Ideas para subir la autoestima en la pubertad

A esta edad, las espinillas o los kilos de más se transforman en un lastre difícil de arrastrar. Dosis de empatía y cariño de los padres hacen que esa etapa sea más llevadera.

09 de Agosto de 2005 | 16:55 |
"La Manuela (13) siempre fue linda, pero con la adolescencia le crecieron las pechugas, el pelo se le secó y le aparecieron muchas espinillas en la frente", cuenta Anita, su mamá.

Por lo mismo, consideró normal el hecho de que su hija no quisiera salir tanto como lo hacía antes. "Le venía el bajón de que se veía fea y no quería ir a ninguna parte. Al principio eran épocas, pero se fue haciendo cada vez más frecuente".

El proceso tuvo su clímax cuando la escuchó sollozando en el baño. "Entré y la encontré pasándose una piedra pómez por la cara en forma muy brusca. Se largó a llorar y me dijo que no sabía qué hacer, que se sentía horrible", cuenta Anita.

Pena e impotencia fueron los sentimientos que la invadieron en ese momento: el primero, por verla sufrir y el segundo, por no poder hacer nada al respecto.

Terremoto de cambios

Por lo mismo, más vale entender que se trata de un proceso normal y parte del "terremoto" de cambios que llegan con la edad. "Vienen con una identidad bien establecida de la infancia, con un cuerpo que les acomoda y que refleja lo que son. Todo eso se pierde, crecen y se desarrollan en forma disarmónica, porque por dentro siguen siendo niños", explica la sicóloga infanto-juvenil Patricia Fernández.

En su opinión, el adelantamiento de la madurez física por sobre la sicológica produce un quiebre del "yo corporal", que es la identificación de la persona con su cuerpo. "Eso es precisamente lo que les cuesta, asumir que la mujer que se refleja es la misma que hace unos meses se veía como niñita", acota.

Si en algo coinciden los especialistas es en la importancia que adquieren los modelos a partir de la preadolescencia. Si bien los amigos y los medios de comunicación juegan un rol fundamental al respecto, el más importante es el que ellos mismos se crean.

Cuándo preocuparse
Aunque sentirse feo es considerado normal en la pubertad, hay que tener cuidado cuando se manifiesta junto con conductas como el aislamiento.

"Cuando éste se presenta exacerbado y el adolescente no quiere salir, se esconde cuando se encuentra con un compañero en la calle o no quiere ser visto, lo mejor es consultar", explica la sicóloga infanto juvenil Verónica Navarrete.

Junto con lo anterior, son los desórdenes alimentarios y la falta de amigos los otros aspectos a tener en cuenta. "Hay que estar informado de que la anorexia y la bulimia parten, la mayoría de las veces, de un sentimiento de baja autoestima", explica.

Es lo que Patricia Fernández llama "yo ideal". "Todos lo tenemos, pero en los adolescentes está inflado. Generalmente, se basa en cantantes, modelos o actores a los que aspiran a parecerse".

De hecho, la publicidad y la televisión bombardean a los jóvenes con imágenes de mujeres muy flacas y con determinadas características físicas. "En contados casos, eso puede gatillar una anorexia. Pero la mayoría de las veces genera un sentimiento de frustración y fracaso por no dar con el molde deseado", afirma la sicóloga Verónica Navarrete.

Además, existe otro factor de "presión": comienza el interés por el sexo opuesto y se autovaloran de acuerdo al éxito que tengan con él. "Si logran eso, les será más fácil ser aceptados. Hay que tener en cuenta que en esta etapa la autoestima depende casi exclusivamente del grupo de pares y no de los papás", acota.

Lo que no implica que se queden de brazos cruzados. Tatiana (38), por ejemplo, hizo "todo lo que estuvo a mi alcance" para sacar a su hijo Sebastián del bajón. "Usaba anteojos y tenía una pinta un poco pava. Caché que se le acabó el gusto por las fiestas porque las niñitas no querían bailar con él y lo invitaban mucho menos. Lo agarré, le compré ropa, le puse lentes de contacto y problema solucionado".

Tatiana agrega que a poco andar el genio le cambió: se puso más alegre y le volvieron las ganas de salir. "Me pareció increíble que algo sencillo hiciera una diferencia tan grande", cuenta.

Aunque parezca una medida facilista y superficial, muchas veces basta para suavizar un proceso de por sí duro. Según Patricia Fernández, el decir "hagamos algo" puede ser clave para paliar el bajón. "Si está gordita(o), proponerle ir al gimnasio, salir a correr, hacer dieta juntos, ir a la peluquería o comprarle ropa pueden ayudarlo a sentirse y verse mejor".

Eso si, de nada sirve si no hay empatía. Verónica Navarrete opina que los padres no deben bajarle el perfil a lo que el adolescente siente, porque para él es muy importante. "Al contrario, hay que hacerle saber que todos los de su edad están pasando por lo mismo, incluso le pueden contar lo que ellos sintieron en esa etapa", explica.

Aclara, eso sí, que la aproximación no es fácil. "El niño puede rechazar a los padres, lo que también es normal. La clave está en insistir y hacerlo siempre con cariño, entendiéndolo y no haciéndolo sentir que lo que le pasa son puras leseras".

Agrega que muchas veces existe una excesiva preocupación parental por el tema de la "facha" que puede ser nociva, especialmente cuando lo físico no es el fuerte del joven. En esos casos, aclara que lo mejor es destacar otras virtudes que tenga, como el deporte, la música o el arte. "O, simplemente, decirle que es más simpático(a) o más divertido(a) que el resto y que ésa es su máxima fortaleza".
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