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LAGUNA DEL DESIERTO
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Hacia una zona conflictiva

Alertados por el colono, carabineros partieron de inmediato hacia la propiedad del denunciante para resguardar el territorio nacional.

 

La patrulla estaba a cargo del mayor Miguel Torres, y la integraban también el teniente Merino, el sargento Miguel Manríquez y dos carabineros.

 

El sargento chileno comenzó a gritar a los gendarmes que podían salir, ya que los chilenos no pensaban disparar. Todo era silencio. Pero en ese momento, la quietud se rompió con el zumbido de una bala que salió de la espesura y se cobijó, mortal, en el pecho del teniente Merino.

Durante su permanencia en la zona, los policías chilenos percibieron el sobrevuelo a baja altura de aviones argentinos, una señal más que clara de que el territorio estaba en disputa y que tanto chilenos como argentinos lo consideraban propio.

 

El 6 de noviembre, cuando la situación parecía tender a tranquilizarse, pues no se detectaba la presencia de efectivos argentinos, la irrupción de dos niños corriendo en el pequeño campamento levantado por los chilenos puso un alerta en la avanzada de carabineros.

 

Los pequeños -hijos de los colonos chilenos de la zona- avisaron que habían visto a agazapados a efectivos argentinos que se acercaban al lugar. Según diversos reportes confiables de la época, el número de gendarmes argentinos que integraba esa misión era de alrededor de 90 hombres. Los chilenos eran cinco, lo que dejaba una proporción de 18 a 1.

 

Alertado por los niños, el jefe de la avanzada chilena se internó en el bosque gritando a los argentinos y pidiendo hablar con el oficial a cargo, con el obvio objetivo de evitar un enfrentamiento.

 

Al no tener respuesta siguió avanzando, pero esta vez el teniente Merino y el sargento Manríquez se apresuraron en alcanzarlo para que no continuara solo. "Yo lo apoyo, mi mayor", le dijo el joven oficial y se puso detrás suyo.

 

Al mismo tiempo, el sargento chileno comenzó a gritar a los gendarmes que podían salir, ya que los chilenos no pensaban disparar. Todo era silencio. Pero en ese momento, la quietud se rompió con el zumbido de una bala que salió de la espesura y se cobijó, mortal, en el pecho del teniente Merino.

 

A continuación, una infernal lluvia de balas buscó alcanzar a los chilenos. También cayó herido el sargento Manríquez, en momentos en que el teniente Merino ya agonizaba. "Me fregaron mi mayor", dicen testigos que fueron sus últimas palabras.

 

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