María de la Cruz (1912-1953)
La primera senadora


El 4 de enero de 1953 marca un hito en la historia de la política nacional. Aquel día Chile tuvo su primera senadora, luego que María de la Cruz, fundadora del segundo partido femenino de Chile, ganara con el 51% de los votos a sus dos contendores en la elección complementaria. Los comicios habían sido convocados para llenar la vacante que Carlos Ibáñez del Campo dejaba al asumir la Presidencia de la Nación.

El logro no sólo significó una conquista personal. Que María de la Cruz triunfara en la elección, coronaba el anhelo por el que tanto habían luchado miles de mujeres en el país: tener derecho a voto, primero, y entrar al mundo de quienes tomaban las decisiones, después.

La carismática mujer y gran oradora nació en 1912 en la localidad de Chimbarongo, pero pasó su infancia en los solares de la hacienda “Monterilla” en San Antonio, donde su padre, Marcos de la Cruz, se desempeñaba como contador general.

Sus primeros estudios los realizó en un colegio de monjas donde aprendió las primeras letras y adoptó con firmeza, las convicciones religiosas que nunca ocultó. “Creo en Dios, lo siento en mi corazón y tengo orgullo al proclamarlo”, reconocía públicamente. Luego continuó sus estudios en el Liceo 5 de Santiago y aunque no llegó a la universidad, nada impidió que escribiera y se dedicara a los negocios.

Su agitada vida política comenzó en 1946, cuando junto a un grupo de mujeres dio vida al Partido Femenino Chileno que, posteriormente, lideró no sin problemas: sus constantes peleas con la doctora Ramos, quien fuera directora del Manicomio de la época, provocó una fuerte división en el conglomerado.

No obstante los conflictos, luchó con firmeza junto a otras feministas por una causa común: lograr el derecho a voto, meta que alcanzaron en 1949, y hacer uso de ese derecho.

El Partido Femenino Chileno recibió influjos del justicialismo argentino liderado por Juan Domingo y Eva Perón, a través de María de la Cruz, quien surgió como personaje cuando el movimiento femenino decaía. Una vez conseguido el derecho a voto, el partido se mantuvo firme, por un tiempo, y llegó a tener 27 mil miembros.

En 1950 tuvo lugar un congreso en el que se fijaron las bases programáticas del conglomerado: derecho de las mujeres a ser elegidas, igualdad civil de ambos sexos y leyes protectoras de la mujer.

En su rol partidista, María de la Cruz se preocupó de estudiar la legislación que no favorecía a la mujer, creó un ropero para ayudar a las familias más desposeídas, e intentó renovar el organismo regulador de los precios, entre otras obras.

La segunda es la vencida

Su primera cruzada por llegar a la Cámara Alta se produjo cuando Arturo Alessandri Palma dejó su cargo. Decidida a que su nombre se hiciera conocido en el país, María de la Cruz se lanzó en pos de ese cupo, a sabiendas de que sus posibilidades eran prácticamente nulas.

En efecto, perdió, pero consiguió su objetivo de dar un paso más en la política nacional. La derrota no la frenó y, por el contrario, se convirtió en una ferviente partidaria de Carlos Ibáñez del Campo, por quien recorrió el país haciendo campaña.

Cuando su líder obtuvo la Presidencia, María comenzó su propia carrera por ocupar el lugar que había quedado vacante en el Senado y triunfó.

"El pueblo la llevó al Senado", publicaba la prensa el 5 de enero de 1953, consignando el logro de la nueva senadora.

Nueve días después una flamante María de la Cruz era recibida en el Congreso, en un hecho que marcó una nueva etapa del avance de la mujer chilena por la conquista de sus plenos derechos cívicos.

Pero la vida le tenía reservada una mala pasada. Su carrera en el mundo político se vio truncada el 4 de agosto del mismo 1953, cuando fue inhabilitada como parlamentaria luego que tres mujeres la acusaran de formar parte de una organización que contrabandeaba relojes. El hecho marcó la salida del Partido Feminista del Congreso y el fin de la organización.

En el corto tiempo que alcanzó a ejercer como legisladora, María de la Cruz formó parte de la comisión de Trabajo y Previsión Social e intervino en favor de una indemnización para los ex empleados y obreros de la Empresa de Transportes Colectivos del Estado.

 
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