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Su vida

El hombre detrás del político

“Creo profundamente en el valor de los sentimientos. Creo que la bondad es la fuente de muchas virtudes. Creo en el valor de la emoción. El ser humano debe combinar la razón y los sentimientos. Sin sentimientos es un robot, un autómata. Y sin racionalidad, es un humanoide, una persona expuesta a que sus sentimientos deriven en resultados distintos a los que aspira. Yo trato, por lo menos, de no actuar impulsivamente. ¡Cuántos enojos y peleas inútiles por obedecer el primer impulso! Mantener una situación de armonía con el resto de los seres humanos exige no dejarse llevar por impulsos ciegos, fanáticos o precipitados”. (Jaime Guzmán, 28 de junio de 1946- 1 de abril de 1991)

 

Jaime Guzmán nunca pensó en ser abogado, sus intereses apuntaban al sacerdocio, sin embargo, la influencia de su madre, Carmen Errázuriz, lo llevó a ingresar a la Facultad de Derecho de la Universidad Católica a la corta edad de 16 años, obteniendo su licenciatura con grado máximo en 1968.


La importancia de Dios en la vida de Guzmán fue siempre medular, despreciaba las poses o ritos sociales relacionados a la fe y desde su época de colegio ayudó a celebrar la misa, haciendo de la comunión una práctica diaria.


Fue un alumno destacado tanto en el Colegio Sagrados Corazones de Santiago, como en la universidad, a pesar de que no le entusiasmaba demasiado su carrera. No obstante, la búsqueda de una formación de carácter general y la posibilidad de realizar labores de docencia, periodísticas y, en general, todo trabajo que significara defensa de las ideas, calzaban mejor con sus inquietudes.


Aunque nunca se casó, Guzmán vivió rodeado de mujeres ya que fue el único hombre entre los hijos de la familia, compuesta además por sus hermanas Rosario e Isabel.


En su departamento de soltero llevó una vida privada, sobria y austera, esquivando todo lo exótico, aunque él mismo era considerado por sus amistades “levemente excéntrico”. Por ejemplo, disponía de una nutrida farmacia, y se comentaba que una de sus debilidades eran los remedios.


 

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