Mamá de ex frentista detenida por crimen de Jaime Guzmán: "Hace 25 años que estoy llorando"

En Quellón, Carmen Rojas Rivera, madre de Marcela Mardones Rojas declinó hablar con los medios de comunicación que llegaron a su casa. "Hasta que pueda verla no voy a hablar con nadie", afirmó.

12 de Junio de 2017 | 07:04 | Emol
Aton Chile
SANTIAGO.- "No quiero hablar hasta que vea a mi hija. Hace 25 años que estoy llorando".

Así, lacónicamente, respondió Carmen Rojas Rivera, al ser consultada por El Mercurio sobre la situación su hija, Marcela Mardones Rojas (51), quien hoy se encuentra recluida en la Cárcel de Alta Seguridad (CAS) tras ser detenida en el Paso fronterizo de Peulla, en la Región de Los Lagos.

Entró al país con una identidad falsa con la que intentaba eludir el encargo internacional que pesaba en su contra por su presunta responsabilidad en el atentado que terminó con la vida del senador UDI, Jaime Guzmán Errázuriz.

Parada en la puerta de su casa, en el conjunto de cabañas de su propiedad en el puerto de Quellón, de aspecto afable y cabello canoso, Carmen se excusa cortésmente, pero categórica, de hablar sobre su hija.
"Hasta que pueda verla no voy a hablar con nadie", recalca, lo que en la práctica puede concretarse en cualquier momento.

"Ella no tiene ningún tipo de restricción más que las normales del régimen de visitas del CAS", explica su abogado, Alberto Espinoza.
Y aunque no son oriundos de Quellón, sino de la zona central, los últimos 30 años la familia Mardones Rojas, formada por los padres y seis hijos, convirtió a ese puerto en su hogar.

Su padre, Óscar Mardones, fallecido en 2014, fue un comerciante, activo militante de la DC, que ayudó a reactivar la zona en los '90 y además estuvo siempre muy ligado a la iglesia Católica. Tanto que, además, fue precursor y fundador de la Hospedería del Hogar de Cristo en Quellón.

Junto a su esposa participaban en múltiples actividades comunitarias y ella en particular es una entusiasta integrante de clubes de adulto mayor.

Por ello, son una familia muy conocida en la comuna donde, sin embargo, la mayor parte de los vecinos desconocía la relación que tenían con Marcela, quien desde 1991 eludía la acción de la justicia.

Y aunque llegaron a Quellón cuando en éste apenas vivían unas 5 mil personas, nadie en el pueblo parece recordar a la joven Marcela.
Reaccionan con sorpresa, la confunden con otra de sus hermanas, y sólo unos cuantos reconocen que sabían del sufrimiento de su familia por esa hija que estaba lejos.

"Para ella fue muy doloroso que su hija no se haya alcanzado a despedir de su padre", quien murió de una larga enfermedad, comenta un cercano a la familia.

Fue tras la muerte de su progenitor que otra de sus hermanas decidió regresar al pueblo para apoyar a su madre y por algún tiempo se hizo cargo del negocio familiar.

Y, según comentó Marcela, fue justamente la partida de su padre la que la hizo repensar en su situación y plantearse la posibilidad del retorno.
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