Vire, la ciudad devastada por el "Día D" que aún lucha por resurgir de las cenizas

El 6 de junio de 1944, los bombardeos aliados arrasaron un 90% de la localidad normanda durante el histórico desembarco. Más de siete décadas después, años de reconstrucción y los intentos por reinventarse siguen marcando a su población.

06 de Junio de 2019 | 10:11 | EFE/Editado por V. Salvo, Emol
Ciertos lugares ejercen de incómodos recordatorios de la historia: Vire es uno de ellos. Cuando las conmemoraciones del Día D se centran en una victoria decisiva para la humanidad, esta ciudad normanda testimonia la devastación que produjo el desembarco. Los conocidos "daños colaterales".

Si el ejemplo de Vire es tan elocuente es precisamente porque ya no queda casi nada de ella. El 6 de junio de 1944, los bombardeos aliados arrasaron un 90% de la localidad, que tuvo que ser reconstruida a partir de un montón de cenizas y destrozos.

"Vire tiene dos historias: una, hasta el bombardeo; la otra, completamente diferente, a partir de esa fecha", sintetiza Marc Andreu Sabater, el alcalde de la ciudad.

Sus vecinos pagaron un precio muy alto por la liberación de Francia. Sabater cree que ello suscitó un "sentimiento ambiguo" entre los vireses durante años.

Destrucción total

Eran las ocho de la tarde del Día D cuando la aviación estadounidense comenzó a arrojar sus bombas sobre Vire y otros núcleos urbanos de Normandía que se consideraban vitales para los nazis.

Pero el azar quiso que aquí el aluvión de fuego y metralla pillase desprevenida a la población. Horas antes, un avión estadounidense había lanzado pasquines para advertir a los civiles de que abandonasen la ciudad, pues iba a ser atacada.

Pero ese día era muy ventoso, y las hojas cayeron en un pueblo a 18 kilómetros, como rememora Charles Cazin, quien a sus 94 años recuerda aquel 6 de junio como si hubiese sido ayer.

"Ese día nos despertó de un sobresalto un ruido lejano pero constante, como un redoble. Pronto entendimos que pasaba algo importante... ¡Esperábamos el desembarco desde hacía tanto tiempo!", recuerda el hombre.

El estruendo procedía de las playas normandas, a unos 60 kilómetros de distancia, donde 150.000 militares, principalmente estadounidenses, británicos y canadienses, participaban en el mayor desembarco de la historia.

"Lanzaron bombas de fósforo, lo que causó incendios por todas partes. Nos preguntábamos por qué nos bombardeaban a nosotros", explica Cazin, quien pese a todo no guarda rencor a los estadounidenses.

Para la noche del 6 de junio habían muerto unos 3.000 civiles normandos, casi tantos como militares aliados. Vire se llevó una de las peores partes con 500 víctimas fatales, pese a ser una ciudad de apenas 5.000 habitantes.

Tras la primera ola de bombardeos estadounidenses, llegó el turno de los aviones británicos en plena noche. Solo algunos edificios de la localidad resistieron, como la iglesia de Notre Dame o la Puerta del Reloj, una joya medieval del siglo XIII que aún sigue en pie y que sirvió de refugio para cientos de habitantes por la solidez y grosor de sus muros.

Todavía aguantaron los alemanes unos meses en la ciudad, "aunque no los veíamos mucho", recuerda Cazin, quien meses antes había tenido un incidente con un nazi, lo que lo obligó a esconderse durante un tiempo.

Lucha por reinventarse

El 5 de agosto, finalmente, entraron las tropas estadounidenses en Vire, y allí estaba el joven Cazin para recibirlas "cantando 'La Marsellesa'", dice entre risas.

Pero la ciudad estaba en ruinas. El Estado francés invirtió grandes cantidades durante los primeros años de la posguerra para reconstruir la localidad, pero llegó un momento en el que decidió frenar las inversiones, insatisfecho con los resultados.

Esto llevó a que la reconstrucción se hiciese en diferentes etapas, cuya huella es evidente en las calles y edificios.

Ahora Vire trata de reinventarse y, sobre todo, de reconciliarse con la etapa más reciente de su historia, rechazada por muchos vecinos que la consideran una ciudad fea y sin alma.

El alcalde alude al "patrimonio de la reconstrucción" para revalorizar el legado arquitectónico de las últimas décadas que se suma al "patrimonio medieval" que sobrevivió a las explosiones. "Nací en Vire y a mi mismo me ha costado 50 años levantar la cabeza y mirar el patrimonio que teníamos delante, eso está cambiando", considera Sabater.

Uno de los grandes problemas de la ciudad es su progresiva despoblación - en la actualidad tiene casi 12.000 vecinos -, pese a que la tasa de desempleo es muy baja y la actividad industrial es robusta y dinámica. El objetivo es que aquello que no consiguieron los nazis no lo haga ahora la demografía.

En su casa en las afueras, Cazin, que ha conocido las dos ciudades, lo tiene claro: "Antes Vire era muy pintoresca, muy bonita, pero la vida era dura e incómoda", suelta con una mirada cómplice hacia su mujer.
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