Parque Nacional Chiloé

Las dimensiones de Chiloé

El parque nacional de la Isla Grande se divide en dos. Una parte es un correcto modelo de cómo debe tratarse un área silvestre protegida destinada al turismo, la otra una zona prístina que esconde un directo parecido con la popular serie Lost.

por José Pablo Harz - Fotos: Andrés Gómez Espinosa
LUNES 13 DE ABRIL DE 2015
Conoce el parque nacional Chiloé

La imagen es calcada a una de las tantas escenas de Lost: un paisaje natural y solitario que avanza por kilómetros a la redonda sin rastros de vida humana hasta que choca con una estación científica abandonada. Es un generador eólico de cuatro metros de altura, una casucha con contenedores de diferentes tamaños, cables que alguna vez conectaron ambas instalaciones, telarañas y excremento animal. Todo sobre una pequeña colina que si se desciende trae más pistas: un cartel desteñido y chueco que da la bienvenida al Parque Nacional Chiloé, dos cabañas con los vidrios rotos, grafitis de antiguos y recientes visitantes, colchones en el suelo, botellas plásticas, herramientas de trabajo y latas de alimentos en conserva oxidadas. El sendero sigue y rápidamente la sensación de soledad acoge nuevamente. Los alerces y cadáveres de alerces se toman el recorrido que se interna por una huella -que no supera los cincuenta centímetros de ancho- en la mitad de la Cordillera de Piuchué.

Aquí, la cabeza no encuentra una serie ni película para comparar lo que se está viendo. A lo más, un documental acerca de cómo se cuida un parque nacional con todas las comodidades para los visitantes. El cartel de bienvenida está brillante y es el mismo que en casi todos los otros parques, con el pudú, la araucaria y el volcán como símbolos. A unos metros de este letrero –donde la gente hace fila para sacarse la mejor selfie- hay otro, igual de brillante, como si tuviera pasta para lustrar zapatos encima, que anuncia una cafetería (la pizza de salmón es un lujo), sitios para acampar y un centro turístico, todo con wifi para poder compartir rápidamente los recuerdos. Esto está dentro de un estacionamiento lleno, con gente que ordenadamente paga su entrada para disfrutar de la naturaleza chilota. Una entrada habilitada para discapacitados tiene acceso directo hacia uno de los senderos que permite a la gente en silla de ruedas o con otros problemas motrices disfrutar de la flora local. Los idiomas se mezclan en el aire.

Datos del parque
  • Ubicacion: Costa occidental de la isla grande de Chiloé
  • Superficie: 42.567 hectáreas
  • Cuándo: Todo el año
  • Atracción: Chepu
Actividades

Para llegar al sector de Abtao hay que tener un vehículo con doble tracción o estar dispuesto a caminar por días. Incluso, aunque las ganas estén, nadie asegura el éxito. “La zona es de muy difícil acceso, en invierno es casi imposible llegar hasta el sector. Nosotros la visitamos de manera muy esporádica en verano para ver que todo esté en orden”, cuenta el administrador del parque, Francisco Delgado, que también explica que la estación abandonada fue instalada por la Universidad de Chile, cuyos alumnos y profesores llegaban hasta la zona para hacer estudios científicos, lo mismo que profesionales de varias partes del mundo. Esto hace algunos años dejó de suceder. Incluso, la Conaf hace dos años renunció a tener presencia en la zona y un lugareño -el único- es el encargado de recibir y anotar a los pocos visitantes que se animan a esta excursión. Si él no está, hay una casilla de madera armada a mano para que la gente deposite un papel con su nombre y tiempo de estadía.

Todos los esfuerzos para que la gente conozca el PN Chiloé, explica Delgado, están puestos en el sector de Cucao. Ahí hay una serie de senderos construidos por la Conaf y un centro de información que permite al visitante aprender, mediante videos e infografías, la morfología, flora y fauna de la zona. Las pasarelas de madera cruzan valles, tepuales, bosques de arrayanes y dunas, todos con estaciones de descanso que invitan a leer acerca de la historia del lugar y las razones de porqué en cosa de metros el espeso bosque se transforma en una serie de arbustos. Ninguno toma más de una hora y media en ser recorrido, mientras el lago Cucao espera a quienes busquen refresco después de la caminata. El mismo Cucao desemboca en el Pacífico mediante un río con el mismo nombre que no tiene más de un kilómetro. Esa playa –lisa, kilométrica y solo para valientes- es otras de las grandes atracciones del sector, que con una costanera incipiente y con restoranes para todos los bolsillos arman un típico-día-de-playa en Chiloé. Las nalcas son el factor común en todos los senderos.

La caminata continúa por horas. Un constante sube y baja por la cordillera chilota. Alrededor sigue sin haber rastro de nada humano y el administrador del parque espera que eso se mantenga por un buen tiempo: “En el futuro se está pensando en el desarrollo. Mantener y hacer zonas de trekking requieren de una mayor inversión, personal e infraestructura. Además al hacerlo se exponen mucho los bosques de alerces”. La meta es la virginal playa de Abtao, donde a pesar de no haber instalaciones básicas uno o dos días de camping son un requisito luego de la larga travesía por la minúscula huella, la misma que dio el nombre al libro escrito en 2003 por el doctor Merardo Urbina. “La huella de Abtao” relata un trágico episodio que hermana aún más a este sector de la Isla de Grande con la famosa serie de J.J. Abrams: en 1970 una avioneta se extravió cuando sobrevolaba precisamente la cordillera de Piuchué. A pesar de las intensas búsquedas –que se han mantenido hasta el día de hoy- comandadas por el autor del libro y familiares de las víctimas, nunca se encontró rastro de Francisco Díaz Oyarzo, Julio Kompatzki Hörnecke o Luis Guerrero Moena. Tampoco del fuselaje del avión.

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Caminar por Santiago. Recorrer la Alameda entera e inmiscuirse en cada una de las calles que la cruzan. Visitar a pie las comunas de Puente Alto, Colina y Peñaflor. Terminar y darse cuenta que completaste una travesía de 70 mil hectáreas que conforman la capital de Chile.

#Parques2015 es algo así, pero 128 veces más grande. Los edificios y el cemento cambiarán por más de 9 millones de hectáreas conformadas por alerces milenarios, lagunas vírgenes, áridos desiertos, glaciares en peligro, pumas e historias desconocidas hasta ahora.

Serán cinco meses de recorrido por los 36 Parques Nacionales del país. Un viaje que contempla 12 mil kilómetros de trayecto por tierra, además de otros ocho mil kilómetros por mar y cielo.

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