Domingo 15 de septiembre de 1991

    El último pronunciamiento de Pinochet

    Por Raquel Correa.

    - La opinión pública está sorprendida con esta seguidilla de entrevistas que usted está dando. ¿Qué significa? ¿Se trata de una campaña?

    No. Yo no estoy en campaña. La campaña la están haciendo los del otro lado.

    - ¿De qué lado?

    Del lado de los que no me quieren. ¿O usted cree que no me doy cuenta? -pregunta cazurro-.

    - Su serie partió con un reportaje en "La Tercera", siguió con entrevistas en "La Epoca", Canal 13, "Ercilla", "El Mercurio", "Caras" y Megavisión. Eso no había ocurrido nunca.

    Pero es que éste es el mes de las glorias del Ejército.

    - El año pasado también celebraron septiembre...

    Y también di entrevistas. El año pasado dicté una conferencia, ahora dos.

    - General, esta serie de entrevistas periodísticas ¿las aceptó porque el Ejército necesita mejorar su imagen?

    El Ejército tiene su imagen propia -dice rotundo.

    - ¿Mejorar la imagen del general Pinochet?

    El general Pinochet también tiene su imagen.

    - ¿Y cómo cree usted que es su imagen?

    ¡Buena! -se ríe-. Oiga -chancea- hay cosas que son buenas y cosas que son malas. Como esto tiene dos lados, la imagen es buena aquí y mala acá. Por lo demás nunca me he preocupado de formarme una imagen.

    - Yo no quiero ser instrumentalista, general.

    Si yo pensara instrumentalizar a una persona, a la que menos pensaría aceptarle una entrevista habría sido a usted. Porque usted tiene una personalidad bastante fuerte, le gusta que le aclaren ¡sus! Preguntitas y además -se ríe- le gusta hacer lo que usted quiere.

    Según las fuerzas

    - ¿Echa de menos el poder que tuvo?

    ¡Entiéndame! Yo el 11 de septiembre lo hice única y exclusivamente por mi país. ¡Por mi patria! Y por mi patria estuve diecisiete años en el poder, ¡no dieciocho, como dije erradamente en la entrevista de la televisión!

    - Cualquiera concluiría que ese fue un lapsus. ¿Usted aún se siente en el poder?

    He tenido poder desde que era cadete. Fui brigadier, en consecuencia tuve poder sobre ocho personas.

    - La pregunta se refiere a cuando tuvo poder sobre los doce millones de chilenos.

    Siempre pensé que era una misión que recibí de la ciudadanía. Lo dije desde el primer día. Y lo cumplí. Y yo no me he resentido, ni me fui amargado, ni me puse con los brazos en cruz a llorar porque no me eligieron. Terminé mi misión -da un puñetazo sobre el escritorio- y me fui tranquilo. Y aquí estoy. Sigo trabajando con más ahínco, con más empuje que hace veinte años... Porque quiero a mi gente, quiero a mi patria.

    - ¿Y hasta cuándo va a seguir trabajando aquí, en la Comandancia en Jefe?

    ¡Buena pregunta! -se ríe fuerte-. Pero la respuesta ya la conoce, ¿verdad? Mi respuesta es: voy a seguir trabajando hasta que tenga fuerzas.

    - ¿Cómo comandante en jefe?

    Como comandante en jefe. Y después seguiré trabajando en lo que más me gusta a mí: la historia.

    - ¿Y le gustaría poder viajar?

    Sí, he viajado también. Cuando fui a Gran Bretaña lo hice por la sencilla razón de que iba a ver una cosa que le interesaba al Ejército. Y ahí... no le voy a dar nombres porque son medios duros los adjetivos que yo uso. No acostumbro a hablar cosas suaves. Soy duro para decir las cosas. Se trataba de ir a ver un proyecto. Quería verlo porque el Ejército está destinando recursos a ese proyecto y no estoy para que me estén vendiendo huevos de zorzal por huevos de avestruz. Así que de inmediato lo lanzaron a la prensa. Entonces yo me adelanté; sí acepté una invitación. ¿Qué significaba eso?

    - ¿Qué cree usted?

    Darle bombo al viaje. Y yo no quería eso. ¡Gran bombo! Allá salió un señor congresal con una grosería y... me echaron a perder el viaje. Por suerte yo tenía un calendario. Tenía otras invitaciones, que no acepté. Por lo demás, los viajes míos siempre han sido iguales. ¡Ir, ver y volver! -golpea la mesa-. A usted le consta: fui a España, a los funerales de Franco, estuve dos días y me vine.

    - Porque no lo dejaron quedarse a la coronación

    ¡No señora! -los ojos se le ponen como piedras.

    - Entonces, le pregunto: ¿no le dejaron quedarse a la coronación?

    Ah -ironiza- ¿Está preguntando...? Porque me pareció que lo decía como afirmativo... ¡No es así, señora! Al extremo que el Rey me fue a dejar al puerto aéreo, lo que no habría hecho si hubiera sido tanta la negativa.

    - ¿El Rey fue a dejarlo al aeropuerto?

    ¡Sí, señora! Y fue muy gentil conmigo cuando fui a saludarlo. Lo que pasa es que yo considero que una va a un viaje por un deber preciso y no se queda una semana. Esa es mi manera de pensar... No estoy criticando a nadie...

    - Ahora Chile se reinsertó en el mundo y en su gobierno estuvo completamente aislado.

    ¿Quién le contó ese cuento? Parece que trae preparados los cuentos... Chile se reinsertó en el mundo hace muchos años. Vea usted el fomento que ha tenido nuestro comercio internacional que es lo efectivamente beneficioso para el país. Por otra parte, los viajes que he hecho. A Estado Unidos me invitó el señor Carter. Ahora he sabido que fue él quien se opuso a mi viaje a Filipinas, como contó esta semana la señora Imelda de Marcos. Ella declaró que el señor Carter amenazó para que no me recibiera.

    - ¿Ese fue su peor desastre internacional?

    Un mal rato. Pero ahora usted ve: éste se condenó solo. ¿Cómo es posible que un presidente de una república grande se meta a actuar como si nosotros fuéramos colonia?

    - ¿Sigue actuando así Estados Unidos?

    No me pronuncio.

    Informe Rettig

    - ¿Qué le parece que Chile pague "ex gratia" a los deudos de Letelier y Ronnie Moffit?

    Tampoco me pronuncio... Le voy a pedir un favor: no es que yo tenga miedo a decir las cosas, pero prometí no inmiscuirse en ningún asunto que le pueda crear problemas al Gobierno, y que, por lo demás, no son de competencia del comandante en jefe.

    - ¿No le quiere crear problemas al Gobierno?

    No. Y a usted se lo dije antes de dejar el mando. Le dije: soy un hombre que quiero a mi patria. ¿Sí o no?

    - Pero le ha creado problemas

    ¿Cuándo? ¡Dígame cuando!

    - Cuando se creó la Comisión Rettig. Casi hubo un golpe, ¿o no?

    No. El Informe Rettig fue elaborado por un grupo que no quiere a las Fuerzas Armadas. ¡Eso es el Informe Rettig! Es lo mismo que yo ahora dijera: "¡Señores, la guerra mundial no fue una guerra, fue un encuentro!" Entonces le bajan el nivel y principian los juicios. Hasta la bomba atómica caería en el juicio. ¡Todo! Si esto fue una guerra, como lo cuento en el segundo tomo de mi libro. Fue una guerra irregular. "Guerra irregular", ¡así se llama!

    - General, uno de los grandes dramas vividos por este país es que en esa guerra irregular hubo prisioneros que fueron asesinados, a los que se aplicó la "ley de fuga". Hubo gente desaparecida.

    No le quiero contestar así como me lo está planteando usted. Usted está mirando el problema muy fríamente, porque cuando hay una lucha, donde se encuentran las armas por ¡miles!, donde se encuentra con un grupo de guerrilleros, gente que está dispuesta a matar, que no son sus compatriotas, y que si son compatriotas ni siquiera se identifican... ¿Le hago una pregunta? ¿Les aplica la leyes de la guerra, el trato al prisionero? ¡Si ésta fue una lucha muy dura!

    - ¿Cuántos días duró?

    ¡Cuántos días! Oiga, si terminamos el año 90 y seguía la pelea. Asesinatos...

    - ¿Hasta ahora sigue la "guerra irregular"?

    Yo no sé... Hasta que yo me fui.

    - ¿Y en la "guerra irregular" se sepulta legalmente?

    Se sepulta en tumbas de circunstancia.

    - ¿Y no se le avisa a la familia...?

    Pero, ¿qué familia? Si la persona no tiene identificación. Perdóneme, pero usted está en otro mundo. La gente que luchaba no tenía identificación, no tenía nombre. Usaban nombres de chapa; Lucho, Tere, Gómez...

    - No todo eran guerrilleros. Había intelectuales, empleados públicos, dirigentes laborales...

    Pero eran tipos que tenían armas, que estaban actuando en contra, alimentaban a los guerrilleros. Y le pido, ya dé vuelta la hoja porque si no...

    ¡Amnistía!

    - Antes de dar vuelta la hoja, general...

    A usted le gusta mucho el tema.

    - Sí. Y usted lo sabe.

    Claro. Por eso estoy preparado para contestarle.

    - ¿Cómo explica sucesos como los de Calama, donde se mató a prisioneros, algunos de los cuales estaban en vísperas de salir en libertad? Amnistiado.

    ¡Como quiera! ¿Qué están haciendo los presidentes actualmente? Amnistiando a los guerrilleros. Contésteme, pues, déme un poquito de lado ¿o tengo que contestar yo no más? ¿Qué hacen los presidentes? ¡Indultar, pues! Porque es una forma de traer paz. Aquí debiera haber un indulto general. ¡General! Y se acabó la fiesta que están haciendo ahora. Porque están abriendo las tumbas...

    - ¿Entonces está de acuerdo en que se libere a los presos políticos?

    Pero si ya han salido todos.

    - ¿Está de acuerdo?

    No digo que estoy de acuerdo ni en desacuerdo. Estoy callado.

    - Pero usted recién dijo que se debían indultar.

    Lógico. Cuando pasan los hechos, cuando ha transcurrido un tiempo. ¡Fíjese que han pasado diecisiete años!

    - En algunos casos menos.

    Bueno, lo que usted quiera. ¡Ya! Cinco años. La herida estaba cerrada. ¿Por qué le hacen esto, abrirla de nuevo...? Y ya que me lo pregunta, se lo voy a contestar -y la voz sube, desafiante-. Fíjese que buscaron el mes del Ejército para hacer esto que están haciendo. ¡Ejemplo!: abrir las tumbas.

    - ¿Se conformaría, general, sin saber si un hijo suyo está vivo o está muerto, sin siquiera tener el consuelo de ir a rezas a su tumba?

    Mire, ¡depende! Si mi hijo está metido con los criminales que estaban, dispuesto a matar a su padre, ¿qué le voy a ir a rezar yo? Rezo todos los días, encomendando a Dios las almas de los muertos. Y el día domingo leo la Biblia.

    - Pensando en esas madres, esas hermanas, esas esposas...

    Claro, usted piensa en eso. Usted tiene el corazón muy blando.

    - ¿Usted lo tiene muy duro?

    No. Pero usted es muy bondadosa y yo no soy tan bondadoso como usted. Si es cuestión de grados.

    - ¿Tiene el corazón duro, general?

    No TAN duro. Por supuesto que afronto las cosas con cierta dureza. ¡Cómo no voy a hacerlo así si yo no soy santo!

    Pregunta insólita

    - Eso de felicitar a los desenterradores, decir que era económico poner dos cadáveres por ataúd...

    ¡Cómo dan vuelta las cosas! Yo voy saliendo de una conferencia, me encuentro con un grupo de señores periodistas, y -como he dicho- yo los respeto. Creí que me iban a preguntar respecto a la conferencia, pero de inmediato me preguntan qué opino de los cadáveres que aparecieron en el cementerio. ¿Qué les iba a decir yo? ¡Qué interesante! Si están buscando cadáveres en el cementerio, ¡no es ninguna gracia, pues! Están encontrando cadáveres donde hay cadáveres.

    - General, se trata de tumbas de personas que cayeron...

    No esté segura, ¡perdóneme que le diga!

    - ¿Se sintió sorprendido y contestó mal o dijo lo que pensaba en ese momento?

    No. No dije lo que pensaba. ¡Fue una respuesta a una pregunta insólita!

    - ¿Cómo va a ser insólito preguntar al comandante en jefe del Ejército que fue quien dirigió el golpe militar y era Jefe de Estado cuando esas cosas pasaron...?

    ¡Cómo no va a ser insólito que abran las tumbas!

    - Lo insólito, general Pinochet, es que haya muertos sin nombres, que haya camisas con dieciséis agujeros de bajas en la espalda...

    ¡Vaya para allá a verlos, usted entonces! -contesta furioso y de inmediato reacciona sonriendo. Y con la voz completamente serena ya, agrega: Lo insólito es que en este mes del Ejército buscaran estas cosas para sacarlas a luz. Lamento que los hayan tomado así...

    - Decir que es económico meter a dos asesinados en el mismo ataúd...

    ¡No le ponga "asesinados"! ¿Usted sabe cómo estaba de cadáveres la morgue los primeros días del combate de septiembre del 73? La morgue estaba llena, ¡llena!

    - Entonces, en vez de identificarlos y entregarlos a sus familiares los echaron en fosas comunes...

    ¡Pero si no se podían identificar, pues, por dios! Si era imposible: no tenían carné, ni documentos; sus familiares no los reclamaban, ¡discúlpeme! Como no reclamaron a los fusilados en el norte...

    - Entre ponerse a llorar -como usted dijo el otro día- y decir lo que el ministro Correa calificó de cruel -y que muchos chilenos sintieron muy cruel- hay una gama enorme de respuestas.

    Yo fui demasiado brusco. Me resultó demasiado imprevista la pregunta.

    - O sea, ¿admite que fue un error, una ligereza suya?

    Puede ser una ligereza...

    - Y después que los dijo ¿no pensó que se había equivocado?

    Pensé ¡qué lamentable!, esta respuesta va a traer problemas.

    - El general Matthei dijo que se comería una por una las palabras críticas dichas respecto a la Concertación... ¿Usted no se comería esas palabras?

    A lo mejor me las comería, pero no recuerdo haber comido palabras... Usted me está picaneando.

    - ¿Y qué quería?

    Se ríe y continúa esperando preguntas como un gladiador en medio de la arena romana.

    Arellano y Contreras

    - ¿Qué pasó en el norte?

    En el norte hubo un juicio y los condenaron y los fusilaron.

    - ¿Qué pasó en Calama?, ¿con la llamada "Caravana de la Muerte"?

    Eso estuvo en la justicia.

    - ¿Usted cree que el general Arellano es responsable de eso?

    Por los antecedentes que yo tengo, Arellano no es responsable de lo del norte. Arellano es amigo mío. ¡Era! amigo mío. El era democrático de una manera y quería que yo fuera democrático de su misma manera. Y yo era tan democrático como él, pero él tiene su manera de actuar, yo la mía. No por eso he dejado de sentir afecto por él.

    - ¿Leyó "Los zarpazos del Puma usted?

    He leído tantas cosas. Tantas- responde en un susurro.

    - Llamó la atención que usted, en declaraciones públicas, "dejara caer" al general Contreras.

    ¿Cómo lo dejé caer?

    - Dijo que usted defendía a sus hombres "en servicio activo"...

    ¡Lógico! Porque va saliendo de la esfera mía, deja de estar bajo mi mando.

    - Pero Contreras fue un hombre suyo de su máxima confianza, como que le entregó la dirección de la Dina, organismo que usted creó...

    ¡Perdóneme! -interrumpe con fuerza-. Usted me está quitando las palabras que yo dije. Dije que el general Contreras era mi subalterno, que es un valiente. Entonces, como los periodistas siempre le tiran a uno, me representaron haber dicho que no permitiría que me tocaran a ninguno de mis hombres. ¡Yo me refería a los míos!

    - Entonces, ¿Contreras no es de los suyos?

    Pero, perdóneme. ¡No está bajo mi mando! Contreras es un hombre independiente. Pero eso no quiere decir que me despreocupe de él.

    - ¿Y de qué manera se va a preocupar de él? ¿Le va a poner abogado?

    Si me pide un abogado, y está dentro de mis atribuciones hacerlo, yo se los presto. Pero no me ha pedido nada.

    - ¿Qué hará si lo llevan a los tribunales?

    Tengo que esperar para ver qué pasa.

    - ¿No lo ha pensado? Usted es un estratega... Si a un general que fue su subalterno lo juzgan por hechos ocurridos mientras estaba en servicio activo, por actos cometidos cuando dirigía la Dina que usted creó para combatir la subversión, lo llevan ante los tribunales como autor intelectual de un asesinato...

    ¡No lo pueden llevar a los tribunales! Los interrogatorios deben hacerse por oficio. Ni lo pueden llevar a la cárcel. Hay una disposición en el Código Militar. Así que esas posibilidades son falsas. No puede ir a la cárcel, iría a un cuartel.

    - ¿Sin su apoyo?

    Con mi apoyo moral. Siempre lo ha tenido. El general Contreras siempre ha contado con mis simpatías. ¿Para qué le busca por ese lado?

    - Porque él es acusado de haber ordenado el asesinato de Letelier...

    ¡No lo creo! ¡NO LO CREO! ¡No creo que Manuel Contreras haya estado metido en eso!

    - ¿Y quién lo mandó a matar?

    ¡Qué sé yo!

    - ¿Y al general Prats?

    ¡Menos! No lo sé. Prats era amigo mío, señora. Yo le puse gente para que lo cuidara. Yo le facilité medios para que se fuera a Argentina. ¡Aquí si que lo querían matar! Aquí -golpea con el índice la cubierta del escritorio.

    - ¿Quién lo quería matara aquí? ¿En el Ejército?

    ¡No, señora! La gente de afuera, porque lo consideraban un traidor.

    - ¿A quién?

    Traidor a Chile. Había civiles, ¡ci-vi-les! Que hablaban de matarlo. Y lo llamaban por teléfono para amenazarlo.

    - ¿Por qué no le facilitó la salida desde Argentina?

    ¿Yo? Porque él no me lo pidió. ¡Todo lo que me pidió se lo di!

    - ¿Quién mandó a balear a Bernardo Leighton y su mujer?

    ¡Qué sé yo! Eso no le sé tampoco. Cómo voy a saber yo esas cosas. ¡No sé!

    - ¿Y para qué tiene servicio de inteligencia?

    Los servicios de inteligencia son para otra cosa. Para constatar, prever. Esto no se prevé.

    - ¿No son para investigar?

    Se investiga, también. Pero eso no se investigó. Habría que haber mandado gente a Europa.

    "Hombre leal"

    - ¿No cree que es riesgoso para usted haber dejado caer a Contreras?

    ¿Por qué?

    - Porque tiene mucha información y gente que los sigue.

    No es riesgoso. Contreras es un hombre leal.

    - ¿Leal con el Ejército o con usted?

    Con el Ejército y conmigo.

    - Pero se asegura que tiene documentos muy comprometedores, a buen recaudo, en el extranjero...

    Eso no lo sé yo. ¿Qué cosas...?

    - Documentos, órdenes, grabaciones que podrían afectarlo a usted.

    El Presidente tiene que firmar todos los días mil y dos mil veces.

    - ¿Qué haría si Fernández Larios se presentara a declarar ante la justicia chilena por el asesinato de Letelier?

    Ese no es problema mío. Lo miro como desertor, no más. Pero ese problema es de la justicia, y nuestra justicia es independiente.

    Subordinación

    - ¿Estado Unidos ha presionado con el caso Letelier por razones políticas, a su juicio...?

    No me pronuncio.

    - ¿Considera que el Gobierno se ha dejado presionar?

    No me pronuncio.

    - ¿Ha sido difícil para usted, general, someterse, como comandante en jefe, a su papel de subordinado del Presidente de la República y del ministro de Defensa, después de haber sido Jefe de Estado?

    (En ese instante entra su ayudante. Le anuncia que tiene una audiencia y, luego, un acto fuera del edificio).

    - ¿Y cómo general? ¿No me dijo que tenía dos horas?

    Entonces recupera todo su buen humor. Con la velocidad del rayo, replica, muerto de la risa:

    "Dos horas. Claro. Las nueve y las diez. Son dos horas, ¿o no?".

    - No ha respondido si le ha sido difícil someterse como comandante en jefe al papel de subordinado del Presidente y del ministro.

    Siempre he sido un hombre muy disciplinado. Para mí el Presidente de la República merece respeto por ser el Jefe de Estado. Pero ¡no es comandante en jefe ni generalísimo de las Fuerzas Armadas! La Constitución es muy clara. Es Jefe de Estado y como tal lo respeto.

    - La pregunta también incluía al ministro de Defensa.

    El ministro de Defensa es el secretario de Estado del Presidente en ese tipo de materias.

    - ¿Cómo entiende usted el nuevo rol de las Fuerzas Armadas?

    El rol de las Fuerzas Armadas es cautelar la seguridad externa. Y la seguridad interna cuando es necesario. Y resguardar la institucionalidad.

    - ¿Qué situaciones atentarían contra la institucionalidad? ¿Cambios en la Constitución?

    ¡Salirse de la Constitución!

    - ¿Cómo se salió usted?

    ¡¿Cuándo me salí?!

    - El 11 de septiembre de 1973.

    Ah, bueno, me salí porque el gobierno de Allende cayó en la ilegitimidad y me lo pidió el pueblo.

    - ¿Y si ahora el pueblo le pidiera a alguien que se saliera...?

    No digo nada, yo. Usted está confundiendo dos cosas distintas.

    - ¿Qué amenazaría la institucionalidad?

    Ya le dije: ¡salirse de la institucionalidad!... Por ejemplo, que aparecieran de nuevo los guerrilleros mandados por el general La Guardia.

    - ¿Qué harían las Fuerzas Armadas ahí?

    Primero habría que reunir al Consejo de Seguridad Nacional, que tomaría alguna medida. Eso ya está ordenado, organizado. Su hubiera habido un Consejo de Seguridad Nacional en 1973, a lo mejor no habría pasado nada.

    - ¿Habría sido un golpe incruento?

    Cierra el cajón de un solo golpe, pero la respuesta es serena.

    "A lo mejor".

    "Lanza en los riñones"

    - Usted justifica su toma del poder en 1973 para combatir el marxismo. ¿Ganó esa batalla?

    Las batallas se ganan sin aniquilamiento. Aquí no hubo aniquilamiento. Napoleón decía que había que perseguir al enemigo con la lanza en los riñones. Pero nunca hay un aniquilamiento completo. Como que se terminó el comunismo, pero no se ha terminado. El comunismo está vigente.

    - ¿En Chile y en la Unión Soviética?

    En todas partes.

    - ¿No le cree para nada a Gorbachov?

    Para nada.

    - General, si en Chile fuera elegido un presidente marxista, ¿usted volvería a actuar?

    No sé. Ya no estoy para pensar eso.

    - ¿Cree en la renovación de los socialistas marxistas?

    ¿Y usted cree que los luteranos dejaron de ser cristianos? No, pues. Siguen creyendo en Cristo. Si en tiempo de los romanos liquidaron a todos los cristianos, los pasaron a la degollina. La gente gritaba: ¡"Se acabaron los cristianos"! A los seis meses aparecían de nuevo. Es igual con las ideas marxistas, porque van al pobre y al ignorante. Ven al marxismo con la esperanza que le quiten la pobreza. El marxismo no se va a terminar, es como la religión. Cuando se dan esperanzas, la gente los sigue.

    - ¿El Ejército está dispuesto a aceptar que en Chile haya un presidente marxista?

    Pero si no hay ninguna posibilidad de eso.

    Aylwin en La Moneda

    - ¿Cómo ve a Aylwin?

    No lo puedo ver. ¿No ve que él está en La Moneda y yo acá?...

    - ¿Cómo lo ve ejerciendo el poder que usted ejerció durante diecisiete años?

    En estos casos, cada uno tiene su manera de actuar. El Presidente la suya y yo la mía.

    - Usted soñaba con la proyección de su régimen. ¿Cree que su obra se ha continuado en este gobierno o se está perdiendo? Por ejemplo, respecto a la economía de mercado.

    Sigue. La política económica no se ha perdido y el día que la pierdan van a perder muchas cosas.

    - ¿Cree que está en riesgo...?

    Ya no creo en nada. No me pronuncio.

    - ¿Es verdad que el Presidente Aylwin no le ofreció ni asiento la última vez que usted fue a La Moneda, al día siguiente de sus palabras respecto al Patio 29?

    Noooo. Yo le pedí audiencia al Presidente para entregarle una invitación para el cóctel del 19 septiembre y otra invitación para la exposición de armas que se hará el 14 y 15 de septiembre. Llegué a la hora exacta, como siempre acostumbro. Ya me habían preparado el show afuera para gritarme.

    - ¿Quién le preparó el show? ¿El Gobierno?

    No sé quién los prepara... Cuando llegué me saludó como siempre, con la cortesía que tiene el Presidente.

    - ¿Le ofreció asiento?

    ¡Sí, señora! Me ofreció asiento. Y me senté y quedamos los dos sentado como siempre quedamos. Y le pregunté si había alguna cosa que tuviera que decirme. Me contestó no, ninguna. Muchas gracias.

    - ¿No aludió a sus palabras del día anterior?

    ¡Cómo se le ocurre! Cuando yo era Presidente tampoco me habría referido a algo así.