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Ernesto Videla

“Las posiciones eran irreconciliables”

Uno de los protagonistas clave de las negociaciones por un acuerdo de paz entre Chile y Argentina, recuerda con una precisión que asombra los detalles de las tratativas en que se desempeñó por varios años, y que evitaron que una guerra que se veía inminente se desatara.

Por Carolina Valenzuela E.

“Fue tremendamente agotador”, dice sin dudar el general (r) Ernesto Videla cuando recuerda con gran detalle sus días a la cabeza del equipo negociador que trabajó durante más de ocho años por evitar un conflicto bélico y establecer los límites australes entre Chile y Argentina.

Y es que fueron cerca de 60 los viajes que hizo a Roma, muchos de ellos apurados, y sin saber muy bien por cuánto tiempo tendría que permanecer allí, con motivo de las reuniones que se desarrollaban en el Vaticano.

Videla comenzó a trabajar en las tratativas en mayo de 1977, apenas unos días después de que se conociera el fallo arbitral de la Corona británica que favoreció a Chile, y no se desvinculó sino hasta que en mayo de 1985 ambas naciones ratificaron el Tratado de Paz y Amistad, que fue suscrito el 29 de noviembre de 1984 en la Santa Sede.

En esta entrevista, el jefe del equipo de negociadores recuerda los dramáticos momentos en que la guerra parecía inevitable, debido a la intransigencia de las posturas de ambos países.

- ¿Se imaginó alguna vez que el proceso iba a ser tan largo?
Nunca, nadie se imaginó que iba a ser tan largo. Fue tremendamente agotador, fueron más de 8 años de mañana, tarde y noche, porque yo tenía que dirigir a un grupo, y eso implicaba todas las funciones, de secretario incluso, porque la gente que participaba, los juristas especialmente, lo hacían ad honorem. Don Julio Fillipi, o Helmuth Brunner, por ejemplo, hacían un enorme esfuerzo en sus trabajos, pero la mayor parte de las veces yo tenía que irme después del trabajo a la casa de ellos, y también los sábados y domingos, no parábamos.

La otra era que no tenemos los sistemas modernos que hay hoy día. Teníamos que escribir a máquina, había que hablar por teléfono porque no había posibilidades de hacer conferencias. Por ejemplo, en todo ese período crítico de diciembre del 78, yo tenía que hacer 12 o 14 llamadas por una información que aparecía. Tenía que avisarles a todos y convocarlos a una reunión. Fue muy agotador, muy apasionante, una linda experiencia, maravillosa, pero muy estresante. Y en Roma lo mismo. Yo termino esta historia diciendo que ojalá pudiera viajar a Roma para recorrerlo, porque tampoco tenía el ánimo para disfrutar de una ciudad tan maravillosa, andábamos todo el día pensando cómo se salía de eso.

- ¿En algún momento pensó que no se iba a lograr un acuerdo?
Los hechos objetivos no guardaban relación con la esperanza que uno tenía. Yo tenía esperanza de que íbamos a salir pacíficamente de este problema, pero los hechos buscaban una cosa totalmente diferente, porque las unidades se estaban mirando…eso no es invento mío, están las filmaciones, las fotos, los testimonios. La posibilidad de conflicto fue real, y eso lo cuenta el propio general Videla, cuando dice que la escuadra ya estaba lanzada a la mar para ir a dar batalla, y a él le costó mucho detener a las fuerzas, pero yo tenía fe en que íbamos a salir adelante, pero la fe del carretonero. La gente me preguntaba de dónde sacaba yo fe en que esto iba a salir.

- ¿Cuáles fueron los momentos más álgidos de la negociación?
Los momentos más críticos para la paz fueron al menos tres. El primero se produjo en diciembre de 1977, cuando fracasan las negociaciones entre los ministros de relaciones exteriores Patricio Carvajal y Montes de Argentina. Y ahí hubo un apresto militar del gobierno argentino hacia la frontera que se notó muy poco, porque no estuvo acompañado de una acción psicológica, sino que sencillamente se desplazaron las unidades, y eso dio origen al encuentro de Mendoza y posteriormente a la firma de las actas de Puerto Montt. El segundo es el correspondiente a diciembre de 1978, que se produjo como consecuencia del fracaso de las negociaciones que se llevaron a efecto conforme al acta de Puerto Montt. La “comisión Dos” –como se denominaba al grupo que trabajó en el acta- tuvo seis meses para negociar los temas y no se llegó a acuerdo, y se dejó constancia de aquello el dos de noviembre. Ahí empezó, entonces, todo un camino para poder llegar a una vía de solución pacífica. Nosotros pretendíamos ir a la Corte Internacional de Justicia, porque teníamos el tratado de 1972, y Argentina consideraba ese recurso como “casus belli”, o sea, si nosotros hacíamos uso de él, eso significaba una declaración de guerra para ellos, y por eso buscamos un camino intermedio con la mediación.

- ¿Argentina perdía si se recurría a la Corte Internacional?
Argentina quería una solución política, y nosotros decíamos que teníamos que empezar una solución jurídica, porque estaban los derechos de por medio. Con los elementos jurídicos se puede hacer una negociación política, pero ellos querían un reparto político de tierras, o sea, borrón de los derechos chilenos establecidos por el tratado de 1881 y del laudo arbitral.

- ¿Chile pidió la mediación?
El 2 de mayo de 1978 se deja constancia que tras seis meses de trabajo las comisiones no llegaron a acuerdo en los temas de fondo. Entonces Chile invitó a Argentina a la Corte Internacional de Justicia, y como alternativa, lo invitó si quería ir antes a una mediación. Argentina tuvo una respuesta vaga, que sí, que no…hubo una serie de intercambios de notas en un período muy complicado, y esto desembocó el 12 de diciembre de 1978, cuando se reunieron los cancilleres Hernán Cubillos y Carlos Washington Pastor, y acordaron pedir la mediación del Papa. Pero a Pastor después lo desautorizaron, el comité militar argentino rechazó lo obrado por su ministro, y por tanto fracasó la mediación. Argentina quería una mediación porque sabía que podía tener una solución desfavorable si aceptaba ir a la Corte Internacional. Entonces él decía ‘yo acepto la mediación, pero siempre que nos pongamos de acuerdo los dos en silencio, que nadie sepa’, y le decimos ‘sabe mediador, ofrézcanos esto, y nosotros le vamos a decir que sí’. El problema era cuándo nos íbamos a poner de acuerdo, porque las posiciones eran muy antagónicas. Pero cuando se produjo el encuentro el 12 de diciembre el que ofrece al Papa como solución es Argentina, y Chile le dice inmediatamente que sí, porque nosotros también lo teníamos considerado como uno de los posibles mediadores.