Cada vez más estacionamientos públicos en Europa están prohibiendo el acceso a vehículos eléctricos ante el temor por el riesgo de incendio asociado a las baterías de estos automóviles.
Uno de los casos más recientes, publica Autobild.es, se encuentra en un aparcamiento cercano a la plaza de Tirso de Molina, en el centro de Madrid. En el acceso al recinto, un cartel advierte que, ante los posibles riesgos de incendio de un auto 100% eléctrico, se prohíbe su entrada al garaje.
La decisión contrasta con lo que ocurre en la vía pública, donde las restricciones de circulación suelen afectar principalmente a vehículos de combustión más antiguos y contaminantes, especialmente en las Zonas de Bajas Emisiones. En este caso, agrega la publicación, la limitación apunta precisamente a los modelos eléctricos.
Los controladores de estos recintos argumentan que el problema no es solo la posibilidad de incendio, sino la dificultad para extinguir estos siniestros, ya que en los cero emisiones el fuego suele originarse en el paquete de baterías, ubicado en la parte baja del vehículo e integrado en el chasis.
Un impacto fuerte, fallos en el sistema de refrigeración, defectos en las conexiones o problemas durante la carga pueden desencadenar un cortocircuito interno. A diferencia de un automóvil de combustión, donde el fuego suele iniciarse por fugas de combustible o aceite, en los eléctricos el origen es electroquímico.
El mayor desafío para los servicios de emergencia es la llamada fuga térmica. Esta reacción puede mantenerse sin oxígeno externo y reactivarse horas o incluso días después si la batería no se ha enfriado por completo.
Además, el paquete de baterías de estos vehículos está sellado y protegido por estructuras metálicas resistentes, lo que dificulta el acceso directo al foco del incendio. De hecho, para poder controlar estos siniestros se requieren grandes cantidades de agua durante un periodo prolongado y, en algunos casos, incluso sumergir el vehículo en contenedores especiales.
A ello se suma la liberación de gases tóxicos y altamente inflamables, como el fluoruro de hidrógeno, lo que obliga a extremar las medidas de seguridad y ampliar los perímetros de intervención.
Las restricciones no se limitan a aparcamientos. Algunos hospitales en España y otros países del bloque, como Reino Unidos y Alemania, también han aplicado prohibiciones temporales en determinadas plantas o estacionamientos cerrados por motivos similares.
Aunque el debate sobre la seguridad de los vehículos eléctricos continúa, la prohibición de su acceso a espacios públicos gestionados por privados abre una nueva arista en plena transición hacia la electrificación del parque automotor.