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ANITA ALVARADO

Desde que viajó a Japón en 1990, Anita Ester Alvarado Núñez, la mujer que destaca por su forma de expresarse y mostrarse sin tapujos, se ha encargado de saciar todas las carencias materiales que tuvo durante su niñez y juventud, y de ser tan o más desinhibida de lo que ha sido durante toda su vida.

Sin embargo ha sido en los últimos dos años en los que se ha mostrado a Chile como millonaria, cantante, modelo, actriz, empresaria y hasta “escritora” de su biografía, libro que se convirtió en superventas a los pocos días de salir a la venta.

Pero lo que parece ser una vida como la de Julia Roberts en la película “Pretty Woman” (Mujer Bonita) no ha estado ajena de conflictos. En los mismos años en que la fama y el buen pasar tocaron a su puerta, ha debido enfrentar una serie de acusaciones que la han llevado con frecuencia a visitar los tribunales de Justicia.

La mujer que dice no arrepentirse de nada de lo que ha hecho en su vida, nació en Santiago el 25 de diciembre de 1972 como cuarta hija de un matrimonio oriundo de la Décima Región que tuvo ocho hijos, uno de los cuales murió.

Anita creció en medio de una familia evangélica y muy humilde. Hasta antes de partir a Japón vivió en Las Vertientes, comuna de El Bosque, en una casa con living comedor y dos dormitorios. “En uno dormían mis papás y en el otro los siete hermanos. Había camarotes y teníamos que compartir las camas. Nunca dormí sola, hasta que fui grande; siempre me tocaba con una de mis hermanas”, describe en su libro.

A los 13 años, la mujer que tenía a su papá como ídolo y que muchas veces fue con zapatos rotos al colegio, tuvo una relación de “interés” con un vecino mayor quien le compraba cosas y le daba dinero a cambio de besos.

Su primer pololeo lo tuvo antes de los quince años con un vecino de nombre Ricardo, con quien tuvo sus primeras experiencias sexuales. Cuando tenía 16 años y trabajaba en una fábrica de calzado, tuvo su primera relación sexual “en serio” con un hombre de 40 años que conoció en las fondas.

Producto de esa relación, que duró tan sólo una noche, nació el 25 de mayo de 1990 su primera hija Angie, a quien sólo alcanzó a amamantar por 20 días, puesto que luego comenzó a trabajar como empleada puertas adentro con una familia de Patronato.

La enfermedad respiratoria que sufrió la pequeña Angie cuando apenas tenía tres meses provocó a Anita un gran sufrimiento. Una vez pasado el trago amargo, e instalada como ayudante de un costurero en San Bernardo, conoció al papá de Felipe, su segundo hijo, con quien mantuvo una relación que terminó cuando él la dejó por otra antes de que naciera el pequeño.

Cuando tenía 19 años y dos hijos, comenzó a trabajar en un restaurante en Mapocho, en donde conoció a un pintor de letreros, el “Videla”, con quien comenzó una relación. Pero al poco tiempo encontró un trabajo más rentable: se inició como prostituta en el Charlie Bar de la calle José Miguel de la Barra. También comenzó a frecuentar un local llamado “Black Cat”, en donde conoció de cerca la droga.

Fue en ese entonces cuando encontró a la mujer que le ofreció partir a Japón en busca de una mejor fortuna, la que en cierto modo encontró, puesto que en los siete años que permaneció en ese país, logró reunir dinero suficiente para mantener a su familia e hijos, y conoció a Yuji Chida, quien se convirtió en su marido y la hizo millonaria.

Vida en Japón

Anita llegó a Nagoya Japón, en diciembre de 1990, y comenzó de inmediato a “cuadrar”, es decir, a captar clientes. Con el tiempo comenzó a trabajar en diversos centros nocturnos y pronto salió de gira a distintas ciudades, en donde conoció de cerca a las mafias de prostitución.

Se demoró varios meses en aprender japonés, y en conocer la moneda local. “Watashi no namae wa Anita desu”, fue una de las primeras frases que memorizó, que quiere decir “Mi nombre es Anita”. Además pasó hambre, puesto que nunca gustó de la comida japonesa.

El trabajo se desarrolló sin mayores inconvenientes. Cuando cumplió dos años en Japón, decidió volver a Chile y para no tener problemas de inmigración pidió ayuda a un pretendiente de ese país que dijo ante las autoridades que él la mantenía. Estuvo en Chile un mes, tiempo en que se dedicó a comprar a sus hijos y familiares todo lo que quisieran.

De vuelta en Japón conoció al único nipón de quien se enamoró: Tsukasa Tanesawa. Con él formó su primer hogar en ese país e incluso durante un tiempo vivió en la casa de su familia, en donde fue presentada en sociedad como la futura esposa de su enamorado.

Pasó poco más de un año y Anita otra vez sintió desesperación por ver a sus hijos. Entonces acudió a un empresario millonario a quien había conocido en uno de los bares en los que trabajaba. El hombre, llamado “Kudo”, le dio cerca de 20 mil dólares con los que Alvarado volvió a Chile.

Tras estar cerca de un mes en el país junto a sus hijos y familiares, volvió a Japón, pero primero pasó por México en donde se puso sus primeros implantes de silicona en los pechos. La experiencia no fue la mejor, puesto que cuando pisó suelo japonés tuvo problemas, y fue a dar al hospital en donde debieron sacarle los implantes.

A comienzos de 1997 la situación de Anita en Japón comenzó a ir mal. El negocio no rendía como de costumbre y casi dependía del sueldo de su novio, por lo que no podía mandar dinero a Chile. Fue en ese entonces cuando apareció en su vida Yuji Chida, el contador de la Cooperativa de Vivienda Aomori, quien apenas la conoció le dio una gran suma de dinero.

Pese a que la mujer confesó que Chida no le gustaba, comenzó a mantener una relación con él como salida a su precaria situación económica. Al poco tiempo el contador le ofreció matrimonio, y la mujer aceptó pese a estar enamorada del hombre con quien vivía hasta ese momento: Tsukasa.

Luego de viajar por diversas ciudades, de comer en diversos restaurantes y de visitar decenas de carísimos hoteles, en una oportunidad y motivado por los celos y sus obsesiones, Chida le dio una golpiza, hecho que dio a Alvarado el pie para dejar Japón. Ya había enviado mucho dinero a Chile del que le daba su nuevo novio.

Tras salir del hospital, en donde estuvo internada dos días debido a las lesiones provocadas por Chida, Anita se entregó a las autoridades para ser deportada y así volver a Chile.

Poco antes de abordar el avión que la traería de regreso, el contador de Aomori le entregó siete millones de yenes como muestra de arrepentimiento por su conducta.

De vuelta en Chile

Anita llegó a Chile y pensó que nunca más vería al contador japonés. Ya era millonaria y comenzaba a hacer sus primeros negocios, cuando Chida llegó a Santiago para casarse con ella. Pese a que lo dudó, sus padres influyeron para que ella lo aceptara.

Se casaron en la comuna de La Cisterna el 2 de agosto de 1997 y se fueron a vivir a una casa que Alvarado había comprado en la comuna de La Florida.

Tras unos meses juntos, decidieron que Chida viviría en Japón y viajaría por algunas semanas a Santiago cada tres meses. Anita comenzó con sus negocios: el pub Delirio Caribeño, la clínica Getsemaní, una empresa inmobiliaria, la mansión en Chicureo.

Paralelamente inició un romance con un cubano, quien se convirtió en el padre de sus dos últimos hijos: un niño y una niña.

Llevaba una vida de nueva rica sin mayores contratiempos cuando se enteró de la estafa que Chida había cometido en Japón.

Entonces los medios la bautizaron como la “Geisha chilena” y comenzó su salto a la fama. Tras pasearse por diversos programas de televisión y figurar en las portadas de diversos periódicos con sus dichos, la mujer publicó su autobiografía, grabó un disco, actuó en una película y lanzó su propio vino.

Pero no todo ha sido bonanza. Una vez descubierto el delito de su esposo, quien cumple condena en la ciudad de Aomori, Japón, Alvarado comenzó su paseo por tribunales, en donde se investigan diversas causas en su contra, entre ellas acusaciones por tráfico de personas y uso de pasaporte falso.

En los últimos meses la mujer debió cerrar el pub Delirio Caribeño por orden de la Justicia y evalúa su traslado a Antofagasta. Paralelamente se pasea por el país realizando espectáculos en diversas discotecas en las que a menudo se desnuda luciendo sus nuevos implantes.