La "doble vulnerabilidad" que revela la Casen: Brechas afectan libertad de mujeres para dejar círculos de violencia

La medición mostró que un tercio de las mujeres no reciben remuneración y que tienen, en promedio, mayor tasa de pobreza por ingresos que los hombres, lo que se vuelve un obstáculo al momento abandonar dinámicas de violencia de género.

04 de Mayo de 2019 | 07:28 | Por Consuelo Ferrer, Emol
Aton
SANTIAGO.- "El tener o no tener ingresos también determina cuánta libertad tienen las mujeres para poder salir de un círculo de violencia". Fueron las palabras que pronunció, determinada, la subsecretaria de la Mujer y la Equidad de Género, Carolina Cuevas, al interpretar los resultados que arrojó la encuesta Casen Mujer, una iniciativa que busca medir las brechas de género en diferentes ámbitos dentro del país.

Y es que aunque muchos de los datos representaron una mejora para la situación histórica en la materia —de 1990 a hoy, la participación en el marcado laboral subió de 32,5% a 48,9%— todavía hay bastantes cifras que la preocupan. Por ejemplo, que las mujeres, en promedio, presentan una mayor tasa de pobreza por ingresos que los hombres (9% versus 8,2%).

La medición mostró además que un tercio de las mujeres (32,8%) no reciben ingresos propios, mientras que en los hombres la cifra baja a un 12,9%. Si se considera el total de personas sin remuneración, tres de cada cuatro son mujeres (74,8%), porque las razones que las mantienen fuera de la fuerza laboral las afectan casi exclusivamente a ellas: una de cada cinco mujeres no puede trabajar debido a obligaciones de cuidado o quehaceres domésticos, una realidad que en el mundo masculino se reduce a un 0,6%.

Antes de tener los datos, el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género ya había fijado la vista en esta realidad y por eso, en el marco de Compromiso País, estableció una mesa de trabajo con mujeres víctimas de violencia que no perciben ingresos. "Nos dimos cuenta de que ahí hay una doble vulnerabilidad y estamos haciendo un trabajo que ha sido muy bonito, muy intenso", explicó Cuevas.

"(No tener ingresos) es un factor determinante no para que puedan vivir situaciones de violencia, pero sin duda que sí para que puedan salir de una situación como esa, de la cual no pueden salir cuando tienen dependencia económica porque les afecta el bienestar de sus propios hijos", añadió. Contó, además que trabajan en planes piloto que vayan en ayuda directa de este grupo.

"Cuando logran el autosustento, se distancian"


Es una situación que las organizaciones de mujeres ya tienen identificada: "Sin duda, la autonomía económica permite que las mujeres tengan más control sobre su vida y que dispongan de más herramientas para no tener que toleran situaciones de violencia y/o abuso", afirma Paula Poblete, directora de Estudios de ComunidadMujer, a Emol. "La evidencia es contundente: cuando las mujeres logran el autosustento, se distancian de las parejas que las agreden".

Al respecto, hace una aclaración: aunque la evidencia muestra que los ingresos propios sí suelen ser determinantes para salir de una dinámica de violencia, "la asociación entre violencia de género y pobreza no es correcta".

"La violencia de género no se resuelve solo con la autonomía económica de las mujeres. Es necesario que los hombres que ejercen violencia sean reeducados en sus comportamientos"

Paula Poblete
"Debido a la socialización dentro del orden de género mundial, hombres violentos hay en todo el espectro de ingresos y, lamentablemente, en todo el espectro de ingresos también hay mujeres que se ven sometidas a sus agresiones y que, por distinto tipo de dependencias y falta de acceso a redes institucionales y sociales, no logran alejarse del círculo de la violencia", explica.

"Aunque es una vía de salida, la violencia de género no se resuelve solo con la autonomía económica de las mujeres. Es necesario que los hombres que ejercen violencia sean reeducados en sus comportamientos, que exista efectivo control social y sanción legal", añade.

Para Poblete, lograr el objetivo de erradicar la violencia depende de "educar desde la primera infancia para que los niños, jóvenes y adultos de mañana entiendan que las mujeres somos sus pares, que no somos inferiores a ellos y que no corresponde que ejerzan su violencia hacia nosotras".

El problema también está en las normas


Al revisar literatura internacional, la académica de la U. Adolfo Ibáñez e investigadora asociada del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), Diana Kruger, señala que hay estudios que muestran que el no recibir ingresos propios es considerado directamente un factor de riesgo para la violencia doméstica.

Y se debe, según las mediciones europeas, no solamente a un tema monetario, sino también en parte importante a la percepción de cada mujer dentro de su propio hogar. "Es importante la percepción de ella misma sobre cuánto poder tiene dentro de la casa y si puede decidir cómo se van a invertir los ingresos", explica.

"Lo que tiene que haber es una mejor posición para negociar lo que ocurre dentro del hogar. Si los dos se perciben como iguales, entonces ella no va a aguantar que él le pegue, además de que no va a depender monetariamente de él"

Diana Kruger
"Si es que ella tiene un salario, no importa tanto si gana lo mismo como si controla la plata, porque puede darse que ganen lo mismo pero que sea él quien decida lo que se hace. Lo que tiene que haber es una mejor posición para negociar lo que ocurre dentro del hogar: si los dos se perciben como iguales, entonces ella no va a aguantar que él le pegue, además de que no va a depender monetariamente de él", añade.

Por eso, explica, no se trata solamente del hecho de recibir ingresos, aunque sí es importante, sino también de las normas en torno a eso. "Hay reglas no escritas sobre cómo se toman las decisiones y cuáles son los terrenos 'femeninos' y 'masculinos'. Cuando se dice popularmente que 'la mujer manda', se están refiriendo a lo que se va a comer, al color del que se va a pintar la pared del living, pero no a decisiones que son realmente importantes, como las económicas", dice.

Entrega otro ejemplo internacional: hay países que, cuando una pareja toma la decisión de sacrificar el salario de la mujer en pos del bien común y la crianza de hijos, pero esa unión no funciona y termina en un divorcio, reconocen monetariamente ese trabajo. "Hay una compensación retroactiva", cuenta, y dice que incluso en algunos países la jubilación del hombre se divide en dos, lo que ayuda a proteger a la mujer.

Pero Kruger advierte: la realidad puede ser muy distinta en Chile, porque la cifra de mujeres que sí reciben ingresos es más baja que en Europa. "Son tan pocas que puede no aplicar. Además, en Chile el trabajo de crianza de la mujer no se valora monetaria ni socialmente. Ni siquiera las mismas mujeres lo valoramos, porque creemos que es nuestra obligación y que no tenemos alternativa", comenta. Por eso, el recibir ingresos propios sería solamente el primer paso para avanzar hacia un cambio que se vislumbra más profundo.
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