Miércoles 19 de noviembre de 2014

El premio Nobel de Física 2011 fue otorgado a tres astrónomos —quienes lideraron dos equipos— que midieron, por primera vez, la expansión acelerada del universo mediante explosiones de supernovas, las que utilizaron como marcadores de distancias cósmicas. Este hallazgo tiene profundas consecuencias para nuestra comprensión de la composición del universo y las predicciones sobre su destino final, ya que es muy probable que expanda para siempre.
Antes de este reconocimiento, hubo alrededor de una docena de premios otorgados al campo de la astrofísica. ¿Pero cuáles son los mejores candidatos para el próximo premio Nobel de Física en esta área? Aquí están los tres candidatos que considero deberían obtenerlo por su importante aporte al entendimiento del universo:
La evidencia de un agujero negro súper masivo en el centro de la Vía Láctea: Dos equipos liderados por el astrónomo Reinhard Genzel, del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre en Alemania, y Andrea Ghez, de la Universidad de California en Los Angeles, han proporcionado la evidencia más fuerte hasta ahora de la existencia de los agujeros negros súper masivos, uno de los cuales se esconde justamente en el centro de nuestra propia galaxia. Esto lo lograron midiendo las órbitas de estrellas alrededor de ese objeto. Durante la última década, los astrónomos también han obtenido evidencia muy fuerte que un agujero negro súper masivo existiría en el centro de cada galaxia.
Formación de las estructuras en el universo: La formación de galaxias, estrellas, planetas y, en consecuencia la formación de la vida, no habría sido posible sin el andamiaje de la gravedad de la materia oscura. La fuerza de gravedad de la materia ordinaria simplemente no es lo suficientemente fuerte como para crear estas estructuras con ella como único ingrediente (de ella están formadas desde las galaxias, estrellas y planetas, hasta las casas, los humanos, gatos y perros, pero solo asciende a 4.9% del total de energía del universo). Por ello necesitamos un ingrediente adicional: la misteriosa materia oscura que representa la friolera de 26.8% del total de energía cósmica. Por esto, las semillas de galaxias, estrellas, planetas, u otros, en el universo temprano pudieron crecer lo suficiente para ver lo que observamos hoy. Muchos científicos han trabajado en varios aspectos de esta investigación, pero los aportes más destacados fueron realizados por James E. Peebles y Vera Rubin.
La radiación de Hawking: Stephen Hawking, junto a Jacob Bekenstein y Alexei Starobinsky, desarrollaron la teoría que predice que los agujeros negros deben tener una temperatura finita. Esto implica que estos objetos producen una radiación térmica la que los llevaría, finalmente, a su completa evaporación. Debido a sus vidas finitas podemos estudiar cómo rápidamente se evaporan, y esto nos permite comprender, entre otras cosas, si el espacio tiene más de tres dimensiones. Actualmente, la mejor forma de observar esta radiación es con el satélite Fermi, que está en busca de los rayos gamma resultantes de la evaporación de agujeros negros primordiales. Otra opción para la detección de la radiación de Hawking son los agujeros negros microscópicos. Estos podrían crearse en la versión actualizada del Gran Colisionador de Hadrones del CERN que comenzará a funcionar nuevamente el próximo año, posiblemente permitiendo por primera vez la formación de estos misteriosos objetos en un laboratorio.
Hay que esperar a ver quién se queda con el premio y cuándo, pero mi primer candidato es la evidencia de un agujero negro en el centro de nuestra galaxia.