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Poseedor de una de las fortunas más grandes del país, avaluada en cerca de 1.200 millones de dólares, Piñera recalca, con insistencia, que todo lo ha conseguido producto de su esfuerzo porque de su padre, que era un servidor público, no heredó nada material. Acostumbrado a una vida austera, vivió muchos años en una casa de Los Dominicos con una decoración sencilla, pese a las quejas de su señora. Y con esa incontinencia que lo caracteriza, de la noche a la mañana decidió comprarse una gran propiedad en San Damián frente al desconcierto de su esposa, que le advirtió que si daba el paso tenía que estar dispuesto a alhajarla.

Sebastian Piñera

El bullado caso de espionaje político

En el plebiscito de 1988, el empresario votó "No" y tras el triunfo de esa opción electoral aceptó dirigir la candidatura de Hernán Büchi. Paralelamente, lanzó su campaña como candidato independiente a senador por Santiago Suroriente. Con el eslogan "una locomotora para Chile" se convirtió en el miembro de la Cámara Alta más joven, con 40 años recién cumplidos. En 1992 integró la llamada "Patrulla Juvenil" junto a Andrés Allamand, Alberto Espina y Evelyn Matthei.

Pero su relación con la hija del general Fernando Matthei se quebró indefinidamente cuando estalló el polémico "Piñeragate". El 23 de agosto de 1992, Ricardo Claro divulgó, en un programa político de Megavisión, canal de su propiedad, una conversación telefónica entre Sebastián Piñera y su amigo Pedro Pablo Díaz, en la que ambos planeaban una estrategia para perjudicar a Evelyn Matthei, quien en ese momento se perfilaba como precandidata presidencial. Este escándalo de espionaje político enterró las aspiraciones presidenciales de la diputada y del propio Piñera, quien renunció a su precandidatura en septiembre de ese año.

Tras el impasse, el senador se abocó a la vida parlamentaria y empresarial y en 1994 compró un importante paquete accionario de Lan Chile. Más tarde, junto al clan Cueto adquirió las acciones de Iberia en Ladeco y formaron una de las líneas aéreas más grandes del continente.

Pese a sus éxitos en el plano económico, aún seguía pendiente su anhelo más profundo: el de llegar a La Moneda. En 1998 fue proclamado abanderado presidencial de su partido, Renovación Nacional. Sin embargo, después de cinco meses de campaña, depuso su candidatura en favor de Joaquín Lavín, luego del pacto político sellado entre RN y la UDI, que dio paso a la Alianza por Chile. Sabía que no era su momento.

Desde entonces su tortuosa relación con la UDI y los gremialistas fue in crescendo debido a la mutua desconfianza. En agosto de 1999, estando inscrito oficialmente como candidato a senador por Valparaíso, debió ceder y bajar su candidatura a favor del almirante Jorge Arancibia. En marzo del 2004 nuevamente experimentó un golpe gremialista y se informó por los medios de comunicación que el candidato presidencial del sector, entonces alcalde Lavín, le pedía la renuncia a la presidencia de RN, simultáneamente con la de Pablo Longueira a la de la UDI. Era el único camino para terminar con los coletazos del caso Spiniak, que había debilitado la opción de la Alianza.

El episodio dejó muchas heridas y el apoyo que Piñera prestaría a la campaña de Lavín se hizo cada vez más incierto. Pronto el empresario anunció que no se integraría al equipo del abanderado para trabajar en la campaña parlamentaria de su partido y a los pocos meses fue proclamado candidato presidencial de Renovación Nacional, dejando en una incómoda posición a Lavín, quien ya no era el candidato único del sector.

La figura de este multifacético hombre, a quien la derecha tradicional acusa de ser un DC encubierto, desata las pasiones más profundas. Mientras unos le profesan una profunda admiración y respeto, otros simplemente lo abominan, algo que admite su propia mujer, quien en una oportunidad dijo que "lo que más me duele es que odien tanto a Sebastián".

Su figura a más de alguien debe resultar amenazante, como para que en los 90 se diera un intento de secuestro de uno de sus hijos y, hace muy pocos años, seguimientos que fueron investigados por la policía.

El amor y el odio que genera puede ser graficado en la extraña relación que mantiene con el empresario Carlos Alberto Délano, el "Choclo", con quien es íntimo amigo y ha desarrollado negocios en común, sin poder superar las distancias políticas: Délano es uno de los mentores de la candidatura de Lavín.

Al hablar de su marido, Cecilia Morel dice que es una persona sensible, entusiasta y entretenida, pero confiesa que cuesta seguirle el ritmo.

A Piñera no le gusta estar solo y siempre pasa sus veranos en Caburga, a donde invita a todos sus amigos sin importar la tienda en que militen. Uno de los episodios más recordados fue el asado del verano de 2005, al cual asistió Michelle Bachelet, y que le generó importantes problemas a ambos.

Sus cercanos lo definen como un niño, uno que se apasiona con ciertos juguetes: el último, un helicóptero comprado a medias con su amigo Andrés Navarro y con el que ha sobrevolado varias veces su hogar, generando las quejas de los vecinos.

Su práctica deportiva se limita al tenis y su interés por esta actividad lo lleva permanentemente a organizar charters aéreos para ver los partidos de la selección. Incluso su agenda empresarial y política es organizada en función de las fechas de las Olimpiadas y mundiales de fútbol, a los que nunca ha dejado de asistir.

La presidencia de la República, su meta más ambiciosa, es según algunos la cima que busca conquistar para acallar a todos sus críticos y una demostración de que son más numerosos los que lo aman a los que lo odian.

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