra los nombres de algunos
de los visitantes que están por llegar... hasta que
uno de ellos causa una esperada exclamación de aprobación,
es Jean Baptiste Salato-Lusto, un francés que deleita
a la concurrencia con extractos de óperas clásicas.
Esta historia, Cristián Campos la ha escuchado muchas
veces. El protagonista es su abuelo y, ahora, sentado en el
viejo vagón de tren que sirve de refugio al restaurante
"Cocoa", el actor no puede evitar que los viejos
relatos de su madre vuelvan a su memoria.
"A mi abuelo le
gustaba comer, era un sibarita. En la bodega de su casa, él
mismo se preparaba los licores que usaba para sus tragos y siempre
hacía asados", recuerda.
Esa pasión por la comida es una de las herencias que él
le dejó, junto con las inclinaciones artísticas que
transformaron a su nieto en uno de los galanes más conocidos
que ha tenido el área dramática de Canal 13 y protagonista
de "Mujeres Infieles", el último estreno del cine
nacional. "Me gusta salir a comer, buena parte de mi erario me
la gastó en restaurantes", reconoce.
La habilidad de Cristián Campos para escoger lugares donde
pueda disfrutar de una buena pasta o, en el caso del "Cocoa",
de un filete con ajo crocante y camarones, está respaldada
por útiles conocimientos de chef, que le permiten ofrecer una
selecta carta de platos de pescado, donde la estrella es el atún
sellado con sésamo y un poco de miel.
Otra de sus especialidades son los camarones ecuatorianos, "les
pegas un hervor cortito, hasta que se ponen colorados, y luego les
pones aceite de oliva preparado con merquén, ajo y chalota,
eso lo tiras al sartén y lo doras. Lo puedes presentar con
salsa de maní o guacamole".
Como buen cocinero, tiene algunos secretos que le han servido de base
para sus ocurrencias gastronómicas. El primero, es su alianza
incondicional con el ajo, su condimento favorito y fiel compañero
de todas sus recetas. Además, si alguna dama siente la tentación
de intentar conquistarlo con alguna ocurrencia culinaria, él
da una pista: "Tendría que clavarme un diente, pero de
ajo".
El segundo, son dos elementos que ha tomado de la comida tradicional
chilena y la elaborada cocina francesa: el merquén, un ají
muy usado el sur de Chile, y la chalota, un tipo de cebolla más
chica que por dentro es un ajo, usado por los chef galos.
La contradicción en Cristián Campos surge cuando debe
escoger el plato que más le gusta, porque después de
la sofisticación de gustos que había demostrado durante
la conversación, no duda en escoger las tradicionales lentejas
como la primera cosa que se le viene a la cabeza cuando tiene hambre.
Sin embargo, confiesa que él las cocina "pero nunca como
las hace mi nana". La forma de acompañarlas no es un secreto,
"con longaniza, merquén derretido en aceite y quesito
encima".
La razón de haber escogido los sabores de la comida peruana
que caracterizan al "Cocoa", que después de haber
tenido un recordado paso por la Plaza Mulato Gil y el barrio Bellavista,
ahora está ubicado en La Dehesa, no tiene que ver sólo
con la nostalgia de los antiguos relatos sobre su abuelo. A Cristián
Campos también le atrae la posibilidad de disfrutar de los
sabores más artesanales de la comida peruana que le da este
lugar.
La forma correcta de haber terminado este almuerzo hubiera sido con
un suspiro limeño, pero sus labores como director de la carrera
de teatro de la Universidad del Desarrollo (debe estar presente en
los exámenes finales) lo hacen mirar repentinamente la hora
y conformarse con un café Express.