Miércoles 23 de septiembre de 2015

La evolución de la distribución de masas de galaxias en el universo es un tema muy estudiado por muchas razones. En el último siglo, estudios del universo cercano han establecido que aunque las galaxias espirales gigantes y las elípticas no son pocas, son superadas en número en un factor diez o más por las galaxias enanas. Y este número está subiendo continuamente con estudios más profundos, algo que no necesariamente se esperaba.
Hoy sabemos que en nuestra vecindad local –o el llamado grupo local– existen dos galaxias espirales masivas (la Vía Láctea y Andrómeda), las que son superadas en número por las galaxias enanas en un factor 30. Y esta diferencia podría aumentar ya que la teoría predice un número ¡aún mayor! Instrumentos modernos que mapean el universo –como la Cámara de Energía Oscura (DECam) instalada en el telescopio Blanco en Cerro Tololo y el Survey Telescope for Astronomy (VISTA) en Cerro Paranal– casi mensualmente están descubriendo una nueva galaxia enana en el grupo local.
Ahora no sólo se trata de cantidad, sino también de diversidad. Este vasto zoológico de galaxias enanas incluye muchos tipos, las que vienen en diferentes formas, tamaños y luminosidades. Hay galaxias enanas irregulares, que parecen en el cielo una pintura de la primera etapa de Jackson Pollock: las estrellas y el gas están dispersos al azar, intercalados con los sitios activos de formación estelar, lo que hace estas galaxias brillen azul.
Además existen galaxias enanas esferoidales, que en comparación con las anteriores se ven mucho más ordenadas y su formación de estrellas es menor. Pero también hay galaxias elípticas enanas, donde la formación estelar ya no está en curso, lo que las hace tener una apariencia que nos recuerda pelotas de rugby o lentejas. Estas galaxias están compuestas por estrellas viejas, por ello su color predominante es el rojo.
Pero esta no es la única forma de estudiar a las enanas. Los cúmulos globulares de estrellas viven en casi todas las galaxias. Sólo en la Vía Láctea hay alrededor de 150, muchos de los cuales son visibles con binoculares en el cielo nocturno. Recientemente se ha descubierto que los más masivos tienen una abundancia de elementos pesados muy significativa, un signo claro de la presencia de procesos de enriquecimiento químico típicos de las poblaciones estelares que hay en las galaxias enanas.
Por otra parte, se puede observar que cuando las galaxias enanas son "absorbidas" por galaxias de mayor tamaño, las partes más externas de las primeras son desgarradas por las inmensas fuerzas de marea que poseen las segundas. El único vestigio que a veces se conserva de esta especie de masacre es un objeto que se parece a un cúmulo globular (es decir, algunos cúmulos globulares fueron núcleos de galaxias enanas antes). En las últimas décadas un gran número de objetos de ese tipo, llamados galaxias enanas ultra-compactas, fueron descubiertos. De hecho, tanto nuestra Vía Láctea como Andrómeda los poseen.
Aunque las galaxias enanas son consideradas como piezas de Lego para la construcción de las galaxias más grandes, nos enfrentamos a un escenario en el que algunos de esos ladrillos también podrían hacerse pedazos y contribuir así a la abundante población de cúmulos de estrellas que residen en cada galaxia. Si encontramos una manera de identificar y contar la población de enanas destruidas por sus parientes más masivas, esto podría ser clave para descifrar la evolución de las galaxias en forma individual. Algo que aún es difícil de hacer en detalle, pero que con los mega telescopios como el E-ELT (Extremely Large Eelescope), que será construido en el norte de Chile, se podrá mejorar.