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“Me llamo Anita Alvarado”

Con la presencia de personajes de la farándula nacional y con decenas de periodistas esperando sus intervenciones, Anita Alvarado lanzó el 29 de julio de 2002, en su pub “Delirio Caribeño”, su libro “Me llamo Anita Alvarado”.

"Me casé por interés, porque merecía algo más. Me declaré prostituta y a mucho orgullo. No me arrepiento de nada: las prostitutas también tenemos sentimientos y corazón", fue una de las frases con que introdujo su autobiografía.

La idea de contar su vida a través del papel surgió en abril del año pasado en conjunto con el director general de Ediciones B, Pablo Dittborn, quien la impulsó a confesar su existencia a una grabadora, relatos que luego fueron traspasados y editados por B.

"Las periodistas Francisca Araya y Viviana Flores escribían lo que les iba diciendo. Se grabaron muchos casetes, pero quedó sólo la mitad de lo que dicté durante cuatro meses", explicó Alvarado.


Diversos son los temas que trata en el texto de 170 páginas dividido en 39 capítulos. Su matrimonio con el japonés Yuji Chida, acusado en su país por haber cometido desfalco por 11 millones de dólares (de los cuales cinco millones quedaron en poder de Alvarado), y su vida en la prostitución, son algunos de los tópicos que la empresaria narra sin inhibiciones en las páginas.

Durante el celebrado lanzamiento, Anita Alvarado fue deslenguada en varias respuestas. "Mis servicios cuestan cien mil dólares" y "los chilenos son malos para la cama" fueron algunas de las frases que los medios reprodujeron una y otra vez.

El acto, en el que además lloró de emoción, tuvo como invitados a gente como la actriz Liliana Ross; y los periodistas Ángel Carcavilla y Consuelo Saavedra.
En la contraportada de la edición -que apenas salió al mercado se convirtió en superventas tanto en librerías como en las calles y que generó polémica entre personajes del “círculo literario”- la empresaria sostiene:

“No me arrepiento de nada de lo que elegí hacer en mi vida. Cuando una persona llega a la prostitución es porque realmente tuvo que hacerlo, porque se agotaron todas las otras posibilidades. Yo pasé por muchos trabajos antes de caer en eso, y tuve la desgracia de que se enfermara mi hija siendo muy joven y muy pobre, y eso no se lo doy a nadie. Fue como un quiebre en mi alma, porque sentí que no podía hacer nada, y que así iba a ser mi vida si no intentaba otra cosa. Creo que en esos momentos uno se da cuenta de que es capaz de hacer cualquier cosa por sacar a sus hijos adelante.

No me avergüenzo de ser lo que fui, porque si cualquiera de mis hijos se enferma hoy tengo todos los medios para remediarlo. También tengo la oportunidad de darles a mis niños la mejor educación y la tranquilidad de saber que no se van a morir de hambre. Eso no quita que si una hija mía se mete en la prostitución no le vaya a sacar la cresta. Para eso su mamá se sacrificó e hizo lo que hizo: para que ellos tuvieran estudios, se casaran bien y fueran mejores que yo”.