Morir de angustia

24 de Noviembre de 2004 | 08:57 |
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“Fue horrible , creo que jamás olvidaré ese día. Estaba en el supermercado cuando comencé a sentirme mal. No sé porqué, pero me notaba extraña, como que algo no andaba bien. Me apuré y decidí irme sin haber comprado todo lo que necesitaba. Me puse en la fila junto a la caja. Entonces fue peor, sentí que me faltaba el aire, el corazón me latía súper fuerte y rápido, parecía que se me iba a salir del pecho; comencé a sudar frío, las manos y la cara se me adormecieron, estaba tiritando como con escalofríos, me sentía mareada y con náuseas. Pensé que estaba a punto de sufrir un ataque al corazón, que iba a caer muerta en ese mismo instante. No aguanté más y salí apenas, dejando el carro con las compras.

Una vez en el auto me di cuenta que no podía conducir en ese estado. Estaba desesperada, sentía que me moría. Por suerte, ubiqué a una amiga por teléfono; vivía cerca del supermercado, así es que llegó en poco rato. Terminé en el servicio de urgencias de una clínica. El médico me revisó, me hicieron un electrocardiograma o algo parecido y otros exámenes. Finalmente, me dijeron que todo estaba bien, que había sufrido una crisis de angustia y me colocaron un calmante. Regresé a mi casa semi dormida y sin poder creer que todo lo que había sufrido era sólo angustia…”


Si alguna vez le ha sucedido algo similar o algún familiar o amigo se lo ha referido, se trata de una ”crisis de pánico”; y si ha tenido crisis parecidas en más de una ocasión probablemente estás sufriendo de un trastorno de pánico.

El trastorno de pánico es una enfermedad psiquiátrica frecuente que se clasifica dentro del grupo de los trastornos de ansiedad. Aproximadamente 1 a 3 de 100 personas presenta esta enfermedad en la población general. Las mujeres tienen el doble de riesgo de presentar esta enfermedad que los varones.

La característica esencial del trastorno de pánico es la aparición de crisis de pánico (o crisis de angustia) repetidas e inesperadas. Estas crisis se inician bruscamente y alcanzan su máxima intensidad durante los primeros 10 minutos.

Las crisis de pánico se definen como la aparición de miedo y malestar intensos, que se acompaña de algunos de los siguientes síntomas: palpitaciones o elevación de la frecuencia cardiaca, sudoración, temblores, sensación de ahogo o falta de aliento, sensación de atragantarse, opresión o malestar al pecho, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad, mareos o desmayos, desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (sensación de estar separado de uno mismo o de no ser uno mismo), miedo a perder el control o volverse loco, miedo a morir, parestesias (sensaciones de hormigueo o adormecimiento en alguna parte del cuerpo), escalofríos o sofocaciones.

Generalmente, luego de haber presentado una o dos crisis de pánico aparece el miedo a presentar otra y a las consecuencias que esto pudiera tener: el riesgo de tener una crisis en medio de la cola del banco o cruzando una calle, por ejemplo. La persona entonces, empieza a restringir sus actividades sociales e incluso laborales progresivamente; si no se realiza un diagnóstico y tratamiento adecuado puede llegar a limitar mucho su funcionamiento global.

Es frecuente también que, dado que los síntomas apuntan generalmente a posibles enfermedades cardíacas (palpitaciones, opresión al pecho, etc.), la persona no se quede tranquila con el diagnóstico de trastorno de pánico realizado por el médico del Servicio de Urgencias y visite numerosos especialistas, sometiéndose a costosos exámenes, sin encontrar la causa de su dolencia.

Es importante destacar que las crisis de pánico también pueden aparecer en otras circunstancias distintas al trastorno de pánico, como algunas enfermedades endocrinológicas, otros trastornos de ansiedad; y en forma aislada, cuando una persona está sometida a una carga de estrés muy importante.

Por todo esto, si sospecha que usted o algún conocido puede estar sufriendo de estas crisis, debe acudir lo antes posible a un médico especialista para que le oriente en el tratamiento más adecuado. Existen en la actualidad psicofármacos y técnicas psicoterapéuticas que han demostrado un alto nivel de eficacia para el trastorno de pánico, conduciendo a una mejoría completa, y terminando así con la aflicción producida por esta enfermedad.




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