Volver al inicio
Términos y condiciones de la información © El Mercurio S.A.P.


Ernesto Videla

Reivindicaciones: Punto de quiebre

- ¿Qué pretendían lograr los argentinos? ¿Eran claros sus planteamientos?
Primero declaraban nulo el laudo arbitral. Nosotros decíamos que era válido, y era válido. Después ellos decían que no era válido el decreto de líneas de base recta, que sirve para medir en las islas las 12 millas de mar territorial y las 200 millas. Pero otra condición de la línea de base recta es que las aguas encerradas por esas líneas son todas interiores, son propias del país, nadie puede navegar en ellas sin autorización. Entonces, cuando ellos decían que las líneas de base recta no eran válidas, estaban reclamando la libertad de navegación por todos los canales. En seguida, su famoso principio bioceánico que lo consideraban como una línea que iba en el meridiano del cabo de Hornos, y que por lo tanto consideraban que todo lo que iba al oriente era argentino y al poniente era chileno. Entonces decían que las islas eran de ellos, y nos negaba toda proyección marítima al oriente del meridiano.

Después decían que el límite del estrecho de Magallanes no era el que decíamos nosotros. Querían tener en la boca oriental un acceso al interior del estrecho de Magallanes, y nosotros les decíamos que no.

Sobre el sistema de resolución de controversias, no querían ningún sistema, no querían nada con el derecho porque les había ido siempre mal y sostenían que era la causa de todos los conflictos. Las posiciones eran irreconciliables. Estábamos de acuerdo en una sola cosa: en que los dos países estaban en el hemisferio sur, en lo otro absolutamente nada. El problema era cómo remontar eso para encontrar una solución pacífica. Eso en el contexto de una presión militar gigantesca.

- ¿Qué elementos de presión tenía Chile contra Argentina?
Primero que nada un mando unificado. El poder estaba claro quien lo tenía, y quien resolvía el asunto. Pero más que eso, una voluntad de paz muy grande del Presidente Augusto Pinochet, que era una persona que estaba convencida de la paz, y la demostración está en los miles y miles de documentos que hay y que reconocerá, ojalá muy pronto, el país.

Además tenía un equipo negociador multidisciplinario donde había juristas, diplomáticos, técnicos, militares, de alta calidad, los juristas chilenos son de primer nivel. Entonces se formó un equipo real, con una capacidad de discusión infinita, con una capacidad de trabajo infinita. Nada quedó entregado a la improvisación. Fueron bien diseñadas las estrategias. Nos entendimos bien en la segunda parte, cuando empieza la mediación, entre los que estaban en Santiago y los que estábamos en Roma. Hubo diferencias de apreciación, pero terminamos siempre en un consenso, llevamos siempre la iniciativa en el tema, buscando siempre por dónde salir.

Otro punto era la reserva. Aquí no se filtró nada, absolutamente nada, y nos llevamos la molestia de mucha gente, porque no les contábamos nada de nada. En eso fuimos implacables, y jugamos a la paz, y por tanto tuvimos cuidado de que los medios de comunicación no siguieran con las conductas que seguían en Argentina, que eran para impulsar el conflicto. Contamos con unos medios de comunicación maravillosos que entendieron que ese cuadro nos llevaba a la guerra. La voluntad de paz se impuso por sobre la guerra. Para hacer la guerra necesitas la voluntad de una parte, para hacer la paz necesitas la de las dos. Aquí teníamos la voluntad de uno y logramos someterlos a que también participaran de esa voluntad de paz.

- ¿Qué tuvo que ceder Chile en la negociación?
El tratado lo dice muy claramente, esto fue una transacción, y la transacción consistió en que ninguna de las partes logró todo lo que quería, pero logró lo más importante, que es la paz. En el tratado del ‘81, la transacción está territorialmente graficada en la Patagonia para Argentina y el Estrecho de Magallanes para Chile. ¿Qué logró Chile en este tratado?, El estrecho de Magallanes quedó delimitado como correspondía. Argentina se había declarado corribereño y cogarante, por tanto ella podía participar en la regulación del tráfico marítimo. La nota por la cual se había declarado en esa categoría fue retirada el día del acuerdo. La línea de base recta que ellos objetaban…retiraron la nota por la cual la objetaban. En materia de navegación, nosotros teníamos el reglamento de practicaje y pilotaje del año ‘50, donde establecía la navegación por el canal Magdalena. Era una ruta que estaba regulada y lo que hicimos con argentina fue regularla más todavía, pero dándoles facilidades para que navegaran, pero lo hacen con piloto chileno y con aviso previo. Y establecimos una delimitación marítima donde Chile está con una proyección de 10 mil kilómetros cuadrados, en lo que llaman los Argentinos el Atlántico, o sea murió el famoso principio bioceánico.

- ¿Qué aceptó Chile?
Que el límite volviera en su parte sur en esa línea que sigue y topara en el meridiano del Cabo de Hornos, a 24 millas del Cabo de Hornos. El principio bioceánico tiene un sentido terrestre, porque con el derecho terrestre tú proyectas más. Entonces nosotros aceptamos que llegaran porque era la única forma de permitir que Argentina aceptara, de lo contrario no hubiera habido acuerdo. Pero lo más importante, es que Argentina aceptó un sistema de resolución de controversias que termina en una instancia obligatoria. Por eso es una transacción. Nosotros podríamos haber aspirado a una delimitación más favorable en el mar.

El tratado hay que verlo en función de que es una transacción, en el contexto que se logró, y en que es un tratado vivo, porque está vigente hasta el día de hoy. El Papa quiso sentar las bases de la paz, por eso quiso el sistema de resolución de controversias, y la comisión binacional de cooperación económica e integración física. Hoy tenemos los elementos para poder manejar nuestras diferencias con Argentina, o sea, no es solamente que Chile ganó la paz, como si no valiera, claro que vale, pero no hay que mirarlo solamente así, por la paz podríamos haber entregado las islas, pero no. Chile conservó lo que era sustancial, el tratado del ‘81 quedó impecable, nadie lo ha tocado, el laudo arbitral quedó en toda su majestad, se usa la misma carta del laudo, se habla a partir de la delimitación existente, o sea, esa declaración de nulidad, que no tenía ninguna validez, incluso está reconocida en el tratado como un hecho.

¿Hubo dificultades dentro de Chile para alcanzar una postura?
Como había un tema básico que era marítimo, había una mayor preocupación en la marina. Entonces la marina hizo sus observaciones frente a lo de la navegación, pero nosotros no actuamos solos con esto. Yo personalmente sostuve las reuniones que fueran necesarias con los jefes de estados mayores sucesivos, y con el propio almirante José Toribio Merino, quien fue informado permanentemente de todos los pasos que nosotros estábamos dando. Ahora, las observaciones de la marina fueron legítimas dentro de su punto de vista, pero en el contexto de todo lo que se estaba negociando nosotros también teníamos que sopesar esto como un elemento más dentro del cuadro general, o sea no era única y exclusivamente la navegación. Las observaciones y toda la normativa que se pone de navegación se hacen trabajando con la Armada. Hubo ciertos aspectos que no se incluyeron en el tratado, pero que a nosotros nos parecieron que eran secundarios, y tanta razón teníamos que no han producido ningún efecto, o sea, ese reglamento se está aplicando todos los días. Llevamos todos estos años y nunca se ha producido algún problema en que uno diga “el tratado no previó esto”. Después de todas las limitaciones que se nos pusieron a los negociadores para lograr el acuerdo, se han aumentado las facilidades a Argentina en la navegación.

Al final el almirante (Merino) quería una mejor delimitación marítima, quería más restricciones de navegación, y esas no se lograron no más, porque no era realista encontrarla y él entendió que no era realista y por eso aprobó el tratado.

- ¿Las autoridades de Gobierno fueron exigentes con el equipo negociador?
En general nosotros encontramos en las autoridades una comprensión enorme. La delegación de facultades que nos entregaron se transformaba en un peso muy grande, porque había una cosa que era clara: cuando nos juntábamos a conversar en Roma, tenían que saber que estaban hablando con el Gobierno chileno, aunque tuvieses instancias tú para decir esto no lo acepto, pero cuando yo decía sí, era sí, y cuando no, voy a consultarlo. Y eso entonces le dio mucha seriedad al planteamiento nuestro, y el Gobierno tuvo una confianza infinita en nosotros, no entró nunca en el detalle. Siempre recibimos criterios generales, que esa es otra cosa muy importante en todo esto. No nos pusimos una línea, por ejemplo, de delimitación marítima, nosotros defendíamos criterios. Cuál era el criterio, por la facilidad que tenía el derecho del mar era la plataforma continental, y eso es lo que logramos, eso era lo más importante para nosotros, porque la prolongación de las 200 millas podía ser muy bonita, pero resulta que en esa zona no se puede pescar, no se puede hacer nada, es el mar más bravo que hay en el mundo. Eso, a diferencia de lo que pasó con Argentina, que se aferró a decir que las islas eran argentinas.

< Anterior