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Opinión de expertos
Irán carece de motivos para esconder a talibanes o integrantes de Al Qaeda
El Mercurio
Jueves 7 de febrero de 2002

Su rivalidad con los milicianos, un gobierno reformista y la presencia de más de un millón de refugiados afganos son algunas de las causas.


En 1998, Irán y los talibanes estuvieron a punto de ir a la guerra. En la foto de archivo, soldados iraníes entrenan en la frontera con Afganistán.
Luis Pino Gumucio.

La acusación contra Irán, Irak y Corea del Norte hecha la semana pasada por el Presidente de EE.UU., George Bush, quien en su discurso frente al Congreso dijo que eran parte de "un eje del mal", ha sido respondida con dureza por los aludidos, que entre otras cosas han dicho que Washington busca excusas para seguir con su política de apoyo incondicional a Israel y extender la guerra contra el terrorismo.

Esto no impidió que el domingo el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, abriera otro frente de conflicto y afirmara que Irán ha permitido el ingreso a su territorio de miembros de la red terrorista Al Qaeda y del depuesto régimen afgano de los talibanes.

Las palabras de Rumsfeld, considerado uno de los "halcones" de Washington, se asociaron inmediatamente con otra acusación que Bush hizo contra Irán en su discurso: que "exporta el terrorismo".

Así, el Mandatario aludió al histórico apoyo iraní a la milicia integrista libanesa Hezbollá y al oscuro caso de un barco capturado por Israel en enero pasado con 50 toneladas de armas que, según los israelíes, fueron compradas por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) a Irán.

Rechazo iraní

Las afirmaciones de Bush y Rumsfeld fueron rechazadas por Teherán, que llamó a Washington a colaborar con ellos en vez de acusarlos, y motivó a los jefes militares de ese país a declarar que están listos para actuar ante cualquier ataque militar estadounidense.

El martes, el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, dijo que ser parte del "eje del mal" no significa que EE.UU. esté pensando en un ataque, pero especialistas entrevistados por "El Mercurio" coinciden en que hay numerosos aspectos que desvirtúan buena parte de las acusaciones contra Teherán.

Recuerdan que en 1998, los talibanes, que se decían musulmanes sunitas, mataron a ocho diplomáticos y a un periodista iraníes, de mayoría shiíta, lo que estuvo a punto de llevarlos a la guerra.

"Los iraníes combatieron durante años a Al Qaeda y a los talibanes, por lo que no parece lógico que de repente hayan cambiado su forma de pensar. Más aún, ahora que han sido derrotados y sacados del poder", explica Gary Sick, ex miembro del Consejo de Seguridad Nacional y profesor de política internacional de la Universidad de Columbia.

No obstante, dice, por su extensión, no es descartable que algunas personas hayan escapado de Afganistán a través de la frontera con Irán. Y explica que los iraníes siempre han tenido problemas para controlar esa área y no han podido poner freno a los traficantes de opio.

Del mismo modo - sigue- es sabido que los servicios de inteligencia iraníes, controlados por los sectores más conservadores, operan bastante por su cuenta y que algunos de sus jefes, en ocasiones, han demostrado tener su propia política exterior, sobre todo en la parte occidental de Afganistán, la principal zona de interés para los iraníes.

"Pero es muy distinto decir que el Ejecutivo en Teherán, que además está bajo control de los reformistas, haya tomado la decisión, como parte de su política exterior, de ponerse del lado de Al Qaeda y los talibanes o de desestabilizar al régimen interino de Kabul", agrega Sick, quien también es el director ejecutivo de Golfo/2000, un proyecto de investigación internacional en los ámbitos de la política, economía y seguridad en el Golfo Pérsico.

A su vez, Rubollah Ramazani, profesor emérito del Departamento de Asuntos Internacionales de la Universidad de Virginia y asesor de distintos gobiernos estadounidenses en asuntos de Medio Oriente, destaca que no deja de sorprender que la Casa Blanca se extrañe de que Irán quiera mantener una influencia como actor estratégico en la zona.

"Son vecinos, está el narcotráfico y en Irán hay más de un millón y medio de refugiados afganos, una cantidad que se hace sentir en la economía", plantea Ramazani. Y agrega que Teherán siempre ha tratado de proteger a la minoría shiíta en Afganistán y que ha reconocido su oposición a que EE.UU instale bases permanentes en Asia Central, tal como hizo en Arabia Saudita luego de la Guerra del Golfo.

"Cuesta entender que Washington, a miles de kilómetros, quiera tener una influencia en Afganistán, pero se sorprenda de que Irán, que tiene una relación histórica y posición estratégica en la zona, también persiga lo mismo", agrega.

Las fuentes concuerdan también en que las acusaciones contra Irán, además de acabar con ciertas tendencias hacia el acercamiento que se había producido en los últimos dos años, dificultan sobremanera el accionar de las fuerzas reformistas y democráticas en Irán, potenciando el discurso de los conservadores.

 

 

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