¿Pololo? "No, mamá, amigo con 'cover' "

Los parámetros amorosos de los jóvenes de hoy poco tienen que ver con los que existían hace diez años.

22 de Junio de 2005 | 11:56 |
"Amigos con cover, poh", dice Francisco Aranda (17) como si fuera lo más normal. Es que él pololeó una vez y asegura que no lo hará hasta "mucho tiempo más". De ahí que ser "amigos con cover" le acomode tanto.

En todo caso, bien vale la pena explicarlo: cover es la "yapa" que se entrega al pagar la entrada a una discotheque y que da derecho a un trago gratis. El derecho que entrega este tipo de amistad entre hombre y mujer es a intimar sin costo... de compromisos.

Enrique Smerkin (18) opina que "ya no existe esa obligación de estar con una mina sólo porque te la agarraste". Eso sí, hace una salvedad: "Si tienes química con ella, ahí puedes andar". Para él, el pololeo no tiene sentido en este momento: "No se me pasa por la cabeza que vaya a encontrar a la mujer de mi vida a esta edad", agrega enfático.

Algo de razón tiene. Según una encuesta del Instituto Nacional de la Juventud, la mayoría de los hombres se casa alrededor de los 29 años, mientras que las mujeres lo hacen cerca de los 27. Es decir, una relación que parte en la adolescencia tendría que durar aproximadamente ¡10 años! para llegar al altar.

"Es el síndrome de Peter Pan", afirma Mario Sandoval, sociólogo de la Universidad Raúl Silva Henríquez. "Empiezan a vivir mucho antes la juventud, pero también la estiran a través de los estudios o viviendo una vida juvenilizada".

A lo anterior se suma el cambio en el rol de las mujeres, las que según Sandoval "encuentran identidad y validación por sí mismas y ya no tienen la necesidad de hacerlo dependiendo del hombre al cual 'pertenezcan' ".

Eso confabula en contra del pololeo romántico de antaño, donde el sentido protector hacia la mujer era esencial. . "Ahora son más compañeros, más simétricos, y eso permite esperar que establezcan relaciones más sanas y armen mejores parejas porque van a ser más exigentes", sostiene la siquiatra Mónica Bruzzone.

Hasta la palabra "pololeo" está siendo desterrada en favor de otras más representativas como "andar" y "amistad con ventaja". Conceptos que implican menos compromiso y más libertad.

Voces protagonistas
FRANCISCO ARANDA(18):
"Cuando ya has pololeado te das cuenta de que lo único que quieres es pasarlo bien. Eso es lo bueno de la amistad con ventaja: cada uno tiene muy claro que el otro está siempre disponible y a la vez no tienes ningún compromiso".

NATALIA FRAZIER (17):
"Yo creo que pocos pololean porque existe un miedo a comprometerse con alguien y decir 'sí, quiero estar contigo y punto'. Por eso, la mayoría prefiere andar, es mucho más cómodo y te permite deshacer la relación sin mucho rollo".

SEBASTIAN JARA (18):
"Pololear o andar es parte de una búsqueda de lo que uno quiere. Pero estoy seguro que me falta mucho por vivir antes de encontrar a la mujer definitiva, así es que comprometerme en una relación así no está entre mis prioridades".

CAROLINA NEGRETE (17):
"Yo estoy pololeando hace poco más de un año porque soy más formal para mis cosas que el resto. Igual, ahora es mirado como algo raro el hecho de que alguien pololee y que más encima dure harto tiempo, pero a mí me gusta así".


Atrás quedó la época en que las relaciones se desarrollaban los fines de semana, en el living de la casa a vista y paciencia de toda la familia. Hoy, los jóvenes de 16 años para arriba pasan juntos mucho tiempo y es común que se instalen en la pieza con el consentimiento de los padres.

Además de los culturales, hay otros factores que influyen en este cambio. La siquiatra opina que el hecho de que ambos padres trabajen crea espacios para que el joven tenga una relación de más intimidad. "Ahora están muy solos en las casas, entonces hay menos normas y más oportunidades para tener contactos físicos con el pololo o la polola", aclara.

Sebastián J. (17) está en cuarto medio. Asegura que es lo más normal querer estar a solas con la polola y que la única forma de hacerlo es encerrarse en la pieza. "Entro y cierro la puerta, car'e palo. Igual mi mamá se pasa rollos, pero trata de entenderme", dice con soltura.

Más allá de todo juicio de valor, lo cierto es que los primeros aprontes sexuales de la mayoría de los hombres adolescentes ya no son en aventuras ocasionales, sino con sus propias parejas. "Antes se impedía la existencia de cualquier afecto o vínculo. Ahora, por lo menos, priorizan el nexo emocional que tienen con la pareja", explica la sicóloga juvenil Lorena Bravo.

"Ella quiere conmigo"

"Eso no implica que todos tengan relaciones indiscriminadamente, pero sí están más abiertos al contacto físico", agrega la doctora Bruzzone. De hecho, no ha dejado de llamarle la atención que los jóvenes hayan reemplazado el "fulanita anda detrás mío" por "fulanita quiere conmigo", lo que denota cierto contenido sexual.

"No es que los jóvenes sean más hormonales que antes", aclara Mario Sandoval, sino que se trata de una especie de "explicitación del deseo, el cual se vive con menos aprensiones y de una forma más visible".

Y en esto las mujeres van a la par. La liberación sexual femenina ha cambiado el patrón de relaciones y evitado que algunos se vean presionados a pedir pololeo para tener contacto físico.

"Tengo la impresión de que el concepto de fidelidad y compromiso no están en el imaginario colectivo juvenil. De ahí que ser 'amigos con ventaja' -que permite tener acercamientos físicos o sexuales esporádicos- sea uno de los principales tipos de relación", acota Sandoval.

El auge que han adquirido estas relaciones responde, a juicio de Lorena Bravo, al miedo que tienen los jóvenes a comprometerse. "La sociedad los estimula para que prueben cosas nuevas, para que satisfagan sus deseos. En ese sentido, es el hedonismo lo que prima", advierte. Incluso, uno de sus pacientes le dijo que, a pesar de estar muy enganchado con una niña, no quería pololear con ella. "¿Qué pasa si justo aparece una mejor y me la pierdo?", le comentó, ante la atónita mirada de la sicóloga.


Coleccionando conquistas

El interés por conquistar al sexo opuesto tiene su explicación en la afirmación de la identidad genérica. "La mejor prueba de que son bien hombres o bien mujeres es teniendo relaciones amorosas con el sexo opuesto y demostrando que uno es atractivo para ellos".

Pero a esa inseguridad natural se suma el hecho de que los padres están menos presentes. "Eso los lleva a buscar más relaciones sin compromiso porque tienen un vacío mayor que llenar", agrega.

Según la siquiatra, también hay una cuota de narcisismo. "Muchas veces desean a alguien porque tiene una cualidad que ellos desearían tener, lo que también es natural a esta edad".


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