Tratando de dar vuelta la hoja

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Quien estuviera secuestrada por las FARC durante 6 años asegura que tras esa experiencia creció. Hoy sus prioridades son cuidar a su hijo, trabajar por la liberación de los que están en la selva y promocionar el libro. Y no cierra las puertas a la posibilidad de encontrar pareja.

13 de Agosto de 2009 | 08:39 |
Sorprende verla reír con tanta facilidad. Asegura que recuperó la risa porque su formación de pequeña le ayudó en ese camino, aunque confiesa que estando en cautiverio no se le dio mucho, aunque habían “destellos de humor”.

También sorprende lo menuda que es, aunque aclara que ésa siempre ha sido su contextura, pero que secuestrada bajó algunas tallas que ya recuperó.

Sin ni una gota de pintura, se muestra afable y abierta y, si bien en ciertos espacios se emociona, logra controlar sus sentimientos, al igual como lo hizo en el relato de lo vivido tras su captura.

Clara Rojas, ex candidata a la vicepresidencia de Colombia y rehén de las FARC por 6 años, visita -por tercera vez- Chile para presentar su autobiografía “Cautiva” en la cual narra los duros momentos vividos en la selva en manos de los guerrilleros.

En esta oportunidad ha viajado sin su hijo Emmanuel –nacido en cautiverio de una relación con un guerrillero que ella no ha identificado-, porque el viaje es corto y ya se encuentra en el colegio, por lo que intenta mantenerle la rutina de una vida normal.

-¿Escribir el libro fue una forma de exorcizar tu cautiverio?
“Sin duda, lo más importante es que me ha permitido cerrar el capítulo del secuestro, dejarlo atrás y tomar distancia. Ha sido también terapéutico, justamente por eso, porque he podido como cerrar ese capítulo y también me ha permitido entender, sobre todo, qué sentimientos, qué emociones fueron los que más me afectaron y cómo los pude afrontar”.

-Algunos creen que en el libro fuiste políticamente correcta, que no expresaste todos los sentimientos que surgen estando secuestrada con los guerrilleros y los otros rehenes. ¿Guardaste muchas cosas?
“Básicamente, lo que estoy haciendo es contar una historia desde el punto de vista humano, no es un relato político y desde ese punto de vista, lo único que quiero es contar mi experiencia, mis sentimientos frente a lo que yo viví.
“No las guardé, siento que hay algunas que se me quedaron en el tintero y otras que simplemente se me olvidaron (se ríe). Es simplemente tratar de señalar los hechos que van impactando en su momento, que marcaron etapas dentro del cautiverio”.

-¿Se pueden olvidar los hechos, de verdad?
“Digamos que no; hay muchos hechos que siempre van a estar ahí. Pero lo importante son los sentimientos y los recuerdos que uno tenga de esos hechos. Digamos que en algún momento, y con el paso del tiempo, lo importante es ir superándolos, por eso hablo del perdón. Creo que lo más importante, para la persona que ha vivido estos hechos, es el perdón, es un regalo que se hace uno mismo para poder seguir adelante”.

-¿Crees que te hace bien, a más de un año de liberada, seguir hablando de este tema?
“Lo que me hace bien es entender que fue una historia que ya pasó en mi vida, que puedo tomar distancia de ese capítulo que fue doloroso y que en algunas cosas puedo hablar de ello, pero entender que hoy, éste es el momento presente y que lo puedo disfrutar de manera que pueda seguir adelante. En el futuro, claro, esperaría hablar de otros temas y dedicarme a otras cosas, pero me parece que era importante entender qué me había pasado y cerrar este capítulo, porque hay que hacer un esfuerzo para que no se me vuelva parte de la vida. Por eso es tan importante manejar el resentimiento y los sentimientos que uno pueda tener respecto del secuestro”.

-¿Para manejar los sentimientos, has recurrido a ayuda profesional, has estado en terapia?
“No, creo que lo mejor terapia ha sido el reencuentro con la familia, en general, y no sólo la familia, sino que los amigos y la gente que ha sido súper linda y me ha acogido con mucho calor humano. Eso es lo que realmente me hizo salir adelante, volver prontamente a la vida normal.
“Adicionalmente, porque estoy consciente de que es Dios quien está ahí presente, entonces es una gratitud enorme porque siento que el verdadero milagro es la posibilidad de encontrar a mi hijo, reencontrar a mi madre después de muchos años”.

-¿Has percibido que esta historia se ha observado con mucho morbo? ¿Cómo lo enfrentas?
“Digamos que ha habido interés. En la medida que la gente me ha ido preguntando y yo he podido también, ir señalando límites, la gente me ha respetado. Digamos que hemos logrado como un entendimiento”.

-El secuestro cambió tu vida radicalmente...
“Venía pensando esta mañana, cuando me levanté, que han habido como tres etapas en mi vida: antes del secuestro, el secuestro y lo que es ahora. Digamos que sigo siendo la misma Clara, pero sin duda esta experiencia dramática me ha permitido adquirir una experiencia de vida y eso, sin duda, me ha permitido como lograr una mayor madurez y un crecimiento personal y eso es lo que hoy rescato de toda la situación. En ese sentido, creo que he crecido como persona”.

-De tus palabras se percibe una pérdida. ¿Tienes claras cuáles fueron y las contabilizas como pérdidas porque no las vas a recuperar?
“El tiempo perdido y sobre todo el tiempo al lado de mi hijo. Son tres años de su vida que quién me los va a devolver. Eso es un daño irreparable, no lo vi crecer. Pero más allá de eso, estoy consciente que la resultante es que estoy viva (se ríe) y estoy con mis seres queridos, que es lo que más valoro. De manera que a partir de ello trato de reconstruir mi vida y aprovechar eso que tengo para seguir adelante”.

-¿No hay una añoranza por la Clara Rojas de antes?
“Lo pasado ya se sale de mi control, que ya pasó; estuve secuestrada y pasaron 6 años de mi vida, sobre eso ya no tengo ninguna manera de cambiar eso. Más allá de eso, de nuevo rescato el hecho de estar viva y trato de aferrarme a la vida con todo mi mayor ímpetu, sobre todo con el mayor entusiasmo y mirar el futuro con esperanza”.

-En el libro reflejas que la fe te sostuvo. ¿Fue una de tus ganancias?
“Pues claro. Yo era una persona católica como cualquier persona, participaba normalmente, sin mayores protagonismos, ni radicalismos, ni fundamentalismos, pero después de mi cautiverio encontré el sentir de estar más cercana a Dios y le doy gracias a Dios por haber tenido esa oportunidad, en el sentido de haber entendido lo importante de su presencia y la capacidad que le da a uno para salir de los momentos difíciles”.


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