Desencuentros en pareja

Todas las semanas, un grupo de siquiatras y sicólogos del Centro de Salud Mental, Cesam, nos propondrán, en esta columna, un tema para reflexionar.

13 de Julio de 2005 | 10:40 |

www.cesam.cl


Una pareja es aquella que mantiene una relación prolongada en el tiempo, no casual, y que gracias al lazo amoroso que la une y que muchas veces la lleva a la convivencia, puede plantearse un proyecto común.
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Desde hoy, todas las semanas, un grupo de profesionales del Centro de Salud Mental, Cesam, contestará preguntas que usted envíe a través de Puntomujer. Para ello, utilice la alternativa que le presentamos en la sección "escríbenos" que se encuentra en la columna izquierda del portal.

Mi marido tiene problemas en el trabajo y casi no me habla ¿qué hago?

Si en el pasado su marido ha compartido sus problemas y hoy no lo hace, claramente enfrenta una situación única. Ahora, si usted sabe que hay una crisis laboral es porque él algo le ha transmitido o se lo ha dado a entender.

Puede ser que no haya querido entrar en detalles de lo que le pasa para no abrumarla con más problemas de los que ya pueda tener o crea que usted no puede aportar ninguna solución por múltiples razones. También podría ser que él considere que debe resolver solo sus propios problemas labores.

En ese escenario, la actitud más adecuada es mantenerse a su lado de manera cariñosa, acompañarlo y darle el espacio para que él se abra. No lo presione a hablar, hágale sentir que estará siempre ahí cuando él decida desahogarse.

Demuéstrele que lo quiere y que lo que a él le sucede para usted es importante. Lo peor que puede hacer es recriminarlo, ponerse en actitud de víctima, abandonarlo, evitarlo o generarle desconfianzas en usted.


Las personas involucradas en esta unión, ajenas de la opción sexual que hayan elegido (homo o heterosexual), desarrollan un sistema de comportamiento con sus propias leyes y códigos, independientes y paralelos a los que utilizan en su conducta individual.

Así, los miembros de cualquier pareja que interactúa sinceramente pueden experimentar diversos problemas.

Los conflictos suelen utilizarse para producir efectos positivos; en un matrimonio son el medio por el cual se procura resolver diferencias, aumentar la intimidad y conocer más de cerca las necesidades mutuas.

Sin embargo, mal llevados pueden minar la relación y provocar un distanciamiento en la pareja.

Los cónyuges tienen múltiples motivos para llegar al conflicto como son tener expectativas exageradas, o sea, esperar o pretender demasiado del otro, pidiendo resultados que a veces son difíciles de alcanzar o que nunca estuvieron dentro de las posibilidades de la pareja de realizarlas.

También es común desencadenar una crisis por incomunicación, tan propia en estos días. En una relación sana, los cónyuges envían determinados mensajes no sólo con el objetivo de transmitir información, sino que también, a través de ellos, imponer o proponer conductas que ayuden a la definición de la relación.

Pero a menudo, los mensajes que van dirigidos al compañero(a) no son transmitidos de manera lo suficientemente clara y el receptor termina sin entender la necesidad del otro. Esto conlleva a que se caiga en el juego de las “suposiciones”, donde se espera que el otro comprenda y reaccione de una manera que jamás fue explicitada, es decir, se apuesta a que la pareja puede deducir el mensaje a partir solo del hecho de llevar un tiempo compartiendo juntos.

Los problemas de comunicación también pueden tener un origen mucho más básico aún. Ésta puede ser cualitativamente ineficiente, o sea, la información que se entrega del quehacer cotidiano posiblemente no aporta a la intimidad y desarrollo afectivo del matrimonio.

Es común además, que los conflictos se deriven del deseo de uno por querer cambiar al otro. Muchas personas, ya desde la etapa del pololeo, que desean que su pareja presente cualidades, habilidades y gustos similares a la de sí mismo. La motivación puede estar, quizás, en querer congeniar con mayor facilidad o reducir los posibles conflictos con los que creen que se van a encontrar. Sin embargo, este afán de querer convertir al otro en su “imagen y semejanza”, conlleva un menos precio, una falta de aceptación que perfectamente el otro puede interpretar como no ser amado. El error está, claramente, en aquel que no comprende la razón por la cual escogió al otro como pareja.

La dicha que implica tener el primer hijo muchas veces también viene de la mano de conflictos. A menudo, la llegada de un tercer integrante de la familia provoca un distanciamiento entre la pareja no sólo porque muchas veces la mujer pone en el niño todo su interés, ignorando al cónyuge, sino porque el hombre adopta un papel secundario en el cuidado del niño, otorgándole toda responsabilidad a ella.

La rutina, el exceso de trabajo también desencadenan episodios de tensión; la convivencia se ve afectada por el término de la conquista, actitud muy presente en la etapa de pololeo. La falta de pequeñas muestras de amor, el descuido de las atenciones cotidianas traducidas en actos como algunas palabras dulces, mimos, caricias o largos momentos para compartir y escucharse pueden transformarse en un enemigo que mine la relación.

Igualmente y no menos importante, los problemas sexuales de una pareja gatillan profundas crisis. Ésta comienza cuando la pareja no alcanza la satisfacción tanto en el plano físico-genital como afectivo y termina proyectando sus efectos negativos a la convivencia diaria. Uno de los dos, o ambos, empieza a no sentirse atraído por su compañero, cae en la rutina sexual, en la falta de pasión, en el juego erótico breve, la evasión de los encuentros sexuales y, a veces, en la búsqueda de una pareja sustituta.

Así las cosas, las razones por las cuales una pareja puede verse presionadas son muchas y variadas; la forma como se enfrenten esas distintas dificultades es lo que definirá si estos son un aporte en el crecimiento y madurez del matrimonio o son un facilitador para el quiebre o redefinición de la relación.

Quizás la gran pregunta que surge, entonces, es ¿cuándo pedir ayuda?

Cuando la vida matrimonial se vive, la mayor parte del tiempo, con infelicidad, angustia y desamor, en vez de con satisfacción, intimidad y pasión; cuando ambos han hecho muchos intentos de solución y aun así las dificultades persisten, a lo mejor la respuesta comienza a vislumbrarse.

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