Todavía en cartelera

Tres cintas infantiles que están en la pantalla de varios cines. Si no ha llevado a sus hijos, éste es el momento. Aquí las críticas de Ernesto Ayala respecto de ellas.

04 de Octubre de 2006 | 10:51 |
Vecinos invasores

Los estudios Dreamworks, creadores de Shrek, son los responsables de esta película, que está basada en una tira cómica realizada por Michael Fry y T. Lewis.

La producción está dirigida por Tim Johnson (Hormiguitaz) y Karey Kirkpatrick (guionista de Pollitos en Fuga), quien debuta como realizador.

Los protagonistas son un grupo de animales encabezados por una tortuga llamada Verne y R.J., un mapache que muestra bastante calculadora y portunista; junto a ellos están Hammy, una hiperactiva ardilla, un zorrillo llamado Stella y una pareja de puerco espines, entre otros.

Su historia comienza cuando despiertan de un largo letargo invernal y descubren que su viejo hábitat se ha transformado en el patio de un nuevo grupo de casas, que se transformarán en su objetivo principal para buscar comida.

“Vecinos invasores” tiene a varias estrellas importantes prestándoles su voz a los protagonistas, comenzando por Bruce Willis, que se la dará a R.J.; William Shatner, el recordado capitán Kirk de “Viaje a las estrellas”, será una zarigüeya y la popular cantante Avril Lavigne será su hija; A Nick Nolte se le podrá escuchar como un oso; y Thomas Haden Church (“Entre Copas”) será “El Mata Plagas”.


La era del hielo 2

Lógicamente ya no tienen al niño de la primera parte, pero Manny el mamut, Diego el tigre dientes de sable y Sid el perezoso siguen siendo amigos. Ahora deben huir de los enormes deshielos que amenazan con ahogar al valle donde viven, camino en el que conocen a Ellie, una mamut y dos zarigüeyas, mamíferos muy pequeños, rápidos e hiperquinéticos. En otras palabras, la familia disfuncional vuelve a salir al camino y vuelve a pelear y a quererse y a demostrarse lealtad, como corresponde. Entre medio tenemos los pequeños capítulos de la ardilla anfetamínica y neurórica que persigue una bellota que nunca alcanza, que actúan a modo de alivio cómico y, como una cita no demasiado encubierta al coyote del Correcaminos, entregan algunos de los mejores momentos de la cinta. ¿Qué más se puede decir de una fórmula que ya está probada y aceitada? La cinta es corta como toda infantil, tiene chistes pensados para satisfacer con ecuanimidad a chicos y grandes y combina con justa medida la velocidad, el dilema emotivo no demasiado intenso y la resolución. Sería injusto decir que llevar adelante la fórmula no significa buenas dosis de creatividad. Por ejemplo, Manny es acosado por el fantasma de ser el último mamut de la Tierra y cuando finalmente se topa con la mamut Ellie, ella se cree zarigüeya, lo que ya no sorprende demasiado (desde Buscando a Nemo es relativamente común ver a dibujos animados con problemas de identidad), pero sí resulta cómico. Infinidad de pequeños chistes también demuestran que detrás de "La era del hielo 2", dirigida por el brasileño Carlos Saldhana, codirector de la primera parte y de "Robots", hay trabajo y transpiración. Lo que se echa de menos, en cambio, es la falta de una propuesta, de un verdadero deseo de hacer algo más que un producto funcional, un pequeño ánimo de distinción.


Las aventuras de Lucas

Lucas, la víctima permanente del grandulón del barrio, le gusta tomar revancha inundando la colonia de hormigas del jardín. Las hormigas deciden defenderse, y con una poción mágica, reducen a Lucas al tamaño de una de ellas. Pese a que la animación deja bastante que desear en términos estéticos - no porque los monos no se muevan plásticamente, sino porque la dirección de arte es torpe, resulta imposible no reparar en la ambición moral del relato. Se trata de una lección sobre el trabajo en comunidad, sobre la ventaja de privilegiar el esfuerzo social al deseo personal. La colonia de hormigas, con sus jerarquías, es generosa y pacífica; la vida de los suburbios que rodea a Lucas es caótica y ociosaa. Hace treinta años ésta hubiera sido considerada una película comunista. Hoy es un signo de que el individualismo produce resquemores en la misma sociedad estadounidense. La cinta comete la simpleza, sí, de ignorar que la colonia de hormigas es una monarquía y algunos son mucho más privilegiados que otros; mientras el hechicero hace sus experimentos, las obreras se parten la espalda trabajando. Una sociedad así está lejos de ser un mundo ideal.

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