Julio Martínez Pradanos nació el 23 de junio de 1923 en Temuco, hijo único del matrimonio entre José Martínez y Julia Pradanos, inmigrantes españoles que llegaron a comienzos del siglo pasado al sur de Chile. Cuando Julio tenía un año se trasladaron a Santiago, luego de que la empresa familiar quebrara. Su madre durante esos años le enseñó a hablar el castellano pulcro de Valladolid, su padre, amante de las artes, acostumbraba a llevarlo al Teatro Municipal, además de alentarlo por más de diez años a seguir clases de violín y piano.
Julio Martínez
Sus estudios primarios los realizó en el Colegio San Pedro Nolasco, donde se formó en la retórica gracias a su personalidad respetuosa y extrovertida, que le permitió ser el orador oficial del colegio en sus diversas actividades. Pero su pasión era el deporte. En los recreos leía revistas deportivas y jugaba al fútbol, aunque no se destacaba por ser un buen jugador.

Fanático de Unión Española (el club bautizó la tribuna de prensa de Santa Laura con su nombre), junto a su padre no se perdía ningún partido que se disputara en la capital, experiencias que plasmaba en el papel, pues era el redactor de las críticas deportivas que se publicaban en el diario mural del colegio. A los 17 años, en su último período escolar, su padre murió de cáncer. Aquella fue una experiencia dramática, no sólo por el cariño que sentía por él, sino por la responsabilidad que debió asumir con su madre.

Inmediatamente debió empezar a trabajar y tuvo que dejar atrás su intención de entrar a la universidad a estudiar leyes. Inició labores en su propio colegio como secretario, donde aprendió a escribir a máquina, además trabajó en tiendas, y con el tiempo se hizo vendedor de Moletto; su madre además, era modista. Sin embargo, la pobreza fue constante y los hizo vivir en una residencial por casi diez años, en los que debieron incluso, compartir una sola pieza.

El 18 de septiembre de 1945, el destino de Martínez cambió. Fue a buscar a un amigo que trabajaba en radio Prat cuando, a falta de locutor, el radiocontrolador de turno le preguntó si se atrevía a realizar el espacio. Unos días después del fortuito debut radial, Martínez fue solicitado para trabajar en esa emisora en el programa "Clínica Deportiva". Ese mismo año ingresó al diario La Hora. En 1949 llegó a radio Agricultura, en cuyos programas permaneció 19 años, primero como comentarista y más tarde como director. En esa época además se inició en el diario Las Últimas Noticias, donde permaneció hasta el 1996. Ahí, su firma como "JM" se hizo conocida.



Julio MartínezLa pasión de Julio Martínez por el deporte lo convirtió en uno de esos periodistas deportivos de la vieja escuela, un hombre que se formó en base a la experiencia y al talento innato, un autodidacta. Fue además uno de los periodistas que recibió en las salas de redacción a las primeras generaciones de profesionales universitarios, lo que para él fue todo un orgullo.

Esta carrera ascendente dio frutos en 1962, en el Mundial de fútbol disputado en Chile. En ese torneo, Martínez brilló como el mejor relator, y se consolidó como una figura popular. Su voz marcó el Mundial y quedó inmortalizada en más de un millón de discos que se vendieron con esos goles y la frase "justicia divina" como una marca registrada.

Dos años más tarde, en 1964, se casó con Norma González, quien fue su única esposa, y con quien debió mantener una relación clandestina por cerca de diez años. La razón fue que la madre del periodista nunca quiso a Norma por ser una mujer separada y con dos hijos. Sólo a su muerte, a los 93 años, Julio inició una vida conyugal. No tuvieron hijos en común, pero el periodista si tuvo un primogénito –que heredó su nombre- en 1955 producto de otra relación amorosa. Su vida personal nunca se mezcló con su vida profesional y, aunque su actividad laboral lo alejó largas jornadas del hogar, su esposa siempre lo entendió y apoyó. Fue una relación duró más de 40 años.
A fines de los años 60', fue amante del tango y la bohemia santiaguina. Se reunía todas las tardes con sus amigos en el restaurante Nuria. No fumaba ni tomaba café, prefería una copa de vino, coñac o jerez. Era planificado y ordenado. Fue así como su carácter personalista y obstinado le permitió lograr todo lo que se propuso.
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En 1970 recibió el premio Isidro Corbinos, máxima distinción otorgada por el Círculo de Periodistas Deportivos de Chile, -llamado después Premio Nacional de Periodismo Deportivo-. Este premio se le otorgó por sus 25 años de calificada labor, y debido a los cargos periodísticos que a esa fecha ocupaba. Era jefe de deportes en el diario Las Últimas Noticias, director de Tribuna Deportiva de Radio Corporación, animador de "Charlas con camisa" de la misma emisora, redactor colaborador de la revista Estadio; animador de "15 minutos con J.M." programa semanal de Canal 13, e integrante del programa "A esta hora se improvisa" de la misma estación.

En la década de los ochenta y noventa su trabajo continuó intenso en radio, prensa y televisión. En total, escribió durante 25 años para la Revista Estadio, 47 años para el diario Las Últimas Noticias, 20 años estuvo a cargo de "Deporte Total" en Radio Minería, y condujo espacios deportivos en Canal 13 por 40 años.

Pasados los 70 años supo que tenía diabetes. Tuvo que cambiar su dieta y dejar la buena mesa, uno de sus mayores placeres. Sin embargo, esta enfermedad no le impidió que siguiera trabajando.


En 1995 le dieron su mayor alegría laboral: Premio Nacional de Periodismo. Éste fue el galardón que con más emoción recibió, pues representaba 50 años de su carrera periodística ininterrumpida, y era el único reconocimiento al cual él había postulado anteriormente -en dos ocasiones-, sin poder ganar.
El 2000 recibió el premio Amador Yarur del club Palestino como el Mejor Periodista Chileno del Siglo XX. Cuatro años después, junto a Sergio Livingstone, recibió el primer premio otorgado por Anatel a la Mejor Figura Televisiva 2003. En esa ocasión no dudó en calificar la TV como "banal y carente de contenido", ya que siempre sintió una especial distancia con este medio. Este mismo año sufrió su primer revés laboral: fue despedido -por primera vez en su larga trayectoria- de radio Agricultura. En esa ocasión reconoció que la radio era el medio que más le había apasionado durante su carrera y su vida personal.
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A fines de 2004, a la edad de 81 años, lo operaron de la próstata, intervención que no comentó a sus familiares ni a los medios para evitar preocupaciones. Cinco días después de la operación, estaba en Canal 13 mostrando los goles y escribiendo su columna semanal para el diario La Segunda. En esa oportunidad su mujer señaló en una entrevista realizada por las Últimas Noticias: "Si Julio deja de trabajar se muere".

El 18 de septiembre de 2005, cumplió sesenta años de trabajo. Los comentarios a su labor fueron muchos. "Él ha sido una escuela en esta actividad", dijo Mauricio Israel; mientras Juan Cristobal Guarello afirmó que "me encanta su facilidad de palabra, su memoria y esa capacidad de situarse como simple espectador de las cosas, no como protagonista como hacen algunos periodistas. Me encanta la gente elocuente y por eso valoro su dominio de la palabra, las metáforas y la sinonimia".

Con motivo de reconocimiento a su trayectoria, llegó además una carta de FIFA firmada por Joseph Blatter donde destacaba el trabajo de Julio Martínez Pradanos como un "legado" para las generaciones del periodismo deportivo chileno.
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Julio Martínez el 2006 siguió vigente, durante todo el año realizó su habitual comentario semanal en Canal 13 y escribió su columna deportiva en el diario La Segunda, pero poco a poco su presencia en los medios fue disminuyendo paulatinamente. Y, tal como lo predijo su esposa, al quedarse sin micrófonos ante los cuales entregar sus palabras, el recordado icono del periodismo deportivo falleció y una voz menos, la más respetuosa de todas, se extrañará en los estadios.

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