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El Acuerdo, un “hito vital”

Un hermoso salón de El Vaticano fue el escenario que marcó el final de un tremendo esfuerzo de los negociadores de ambos países por alcanzar la paz. Conozca detalles de la ceremonia que selló el Tratado.

La imagen muestra el momento previo a que los cancilleres de Argentina y Chile pusieran sus rúbricas al acuerdo.

Eran las 16:40 horas del jueves 29 de noviembre de 1984, cuando en la puerta Santa Anna del Vaticano se reunían los equipos negociadores de Chile y Argentina. A partir de las 17 horas un hecho histórico tendría lugar, un “hito vital” que marcaría en adelante las relaciones de ambas naciones.

Tras pasar por la plaza San Dámaso del Vaticano, los cancilleres Jaime del Valle (Chile) y Dante Caputo (Argentina), en compañía de sus respectivas delegaciones, ingresaron a la sala Reggia, en la que los Papas solían recibir a los emperadores.

En aquel majestuoso lugar los esperaba el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Agostino Casaroli, quien encabezó la emotiva ceremonia de cincuenta minutos en la que se puso término a un proceso de seis años de arduo trabajo por alcanzar un acuerdo sobre los límites en el canal Beagle que dejara a ambos países conformes.

Un breve discurso del arzobispo colombiano Gabriel Montalvo dio el vamos al acto que fue fijado por las autoridades de Chile y Argentina, luego que en este último país más del 70% de la población se mostrara favorable a la firma del acuerdo.

La delegación chilena posa junto a monseñor Casaroli tras la firma del Tratado

Tras las palabras del prelado, los cancilleres Del Valle y Caputo, con plumas de ganso especiales para la ocasión, suscribieron el Tratado de Paz y Amistad que solucionó el diferendo austral que tuvo a las naciones al borde de un conflicto bélico en 1978.

“La Santa Sede, a la vez que se alegra de rendir homenaje a esta demostración de cordura y de buena voluntad ofrecida por Argentina y por Chile, se regocija también por haber podido poner a disposición de la causa de la paz entre los dos países, su servicio de mediación convencido y voluntarioso”, enfatizó el cardenal Casaroli luego que las respectivas rúbricas fueran estampadas.

La sincera alegría de las casi doscientas personas que presenciaron la ceremonia se hizo sentir. Estaban allí, entre otros, el sustituto de la Secretaría de Estado vaticano, monseñor Eduardo Martínez; el Secretario de la Iglesia, monseñor Achille Silverstrini; monseñores Gabriel Montalvo y Faustino Sáinz, a quienes el Papa encomendó la conducción del proceso mediador tras la muerte del Cardenal Antonio Samoré, en 1983; y los jefes de las delegaciones chilena y argentina, Ernesto Videla y Marcelo Delpech, respectivamente.

Luego de participar en la ceremonia, el ya fallecido embajador Santiago Benadava, quien en 1984 figuraba como representante chileno permanente ante el proceso de mediación Papal, sostuvo que todos los que allí estaban se saludaban y abrazaban tras la firma. “Era un ambiente de mucha alegría, de mucho contento, y se intercambiaban felicitaciones con algunas de las personas presentes”, dijo a la prensa.