Para ocultar imperfecciones

El tipo de piel y su color natural son algunos de los aspectos que se deben tener en cuenta a la hora de escoger una base de maquillaje. La oferta de la industria cosmética es amplia en tonos y texturas y nada tiene que ver con los productos densos y extremadamente cubritivos del pasado.

18 de Noviembre de 2004 | 19:44 |
Una piel aterciopelada, sin evidencia de imperfecciones, es el fin de toda mujer al maquillar su rostro, y para lograrlo siempre es necesario una buena base o fondo de maquillaje.

Este producto - nacido al amparo del cine y de la mano del maquillador Max Factor en 1937, cuando inventó el pancake- ha evolucionado hasta convertirse en un auténtico tratamiento de belleza. Dejó de ser una simple máscara de color que cubre unificando la piel, para transformarse en el responsable de potenciar el resto del colorido.

Entre sus virtudes están las que corrigen de forma óptica el aspecto apagado y gris, disimulan imperfecciones y la fatiga, permiten aclarar las zonas en sombra, revalorizar los rasgos y asegurar una mejor cohesión de la capa córnea, que se traduce en un cutis más liso. Por lo demás, también han sido enriquecidas con sustancias hidratantes, rejuvenecedoras y protectoras.

Atención
Antes de aplicar el fondo de maquillaje es recomendable hidratar la piel. Después, se debe colocar una pequeña cantidad del producto en el dorso de la mano y mezclarlo con el dedo índice de la otra a fin de que se tempere y diluya.

Entonces, hay que repartir pequeñas dosis en cuatro puntos de la cara (frente, mejillas y mentón), sin olvidar el contorno de la boca y los párpados. Con los dedos, sin desplazar la piel y con suavidad, extender el producto desde el centro de la cara hacia el exterior, empezando por la frente, luego por la nariz, el mentón y las mejillas, descendiendo hacia el cuello.

Al final se puede realizar un ligero tecleo con la yema de los dedos, hasta que el producto se absorba y desaparezca. En cuanto a las herramientas adecuadas para su aplicación, dependen de la textura del producto. Para extender las bases líquidas, por ejemplo, se pueden utilizar pinceles y esponjas.


De esta evolución se desprende una variada oferta, que obliga a poner más interés en la elección de la base correcta, ya que no sólo debe unificar el tono de piel, sino que, además, tiene que adaptarse a sus necesidades. A continuación algunas pistas respecto a texturas, colores, acabados y tipos de piel, para escoger bien.

Textura: La variedad es amplia. Existen algunas tan ligeras como el agua, compactas, en polvo-crema o en barra. La crema tipo agua en aceite es la versión más untuosa y la que posee mayores propiedades anexas como hidratación y nutrición. Otra alternativa es la compacta, formulada con una mezcla de aceites, ceras fundidas y gran cantidad de pigmentos colorantes, y que proporciona una sensación entre cremosa y sólida, pero suave. El polvo compacto, por su parte, es una pasta sin agua, sólida, que da como resultado una textura mitad polvo, mitad crema y un ligero efecto empolvado.

La mayor ventaja de las barras es que permiten una aplicación más rápida, ideal cuando no hay tiempo, aunque suelen ser un poco densas, por lo que no serían lo mejor para un cutis graso. Otras, fáciles de aplicar, son las fluidas, perfectas para la piel grasa.

Según tipo de piel: Es un error creer que se puede usar el mismo producto para un rostro graso y para uno seco, ya que cada cutis tiene necesidades particulares. En el primer caso, donde las glándulas sebáceas trabajan a toda velocidad produciendo más grasa de la normal, especialmente en la zona T (frente, nariz y mentón), se deben preferir formulaciones libres de aceites; mejor si poseen propiedades matificantes; es decir, que eliminan el exceso de brillo.

Por el contrario, para una piel seca se necesitan fórmulas ricas en componentes nutritivos y emolientes, lo que no significa que dejen un resultado muy cubriente ni pegajoso. Hoy también existen las bases "inteligentes", adaptadas a los requerimientos de las pieles mixtas, capaces de equilibrar las zonas grasas de la cara y confortar las secas que, por lo general, se tratan de los contornos.

Según tono de piel: El color natural también es decidor en la elección de una base, ya que hay tonalidades que se adaptan mejor a ciertas pieles. El beige neutro, por ejemplo, va bien con rubias y morenas. Los cutis pálidos pueden permitirse un tono más claro, para acentuar el aspecto diáfano, y los mates, un poco más rosa.

Aunque la tendencia en cuanto al maquillaje tiene mucho que decir en este aspecto, las reglas generales son que las personas de piel blanca-rosada deberían preferir las bases claras con fondo tostado; las de piel blanca-amarilla, claras con fondo rosado, y las morenas, tostadas con fondo rosado.

Acabado: La constante innovación al crear este tipo de maquillajes permite que hoy se cuente con productos de cierto valor agregado. Es así como se habla de bases que, además de emparejar el color, proporcionan un acabado satín, o incorporan destellos de luz a partir de diminutas partículas brillantes y reflectoras de la luz ambiente. Existen otras que, a pesar de ser compactas, tienen un acabado de polvo para sellar el maquillaje.



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