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Jaime Del Valle, ex canciller:

"ESTA LABOR FUE TAL VEZ LA MÁSIMPORTANTE GESTIÓN DE PINOCHET"

Cuenta que Juan Pablo II estaba perfectamente interiorizado del proceso. "Yo tuve con el Papa más de siete entrevistas, reuniones de más de media hora, sin contar cuando vino a Chile en 1987".

Entrevista publicada el 27 de agosto de 2004 por el diario La Segunda, en el reportaje especial "Historia Secreta del conflicto".

A fines de abril de 1977 el entonces director de Televisión Nacional, Jaime del Valle, junto a los directivos de diversos medios de comunicación, fue citado por el ministro de Relaciones Exteriores Patricio Carvajal, a una reunión en la cancillería. En su estilo más bien solemne le explicó a los presentes que en breve se daría a conocer el fallo de su Majestad Británica sobre la controversia judicial entre Chile y Argentina, que le había sido sometida en 1967. En forma clara y convincente recuerda del Valle- el almirante explicó que era indispensable que los medios administraran la comunicación de la decisión final con prudencia, cualquiera fuese el resultado.

Al salir del ministerio, se preguntaron si el anuncio era una noticia positiva que debían administrar con calma, o una mala noticia que debía manejarse con tino para evitar el sentimiento de derrota. A comienzos de mayo se supo el resultado que podía reducirse a una palabra: "Ganamos".

"El entusiasmo rebasó en más de un medio de comunicación las sabias prevenciones del Canciller. Así comenzó el calvario de Chile y su gobierno", dice nuestro "protagonista de la fama", que paradójicamente entró de nuevo a escena en el capítulo final de la obra. Corría diciembre del año 83 y lo mandó llamar el Presidente Pinochet para pedirle que asumiera la Cartera de Relaciones Exteriores.

Pretextos argentinos

- ¿En qué estado encontró la mediación papal?
- Iba para atrás y para adelante. Pero no por mi gestión, sino porque el Santo Padre estimó que había un avance. Muy pocos días después, el 23 de enero, tuve que viajar a Roma a firmar un simbólico Acuerdo de Paz. Después vino un estancamiento que se fue superando lentamente. Mientras la comisión trabajaba en forma admirable, en compañía del jefe de la delegación, Ernesto Videla, íbamos a la vez convenciendo a la Junta de Gobierno.

- ¿Por qué se alargó tanto?
- Si bien la mediación entró en las etapas finales de sus trabajos y se realizó una intensa labor, suele pasar que el cierre final de muchas negociaciones trae dificultades impensadas. Los argentinos estaban renuentes y siempre buscaban algún pretexto. Los márgenes de aceptación en su Senado fueron estrechísimos e incluso hubo escollos cuando ya estaba firmado el Tratado y era necesario intercambiar los instrumentos de ratificación. Argentina buscó un último recurso para negarse a ir a Roma, nada menos que a la ceremonia final que iba a presidir el Papa.

- ¡¿Qué pasó?!
- Yo tenía prevista una escala en Buenos Aires para tomar conjuntamente el vuelo con Dante Caputo. En el aeropuerto de Ezeiza nuestro embajador Arturo Fontaine me adelantó que había graves problemas y que traía el encargo del canciller Caputo de pedirme que concurriera a su despacho a fin de ponerme al tanto. Me trasladé de inmediato al Palacio de San Martín y la sorpresa que experimenté fue inmensa. Cuando llegué, el Ministro, con quien había logrado una estrecha amistad, estaba pálido, serio y perturbado. Sin mayores preámbulos me dijo: 'Jaime, debemos suspender la ceremonia en el Vaticano por cuanto mi país no está en situación de intercambiar las ratificaciones'. Habló de circunstancias de carácter jurídico administrativo y problemas internos que hacían recomendable suspender temporalmente el acontecimiento en Roma.

- ¿Cómo lo convenció?
- Recuerdo que fui muy enérgico y le manifesté a mi amigo Caputo que los problemas internos de Argentina eran superables, pero los problemas internacionales que el Gobierno de Chile le crearía a Argentina eran mucho más graves de los que pudiera suponer. Paulatinamente sustituí el tono duro por la persuasión y el convencimiento. Ahí me manifestó su deseo de hablar por teléfono con el Presidente Raúl Alfonsín. Desde donde me encontraba podía oír el tono de la conversación, tratando a su vez de convencer a Alfonsín. No transcurrieron más de cinco minutos cuando regresó con su rostro más distendido. Me dijo: 'Jaime, hay viaje a Roma. Partimos en el vuelo de esta noche'.

- ¿Pero se solucionó el escollo?
- Ya en Roma fue todo solucionado y concluido por la habilidad y peso jurídico de nuestra delegación y por el auxilio tenaz y perentorio del Cardenal Casaroli y sus asesores, los Monseñores Montalvo y Sainz.

- ¿Qué cree que realmente ocurrió?
- No tengo ningún antecedente fidedigno que pueda hacer valer, pero personalmente y sin ser por lo general un hombre mal pensado, creo que fue la última tentativa de postergar un hecho jurídico que los ligaba para siempre a una situación que no reflejaba las intenciones argentinas de años anteriores. No dudo que el gobierno del Presidente Alfonsín tuvo la sana intención de buscar un arreglo y encaminarse hacia una paz definitiva con Chile. Pero no hay que olvidar que también existían Fuerzas Armadas y un ex presidente militar (Galtieri) que desde los balcones de la Casa Rosada, había expresado que la invasión de las islas Malvinas 'era el primer paso de las Fuerzas Armadas argentinas para restaurar la dignidad del país'.