Las cosas que importan

¿Cómo establecemos nuestras prioridades? Pregunta con tantas respuestas como personas existen. La advertencia es si lo hacemos desde la pérdida, la enfermedad o la vejez o desde la salud y la armonía.

09 de Mayo de 2005 | 09:59 |
No hay recetas concretas y específicas; sólo recomendaciones. Las mujeres que trabajan fuera de la casa deben seguir sus instintos a la hora de priorizar y equilibrar los diversos roles que desempeñan en el día a día.

Esa es la conclusión que arrojó el panel de Icare “Mujeres al Timón 2” que debatió sobre “Las cosas que importan” en el mundo de hoy.

Durante el encuentro la periodista Fernanda Otero, la sicóloga Eugenia Weinstein, el doctor Santiago Soto y la diputada Carolina Tohá abordaron los desafíos que imponen la vida moderna, la vertiginosidad de los cambios sociales y las demandas que enfrentan las mujeres como profesionales y madres.

Los riesgos del poco tiempo
La sicóloga Eugenia Weinstein advirtió sobre los riesgos que implica para el ser humano el contar con “poco tiempo” para desarrollar su vida.

El primero es vivir la superficialidad, es decir, hacer y ver todo por encima, haciéndonos con ello vulnerables.

El segundo es la voracidad, donde se quiere abarcar todo, hacer todo y tener todo, lo que nos puede convertir en seres destructivos.

El tercero es el cortoplacismo con que se enfrenta todo en la vida, donde no sólo no se ve hacia adelante, sino que tampoco hacia atrás. Apuntó que sin proyectos en el horizonte se sobrevalora lo cercano.

El cuarto es un problema de memoria; el bombardeo de información hace fácil desorientarse y no recordar.

Y quinto: la soledad porque cultivamos menos los afectos.


En ese contexto, coincidieron en señalar que el “amor”, entendido como la expresión de la entrega personal, permite a las mujeres asumir y equilibrar sus distintos roles.

Según Fernanda Otero, la capacidad que tienen las mujeres de integrar los mundos racional y afectivo les da una mayor capacidad que los hombres para desempeñar distintas labores.

Pero hizo la advertencia de que la tensión que se observa entre los mundos de la familia y el trabajo revela que esto no está siendo fácil. A su juicio, la mujer está llamada a humanizar tanto el hogar como la oficina, pero en cambio, se está deshumanizando lo primero y no humanizando lo segundo.

Carolina Tohá, en una visión muy realista, apuntó que el mundo moderno no va a alcanzar nunca un orden pacífico como el conocido en el pasado y que a lo mejor no era tan bueno, porque se basaba en la sumisión de unos (las mujeres).

La diputada afirmó que frente a esa realidad, tanto hombre como mujer deben reinventar la cotidianeidad y acoplar, en la relación de pareja y con flexibilidad, las necesidades de cada uno.

“Hay que pensar de otra manera las relaciones personales, no sólo las íntimas sino que también las sociales”.

En una perspectiva más terapéutica, Eugenia Weinstein motivó una reflexión frente a un elemento tan concreto de la vida cotidiana como la agenda. ¿Qué ponemos en ella?, cuestionó y aseguró que generalmente, se anotan en ella los deberes y los quehaceres y no los vínculos y las relaciones.

“¿Desde dónde establecemos nuestras prioridades?”, insistió. Y aseguró que probablemente lo hagamos desde la vejez, la pérdida, la enfermedad, la carencia, el abandono o la muerte y no desde la salud y la armonía.

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