Diferentes fórmulas para fomentar empleo femenino

Como parte del plan pro empleo, la Presidenta Bachelet entregó un subsidio de $5 mil millones para capacitar y entregar herramientas a mujeres de escasos recursos. En el sector privado, la fórmula más usada se basa en entregar microcréditos, capacitar y hacer un seguimiento, incluso semanal, a los negocios de las emprendedoras.

10 de Julio de 2009 | 09:51 |
Las altas cifras de desempleo del primer trimestre de este año tuvieron consecuencias. No alcanzaron a pasar ni cinco días desde que se dieron a conocer las cifras cuando la Presidenta Michelle Bachelet ya anunciaba un paquete de medidas pro empleo.

Una de esas medidas está dirigida específicamente a las mujeres que estén trabajando en pequeñas empresas o que hayan quedado sin trabajo. La idea es mejorar su productividad o lograr que inicien su propio emprendimiento.

Aunque se trata de un programa que ya existía (becas Mype), en el Gobierno decidieron ampliarlo y focalizarlo específicamente en las mujeres. Se entregó un presupuesto especial de $5 mil millones para capacitación y entrega de nuevas herramientas para que 20 mil mujeres durante los próximos 12 meses sean más productivas o emprendan.

"Les vamos a hacer un plan de negocio y en base a ello vamos a definir las capacitaciones. Va a ser un programa focalizado, pero la idea no es que sea un programa individual", cuenta Carola Campero, coordinadora general de las medidas presidenciales del Ministerio del Trabajo.

La fórmula privada

Más allá de los resultados que pueda tener este plan u otros de su tipo, lo cierto es que en el sector privado la fórmula usada por varias fundaciones, entre ellas Fondo Esperanza y Banigualdad, se sustentan en préstamos, capacitaciones y seguimiento durante años para asegurarse de que el emprendimiento sea efectivo, y no en subsidios específicos como el que planteó hace pocas semanas el Gobierno. Lo que se busca con la entrega de microcréditos es involucrar a las beneficiarias.

En Banigualdad detectan en las poblaciones a aquellas personas que tienen negocios pero que no tienen capital para hacerlos crecer o a aquellos que tienen vocación de emprendedores y no tienen el dinero para ejecutar sus ideas.

"Detectamos a las personas que tienen vocación, les prestamos microcréditos y les damos capacitación. Queremos que esas personas sostengan el negocio en el tiempo para que puedan salir de la pobreza y vivir de su negocio", cuenta Patricio Cordero, director ejecutivo de la entidad, que ha entregado ocho mil microcréditos en dos años y medio y que tiene una tasa del 100% de devolución.

En el caso de Fondo Esperanza, hoy cuentan con 30 mil socias y la constatación absoluta de la efectividad de sus planes, para lo cual hacen un detallado seguimiento. "Al menos en los programas (gubernamentales) que yo tengo conocimiento ha habido una consistente mejora en cuanto a este elemento (seguimiento), hay mucho por hacer. El Fosis ha incorporado un programa en este sentido. Pero hay que reconocer que es difícil hacerlo", cuenta Juan Cristóbal Romero, gerente general de fondo, que tiene como meta llegar a 50 mil emprendedoras para el bicentenario.

"El Gobierno todavía puede ocupar mucho más la capacidad instalada que tienen estas instituciones por la experiencia que ya tienen. Sabemos cómo se hace en las poblaciones para colocar efectivamente un microcrédito. Eso hay que aprovecharlo. Debiera haber más colaboración", asegura Patricio Cordero.

Es que pese a que hasta ahora la colaboración público-privada ha estado enfocada al fomento del crédito -algo que las entidades privadas agradecen-, para muchos ésta debiera ampliarse a la forma de capacitar.

¿Efectividad probada?

Para explicar los alcances de las medidas, en el Gobierno se basan en cifras históricas para asegurar que los emprendimientos de este tipo tienen dos años de duración y que después de eso se reconvierten, reformulan o mueren. Eso sí, Carola Campero asegura que el 100% de lo que se invirtió el año pasado en Becas Mype aún está en pie.

Pero no hay indicios de que sean realmente efectivos en el largo plazo. Ni siquiera se sabe cuál es el retorno financiero de hacer este tipo de capacitaciones e inversiones, pero eso es algo que debiera cambiar en el mediano plazo.

Rossana Costa, investigadora de LyD, ha pedido la evaluación del programa al Gobierno, pero no ha logrado obtener la información. "Me parece pertinente pedir la evaluación concreta que los lleve a pensar que el programa es bueno y que las dueñas de casa iban a generar un salto", asegura. Auque considera que las capacitaciones son buenas, insiste en que hay que ser "cuidadoso y eficiente" con usar los recursos en las fórmulas que aporten más. "Dado el segmento, debiera haber un componente de apoyo y no solamente un curso lectivo. Requieren apoyo que no es sólo instalarle una máquina de coser en el living", asegura Costa.

Vende empanadas y pan casero

Hace siete años Eugenia Barrera decidió hacer pan amasado para venderles a sus vecinos amigos. Al poco tiempo sumó las empanadas a la oferta.

El horno de la casa ya no le servía y debió comprarse uno industrial. Con la ayuda de su marido, su mamá y sus hijos, Eugenia montó en su casa una amasandería que el pasado 18 de septiembre vendió 1.500 empanadas.

Hace tres años se unió a Fondo Esperanza. "El fondo me ha ayudado a tener platita para comprarme instrumentos, utensilios. Con esto ha mejorado mi negocio. Tengo mi capital", cuenta Eugenia.

Cada cierto tiempo tiene reuniones de capacitación y orientación para manejar mejor su negocio. Es más, hoy se está haciendo una cocina nueva para trabajar más cómoda gracias al apoyo.

Montó un taller de costura

Marcela Higueras tiene apenas 26 años y un taller de costura que da trabajo a otras cuatro mujeres.

Siempre trabajó en costura, pero solamente hacia trabajos para los vecinos que le pedían arreglos. Hace un año conoció a través de su junta de vecinos el trabajo de Banigualdad y no dudó en pedirles ayuda para montar su negocio.

Todos los miércoles tiene reuniones de capacitación para sacar provecho a su negocio y organizar sus platas.

Hoy está confeccionando fundas para coches y sábanas para diferentes empresas. Ha hecho trabajos para Telefónica y el año pasado hasta confeccionó los trajes para la obra Don Quijote de la Mancha que montó el Teatro Municipal.

Ahora está trabajando para desarrollar su propia marca de ropa deportiva.
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