Un asunto de orgasmo

El sexólogo Rodrigo Jarpa lanzó su primer libro para aclarar algunos temas de la intimidad humana, entregando incluso las pistas para darse cuenta cuándo las mujeres fingen el clímax.
Da las claves para descubrir si el orgasmo es verdadero.

01 de Octubre de 2009 | 13:08 |
“Mientras el orgasmo de tu mujer sea más parecido al de las películas, menos probabilidad existe de que sea genuino”, asegura Rodrigo Jarpa.

El psicólogo, especializado en sexología, acaba de lanzar su primer libro “Habla de sexo” (Editorial Planeta), con la intención de poner sobre la mesa algunos temas de los que no se suele hablar sueltamente en Chile -como “¿son normales mis genitales?”- y luchar contra una de las bases de las disfunciones sexuales: la falta de información, que inevitablemente arrastra una serie de mitos.

“Cuando dejemos de creer que existe una forma única y mejor de tener sexo, de ser y de relacionarnos, los orgasmos y el placer van a multiplicarse por el mundo”, asegura el sexólogo, quien no deja de mencionar cómo la avalancha de datos e imágenes de ficción parecen haber resumido el acto sexual a un “guión simplón”, en el que coito que finaliza en orgasmo, parece suficiente.

Y claro que no lo es, si se toma en cuenta que el 70% de las mujeres necesitan ser estimuladas para alcanzar el orgasmo, “y no por esto son anormales o presentan patología”, aclara Jarpa.

“(Los hombres) somos sustantivamente más básicos, simples, rápidos y genitales que las mujeres”, explica el sexólogo, antes de lanzar las cifras de la realidad: entre dos a tres minutos necesitan ellos de estimulación para llegar al clímax, versus los veinte a treinta minutos de ellas, aunque algunos estudios dicen que mediante la masturbación lo lograrían en unos 2,8 minutos.

Un poquito de autosugestión

El orgasmo se ha transformado en una obligación más para la mujer, dice Jarpa, refriéndose a “la forma en que concretamente (ella) le demuestra a su hombre que ha disfrutado el coito y que él es un maestro”.

Ya sea para no decepcionarlo o porque, simplemente, ella no sabe qué es lo que le gusta y necesita para ser estimulada, la solución que encontró la mujer para sobrellevar la situación es el orgasmo fingido.

El sexólogo no duda en describir las pruebas físicas de un clímax femenino, no para que los hombres se enojen o se decepcionen, -porque hay motivos nobles de ella para hacerlo, dice- sino para que tanto ellas como ellos “se pongan las pilas”.

“Una señal clara es que después de tener un orgasmo se pueden notar algunas manchas rojas en el pecho de la mujer, que forman algo parecido a grupos de archipiélagos. También es frecuente que aparezcan (...) en la parte alta de la espalda, cuello o nuca”, mientras que al ser estimulado el clítoris, aumenta la sensación de irritabilidad y sensibilidad.

Sin embargo, aclara que “muchas mujeres que están en un grado alto de excitación, con el solo hecho de realizar la manifestación conductual que acompaña el orgasmo, aumentando la frecuencia respiratoria, tensando el cuerpo, gimiendo, etcétera, logran desencadenar la respuesta orgásmica incluso con orgasmos más intensos que el común de las veces”.
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