Última llamada a las pasajeras del tren

Si biológicamente el cuerpo de la mujer tiene fecha de caducidad en lo que se refiere a su edad fértil, psicológicamente sigue estando preparada para ser mamá y más aún para comenzar una vida de pareja, en una época donde la solterona, poco a poco, deja de ser un estereotipo en la sociedad.

24 de Marzo de 2008 | 12:00 |
Es inevitable, el reloj biológico avanza. Los cambios externos que van delatando cuánto sol se ha tomado en cada verano y las bolsitas bajo los ojos que se han ido llenando con las noches de fiesta e insomnio pueden ser minimizados con un bisturí. Pero hay un proceso que no tiene retorno, que ocurre en el interior del organismo y que definirá hasta qué momento se podrá ser madre, conocido como la menopausia.

Biológicamente hablando, podría decirse que “el tren” ha hecho su última llamada para abordarlo, a partir de los 30 años. Es ahí cuando “la fertilidad de una mujer empieza a disminuir, porque hay más posibilidades de sufrir un aborto”, según explica el ex presidente de la Sociedad Chilena de Fertilidad, el doctor Simón Dujovne.

Una curva en picada sirve para graficar el nivel de fertilidad de las que han ingresado a la treintena. Si antes, a los 20 años se tiene un 25% de probabilidades de quedar embarazada, a los 30 esta cifra se reduce a un 15%, para descender a un 10%, cuando se tienen 35 años. “El corte definitivo es cerca de los 40, cuando las posibilidades disminuyen al 5%”, sentencia Dujovne.

Para entenderlo mejor, basta saber que los atesorados óvulos comienzan a formarse en la etapa de gestación de un ser humano, por lo que los de una mujer de 40 años técnicamente tendrían la misma edad, disminuyendo drásticamente su cantidad, siendo difíciles de fertilizar y dando lugar a la producción de embriones anormales, como explica un artículo de la Sociedad Española de Fertilidad.

A los 50 años, el 75% de las mujeres es infértil. Sin embargo, la donación de óvulos, que suele tener entre un 40 y 50% de éxito, como explica el doctor, es una respuesta para las que no han podido disfrutar de la hermosa experiencia que otorga la maternidad. Así que aún quedan esperanzas.

El fantasma de la Bruja del 71

Gloria (53) sabe que ya no fue mamá. Después de visitar a sus amigas, regresa a su departamento; un hogar que muere en el silencio cuando ella no está. No pololea y pese a su soledad, se ve feliz, aunque las que la conocen no pueden evitar poner cierta cara de lástima cuando hablan de “la amiga que no se casó”.

Tal vez sea una novedad para las generaciones más antiguas, pero hoy en día “pensar que una mujer madura se quedó solterona está obsoleto”, dice la psicóloga de la Universidad Andrés Bello, Tatiana Gillón, quien explica que “ya no existe el estigma de la Bruja del 71, de una mujer sin esposo ni hijos que se transforma en un ser oscuro… Hoy es una opción válida no casarse según la regla antigua, que obligaba a hacerlo en la veintena, porque se da prioridad al proyecto laboral o a cualquier otro plan que se pueda tener en la vida”.

“A tu edad yo ya estaba casada y con dos hijos”, suele ser una de las frases típicas que las madres les dicen a sus hijas veinteañeras, traspasando la arraigada creencia de que las mujeres viven en una especie de cuenta regresiva, “una lucha contra el tiempo”, como dice Guillón, hasta el momento en que deben declararse fuera del mercado amoroso.

Por eso Teresa no está tranquila. Tiene apenas 26 años, pero se ve preocupada cuando saca la cuenta de lo que le falta para llegar a los 30. Está soltera al igual que varias de sus amigas, las que, según cuenta, mientras imita a un gato sacando las garras, “se han puesto más atrevidas a la hora de conocer un hombre”. “No queremos que se nos pase el tren”, confiesa.

En el caso de que el temor sea quedarse sola, cual Penélope en la estación ferroviaria, la psicóloga asegura que es importante replantearse lo que se busca en la vida y entender que “desde el temor nada bueno se puede encontrar, nada que haga feliz”.

Ser madre o encontrar al hombre que estará ahí en las buenas y en las malas son dos sueños que, juntos o no, cualquier mujer quisiera ver convertidos en realidad, aunque entre medio tenga un sinfín de otras prioridades, en estos tiempos en los que ellas tienen más espacios para desenvolverse.

Mejor hacerle caso a la psicóloga: no desesperar en la búsqueda del amor, y aprovechar los avances de la ciencia si se ve que el tiempo ha pasado y nos encontramos con que al llegar a la casa no hay ningún hombre que nos dé la bienvenida con un beso, ni alguien que nos diga “hola mamá”.

“La vida funciona de sueños”, dice Guillón, “y la edad nunca ha sido un impedimento para soñar”.
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