“Un mayor equilibro laboral se alcanza con una mayor democratización al interior del hogar”

La economista del BID insiste que sin una flexibilización en los roles, la mujer seguirá pagando costos en el mundo del trabajo. También afirma que es difícil manejar la ecuación entre recibir subsidios estatales y salir a trabajar, si la primera situación es más rentable que la segunda.

17 de Diciembre de 2009 | 11:05 |
Esta economista venezolana se ha hecho experta en seguirle la huella a la mujer latinoamericana. Desde una tribuna privilegiada como es ese organismo internacional, Claudia Piras, ha podido develar cómo los temas de género cruzan al mercado del trabajo, al mundo de los negocios y a los sectores sociales.

Investigadora intensa de temas como segregación ocupacional y barreras de emprendimiento, al término de esta conversación ya tiene en la mente una nueva idea para escudriñar: qué diferencias hay y qué resultados están obteniendo las recién promulgadas leyes de no discriminación salarial dictadas en 2009 tanto por Estados Unidos como Chile. Entusiasmada, comienza a trazar líneas sobre estas normas visionarias y únicas en la región.

De paso por Chile para sostener una serie de encuentros con personeros gubernamentales y de las ONG, además de presentar su última investigación sobre el tema, Claudia Piras se explaya en las razones por las cuales es fundamental que las mujeres ingresen al mercado laboral.

Afirma que la participación de las mujeres en el mundo laboral tiene un efecto directo en el crecimiento económico de los países al tenerse en cuenta que no se puede desaprovechar el 50% de su talento, es decir, no se puede dejar de utilizar recursos valiosos para su crecimiento. “Si un país quiere impulsar inversiones innovadoras, necesita hacer el mejor uso de su talento humano y en ese sentido dejar una parte de sus recursos fuera de la economía tiene un impacto en su crecimiento”, explica.

-Esto sin considerar que un segundo ingreso apura la salida de la pobreza de las familias.
“Efectivamente. Hay estudios que han demostrado que sin el segundo ingreso, hay países en donde los índices de pobreza habrían aumentado en un 12%.
“Pero retomando lo anterior, además del tema de la eficiencia en el uso de los recursos humanos, se ha demostrado que la participación de la mujer tiene un impacto del desarrollo. Están los factores que dicen relación con la forma en que las mujeres utilizan el ingreso familiar; sus preferencias y decisiones que toman sobre los ingresos que controlan. En la medida en que la mujer trabaja tiene mayor poder de decisión sobre el ingreso familiar y eso se revierte en inversión en el capital humano que son sus hijos. Está demostrado que esa segunda generación es más privilegiada que cuando las decisiones las toman los hombres”.

Agrega que cuando las mujeres se incorporan al trabajo se produce un mayor ingreso fiscal que también contribuye al crecimiento del país y desde una perspectiva sociológica esto es muy importante en la construcción de roles.

-¿Cómo así?
“La mujer, en la medida que tiene una mayor autonomía económica, tiene la posibilidad de pararse en su rol de mujer y ciudadana de otra manera frente a su pareja y la sociedad. Le permite negociar los términos de su personalidad desde otra perspectiva, más sólida y puede enfrentar situaciones que, a veces, son bastantes complejas como son las referidas a la vida sexual y reproductiva, la negociación con la formación de la familia o las situaciones de violencia. Se trata de cosas que van a cambiar mucho en la medida que la mujer se empodera económicamente”.

-En Chile, algunos plantean que el aparato de seguridad social ha atentado contra el ingreso de la mujer en el mundo laboral, por cuanto los subsidios que reciben no hace urgente que tenga que salir a trabajar. ¿Es así, le juega en contra?
“Esa es una buena pregunta, creo que en bajos niveles de ingresos eso es un factor que está en la ecuación. Si bien es muy importante ofrecer esa protección social para que ningún ciudadano quede al margen del desarrollo, ese es el problema, es decir, si esas políticas no están muy bien calibradas, pueden crear desincentivos a la participación laboral.
“Es notable que en Chile, en el primer quintil de ingresos, tenemos tasas de participación laboral femenina y masculina bastante bajas. O sea, la cuenta que saca una persona sobre cuánto le cuesta ir a trabajar (tiempo, vestimenta, alimentación) versus cuánto va a ganar dado su nivel de educación, frente a los apoyos estatales, determinan todo”.

-¿Cómo se aborda esto? Porque tampoco se puede comenzar a debilitar el aparato de protección social.
“Una de las cosas en las que hay que seguir trabajando es cómo dentro de ese sistema de protección social incorporas un desarrollo de capacidades en los beneficiarios de manera que mejoren sus oportunidades en el campo laboral y les sea más interesante salir a trabajar, porque el mercado le ofrece más ventajas, le es más rentable.
“Esta es una tensión que está presente y....”

Viendo las dificultades que tienen las mujeres por ingresar al mundo laboral aún cuando tengan niveles de educación mayores que la de los hombres, Claudia Piras recuerda que las mujeres, por su función reproductiva, tiene más dificultades de capacitarse, para acumular experiencia y esto genera un ciclo en que sus oportunidades de inserción laboral son más complejas. Es decir, sus entradas y salidas, hacen que tenga un costo salarial. “No lo quisiera catalogar como una discriminación, pero es una realidad que pasa por el tema de los roles y en la medida que estos se flexibilicen, las cosas van a ser mejores”, dice.

“Eso podría generar un mayor equilibrio en el mercado laboral, eso no se va a lograr si no se alcanza una mayor democratización al interior del hogar”, sentencia.

-¿Avanzar muy rápido en este camino puede terminar con problemas de segregación laboral, que implique destinar a las mujeres a trabajos de menor ingresos?
“¡No! Esperamos todo lo contrario. Si uno analiza los datos de segregación ocupacional, la incorporación de la mujer se ha dado en todos los ámbitos y no sólo en los sectores considerados habitualmente femeninos.
“La mayor incorporación de la mujer no se puede explicar por un crecimiento de esos sectores y por eso, aunque el proceso es lento, no es de un día para otro, claramente la tendencia es positiva. Ahora, igual, estamos en un mercado del trabajo bastante segmentado”.

-¿No tienes temor de que las mujeres queden en trabajos del mundo informal o de bajos ingresos?
“Bueno, uno desde la política pública tiene que prestar mucho más cuidado al hecho de tomar medidas que minimicen esa situación como sería capacitarlas en sectores u ocupaciones que se saben muy poco valoradas o de niveles de ingreso bajos. Eso hay que evitarlo, pero si se mira lo que ha pasado, no es claro que esa sea la tendencia, aunque en algunas áreas hay que prestar atención y poner cuidado”.

-En Chile entró en vigencia en junio una ley de no discriminación salarial, pero algunos afirman que no será efectiva. ¿Qué opinión tienes de ella?
“Creo que es una medida, que desde el punto de vista de los principios, es sumamente importante porque da una señal muy clara a la sociedad, no sólo al sector privado, sobre la valoración que, como país, se hace de la mujer.
“Ahora, en qué medida una ley de esta naturaleza puede generar cambios inmediatos en las brechas salariales, va a depender de varias cosas, entre ellas las capacidades del Estado de poder fiscalizar su cumplimiento y de la información y capacidad que tengan las mismas trabajadoras de hacer denuncias, de su fuerza de negociación sindical. Aún así, es un paso importante, probablemente sea mejor tenerla y luchar por su cumplimiento, que no tenerla”.

-¿Qué te explica que Chile, un país tan globalizado, tenga baja participación femenina (40%) cuando las razones dadas (machismo, cuidado de los hijos) son las mismas que están en otros países igual de desarrollados como Argentina?
“Es una pregunta que en Venezuela dicen de las 2 mil noches. Creo que un indicio de ello puede ser que los factores culturales son muy propios y en este caso, son tan importantes como los niveles de educación. Hay estudios que demuestran que la sociedad chilena considera que la participación de la mujer en el mercado laboral tiene un costo en relación a la crianza de los hijos, un costo para la vida familiar que pareciera ser elevado y esa creencia es mucho más fuerte en Chile que en otros países. Lo hemos verificado con encuestas sobre valores y Chile está absolutamente fuera de rango”.

-Qué contradictorios, liberales y conservadores.
“Sí, y el otro tema –que yo he me cuestionado- es el de las políticas de protección social.
“No nos podemos conformar con que la inercia mueva al país y hay que tratar de acelerar el proceso (de ingreso de la mujer al mundo laboral) en todos los ámbitos, de políticas públicas y dentro de la familia”.

-Bueno, en Chile, las mujeres ya se plantean ser Presidentas.
(Se ríe) “Ahí hubo un cambio dramático, muy poderoso. El tema de las ambiciones, proyección y expectativas de vida que hace una niña chilena son probablemente de otro orden. Hoy todo es posible”.




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