De figura política clave a cuestionado por muchos: El deterioro de la imagen de Juan Carlos I

Su llegada al trono marcó una nueva era en el país europeo, impulsado por el fin del franquismo y el retorno de la democracia. Sin embargo, su legado ha quedado empañado por los numerosos escándalos de los últimos años.

04 de Agosto de 2020 | 08:02 | Agencias/Editado por R. Jara, Emol
AFP
El anuncio de que el rey emérito Juan Carlos I se irá a vivir fuera de España culmina un período de deterioro de su imagen tras meses de una cascada de informaciones negativas sobre posibles negocios oscuros por su parte, que amenazaban con deteriorar la percepción de la monarquía en este país.

Seis años después de abdicar, el monarca se encuentra en una situación muy complicada, investigado por la justicia de Suiza y España por presunta corrupción y con un clamor creciente pidiendo que salga de la Zarzuela para salvar a la monarquía, que encarna su hijo Felipe VI.

Juan Carlos I, rey de España entre 1975 y 2014, disfrutó de una imagen impecable durante muchos añoscomo una parte muy importante de la transición y consolidación democráticas de España tras la dictadura de Francisco Franco y como hombre cercano.

Homenajeado en numerosos países como figura política clave y "símbolo" para la democratización en países de América Latina, según dijo a Efe en 2018 el ex Presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, ese aura sufrió un imparable deterioro en los últimos años, agravada en los últimos meses.

La noticia del lunes, entonces, es el corolario de años de descrédito del monarca por diferentes actuaciones, dejando en el pasado sus momentos de gloria que lo erigieron como una figura clave en el retorno a la democracia de España.

"Republicanos juancarlistas"

Coronado rey pocos días después de la muerte de Franco, en noviembre de 1975, el nuevo soberano planteó rápidamente la transición ordenada a una democracia parlamentaria de corte occidental, entre presiones inmovilistas del "búnker" franquista y, por otro lado, de los partidos de izquierda que buscaban una ruptura total y rápida.

Juan Carlos I eligió personalmente para timonear el proceso a Adolfo Suárez, quien logró dirigir con éxito la transición política, liberar a todos los presos políticos del franquismo, celebrar elecciones plenamente democráticas y aprobar una Constitución moderna.

La concesión de amplios poderes a las regiones, especialmente al País Vasco y a Cataluña, que gozaron de un autogobierno sin parangón entonces en Europa, fue otro de los pasos casi revolucionarios de esa época, tras décadas de férreo centralismo franquista y represión de las lenguas de esas y otras regiones.

Todo ello ocurrió en muy pocos años, entre graves tensiones políticas de todo tipo, una seria crisis económica y sangrientos atentados de la extrema derecha y, sobre todo, de la organización terrorista ETA, autora de más de 800 asesinatos, la mayor parte durante la actual democracia española.

El malestar por el terrorismo de ETA (con más de cien muertos en algunos años) acabó causando el intento del golpe de Estado de un sector muy minoritario del Ejército, en febrero de 1981, que el rey frenó con una famosa alocución televisada en la que, como jefe de las Fuerzas Armadas, conminó a los militares rebeldes a someterse a la legalidad.

Fueron tiempos en los que muchos españoles se declaraban "republicanos juancarlistas" y políticos abiertamente republicanos reconocían al rey su papel en la reconciliación política tras una cruenta guerra civil (1936-1939) en la que hubo crímenes masivos que no han terminado de cicatrizar.

La transición y consolidación democráticas fueron un ejemplo para muchos países, entre ellos en Latinoamérica, y Juan Carlos I una figura admirada y respetada como estadista de talla internacional. Así, durante los once primeros años de su reinado, la España democrática salió del aislamiento franquista y normalizó su presencia internacional con su ingreso en la Unión Europea y en la OTAN, así como con una actividad diplomática creciente, sobre todo en América Latina.

En esos años, el entonces monarca se benefició de una protección por parte de la prensa y el poder político que, centrados en la estabilidad institucional y el progreso interno e internacional del país, miraron para a otro lado cuando ocurrían algunas lagunas de su vida privada, como asuntos extramatrimoniales de los que solo se informaba fuera del país o los millonarios regalos de líderes del Golfo Pérsico, como su yate "Fortuna" o automóviles deportivos.

Pero el paso de los años hizo que las nuevas generaciones fueran menos conscientes de los logros de Juan Carlos I en unos años críticos y que se mirara a su figura con el prisma del siglo XXI, en el que ciertas actuaciones ya no se consideran aceptables. Cada vez más situaciones acababan desvelándose.

Los hechos que le costaron su credibilidad

La imagen de Juan Carlos I inició el declive con la fractura de cadera sufrida durante una cacería de elefantes en Botsuana en 2012, cuando España sufría una gravísima crisis económica de fuertes repercusiones sociales.

Con esa cacería y las fotos del rey empuñando un rifle ante un elefante abatido, comenzaron a difundirse detalles de su amistad íntima con Corinna Larsen, ex esposa de aristócrata alemán, una relación sobre la que periódicamente se divulgan detalles comprometedores.

Otro golpe muy duro para Juan Carlos I y para la monarquía fue el caso de corrupción que protagonizó Iñaki Urdangarín, yerno del ex monarca y cuñado del actual rey, y que acabó con aquel entrando en la cárcel en 2018 por una condena de casi seis años de prisión. Su esposa, Cristina de Borbón, hija y hermana de los monarcas, fue también juzgada pero finalmente quedó absuelta.

La gota que rebasó el vaso ocurrió este año, con la sucesión de informaciones de prensa sobre las supuestas finanzas del rey emérito, y que han terminado de descomponer su imagen. Una fiscalía de Ginebra (Suiza) y la Fiscalía del Tribunal Supremo español investigan operaciones en el país helvético de una fundación vinculada a Juan Carlos que supuestamente mantuvo allí una cuenta en la que habría recibido una donación del entonces rey de Arabia Saudita de unos 100 millones de dólares, de los que habría transferido a Larsen unos 65 millones de euros.

Tras las primeras informaciones sobre esos supuestos manejos financieros del rey emérito, la Casa Real anunció en marzo que Felipe VI renunciaba a la herencia que pudiera recibir de su padre y que le retiraba la asignación económica.

Menos apreciado entre los jóvenes

Mientras su imagen se deterioraba, la conciencia sobre el papel de Juan Carlos I en la democratización del país se fue difuminando entre los jóvenes.

En las nuevas generaciones "se pierde la conciencia histórica de lo que supuso en su momento" la figura del rey emérito en un contexto político muy complicado, destaca Carlos Barrera, profesor de la Universidad de Navarra.

Barrera recuerda que la monarquía era hasta 2008 "la institución mejor valorada" por los españoles en las encuestas mensuales del oficial Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que eliminó las preguntas sobre la jefatura del Estado en junio de 2014.

"Hay grandes grupos poblacionales que ya no se sienten identificados con la monarquía", constata por su parte Daniel Barredo, profesor español de Periodismo en la Universidad del Rosario (Bogotá). En tanto, Juan Carlos deja su país, mientras muchos critican esta "huida" y llaman a que las investigaciones judiciales no cesen.
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